Las últimas horas de una feria del libro en el epicentro de la pandemia

La feria del libro de Vallecas.

Con la programación cultural de Madrid bajo mínimos por la amenaza del coronavirus, sorprende la resistencia de la Feria del Libro de Vallecas, que celebra estos días su IV edición en uno de los barrios que más contagios suma. Con espacios acotados por vallas, dispensadores de gel hidroalcohólico en las entradas y mamparas en las mesas de los escritores que van a firmar, este modesto foro, que responde a una iniciativa para revitalizar el bulevar de Peña Gorbea, ha aguantado a duras penas hasta los anuncios de nuevas restricciones. "Hasta que no salga en el boletín [de la Comunidad de Madrid], seguimos", aseguraba Aarón García Peña, presidente de la sección de Literatura del Ateneo y coordinador de la iniciativa. Finalmente el Gobierno regional ha impuesto un confinamiento en esa zona que obliga a cerrar la feria.

El bulevar lleva años teniendo problemas de inseguridad que se intentaron atajar, ya durante el anterior gobierno municipal, con un plan de dinamización que mantuviese ocupado el espacio. Este es uno de los motivos de que resistiese a la pandemia. "Tanto Paco Pérez (Ahora Madrid, antiguo concejal delegado de Vallecas) como Borja Fanjul (actual edil responsable, del PP) apostaron por ello porque conocían la realidad", elogia García. Las 18 casetas son gratuitas, así que las consideraciones económicas que también influyeron en la anulación de la Feria del Libro de Madrid tuvieron aquí menos peso.

La feria arrancó el día 11 y durante las primeras jornadas tuvo buena acogida. Pero a mediados de esta semana se notó un bajón notable, del 50%, coincidiendo con el anuncio del gobierno autónomo, luego desmentido y ahora confirmado, de confinamientos selectivos, que el coordinador atribuye a la "presión sobre la Comunidad de Madrid" por tomar medidas. "Nosotros hemos hecho lo que hemos podido", se resigna Aarón García, tras reflexionar sobre el miedo, "que dicen que es libre, pero es lo que te quita la libertad".

El bulevar está dividido en tres zonas: abajo, el escenario, donde se celebran encuentros y recitales, con una asistencia máxima de 90 personas; en el medio, la primera hilera de quioscos, con el aforo limitado a 60 aficionados y, en la parte de arriba, otra área para 60 visitantes. La cifra es la mitad del aforo normal. Hay seis personas controlando la seguridad y otras dos de apoyo y eso se nota incluso a primera hora, cuando un paseante despistado entra en la plaza por donde está marcada la salida y un vigilante le pide, con éxito, que dé la vuelta y entre por el otro lado.

En cuanto hay más de 20 personas en el bulevar, la orden es que los visitantes discurran en sentido único, respetando la distancia de seguridad que indican las marcas amarillas pegadas en el suelo. Las sillas del escenario se limpian tras cada uso. "Estamos superpendientes", recalca el coordinador.

Temprano llega a su puesto José María Kimbo, actor, humorista y autor de un reciente libro autobiográfico. Sentado en una mesa en frente de la caseta, con una mampara transparente a la mitad para evitar efluvios traicioneros, razona: "Ya vine otros años y había más gente y una orquesta, ahora hay menos. Pero lo importante es participar, y si cae algún libro, pues mejor".

"Diría que esta es la zona más segura de Vallecas y quizás de Madrid", presume Aarón García, que indica que hasta los vecinos se acercan a la entrada para hacer uso del gel limpiador. "Nos hemos convertido en suministradores", bromea, antes de insistir, buscando el doble sentido, en que las actividades en el bulevar "sanean el barrio".

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18 de septiembre de 2020 - 22:45 h

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