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¿Por qué logra Vox tantos votos en la Región de Murcia?

El eje sobre el que gira la indudable derechización de buena parte del electorado de la Región de Murcia asienta sus bases en el creciente peso que el sector agroindustrial posee en el tejido productivo murciano desde la década de los 90

Resulta evidente la existencia de otros elementos, como la propia experiencia de 24 años de gobiernos populares en los que han mimando a sectores empresariales sin escrúpulos, a la educación privada o a tinglados ultracatólicos

Pintada a la entrada de Torre Pacheco por el Jimenado

Pintada a la entrada de Torre Pacheco por el Jimenado Torre Pacheco

Tras las elecciones del pasado 28 de abril, cierta prensa progresista madrileña se ha preguntado el porqué de los buenos resultados del partido ultraderechista Vox en la Región de Murcia –donde alcanzó el 18% de los votos-, sin embargo, las respuestas de algunos de los "expertos" consultados no pudieron ser más peregrinas, desde la supuesta "pervivencia del franquismo" –aunque hasta 1995 la izquierda fuera ampliamente mayoritaria- al peso del "catolicismo", como si antes de 1995 el número de católicos hubiera sido diferente.

Resultaba curioso comprobar cómo nadie se acercaba ni de lejos a los motivos que explican verdaderamente esta preocupante tendencia, muestra de esa falta de respuestas que en demasiadas ocasiones ha tenido el progresismo –foráneo o local- para explicar la realidad murciana. Y ya se sabe que, sin un buen diagnóstico del problema, poco se puede esperar de la posible "solución" (y así llevamos 24 años).

Aunque en Madrid y en algunos foros locales todavía no se hayan enterado, el eje sobre el que gira la indudable derechización de buena parte del electorado de la Región de Murcia asienta sus bases en el creciente peso que el sector agroindustrial posee en el tejido productivo murciano desde la década de los 90. Momento en el que la crisis de la conserva –donde la mano de obra era preferentemente local, favoreciendo una mayor conciencia de clase- dio paso a una predominio de las empresas agrícolas de exportación, sustentadas en dos pilares: una base laboral muy precaria (y en consecuencia inmigrante) y un alto consumo de recursos naturales (agua y suelo). Que la economía de comarcas enteras se sostenga en este esquema ha garantizado la penetración de los valores más conservadores en amplias capas de la sociedad, donde hablar de principios progresistas como los derechos laborales o la defensa del medio ambiente pone en cuestión la clave misma de un modelo explotador.

Este y no otro motivo es lo que explica el auge murciano de Vox que, no por casualidad, ha contado con los mayores porcentajes de apoyo en las zonas más eminentemente agroindustriales, con un auténtico "cinturón verde" dispuesto entre San Javier y Lorca. Esquema que se repite en provincias con modelos económicos similares como Almería, donde incluso el porcentaje de apoyo a la organización de Abascal rozó el 20%.

Siendo ésta la principal explicación al fenómeno, resulta evidente la existencia de otros elementos propiciatorios, como la propia experiencia de 24 años de gobiernos populares. Y es que si por algo se ha caracterizado el PP 'valcarceliano' en estas décadas, más allá de unos inicios donde hizo gala de una superficial "moderación" necesaria en una tierra que venía de mayorías socialistas, ha sido su carácter más próximo a la FAES de Aznar que a una derecha "civilizada" europea. A los pocos años ya se produjo su "desmelene", mimando bajo su ala a sectores empresariales sin escrúpulos (como los culpables del desastre del Mar Menor), a la educación privada o a diversos tinglados ultracatólicos que han hecho "de su capa un sayo" y, que ahora, abandonan la mano que les da de comer para arrimarse a esa "derecha sin complejos" que les promete aún más barra libre de la que ya disfrutaban.

Sin olvidarnos de la nula articulación autonomista por parte de la CARM, fruto de que el partido que la ha dirigido durante dos décadas y media tenga una indisimulada alergia a cualquier hecho regional –a diferencia del PP gallego-, por lo que ahora, el discurso antiautonómico de Vox campa a sus anchas sin posibilidad del poderoso contrapeso que podría suponer la defensa social de nuestro derecho constitucional a la autonomía, algo que sí ha ocurrido en otras comunidades el pasado 28-A.  

El Partido Popular de la Región de Murcia ha sido pues quien se ha encargado de alimentar un monstruo que ahora amenaza con devorarles cual Frankenstein y del que, por desgracia, la sociedad murciana acabará siendo la principal perjudicada.   

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