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PP y Vox desalojan en Lorca a personas sin hogar en plena ola de frío: “La pobreza severa pasa a ser un problema estético”

Imagen de una de las intervenciones de la Policía Local de Lorca en un edificio que lleva años en construcción y había sido habitado por personas en situación de exclusión social. AYUNTAMIENTO DE LORCA

Gloria Piñero

20 de enero de 2026 22:58 h

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En el último mes, en plena ola de frío, la Unidad del Padrón del Ayuntamiento de Lorca, en colaboración con la Policía Local de este municipio murciano, ha llevado a cabo dos desalojos en sendos céntricos edificios, a medio construir desde hace años, que servían de refugio a personas sin hogar. En el anuncio, realizado en tono triunfal por la concejala del Padrón, Belén Pérez (PP), llama la atención la aparente ausencia de interés por la situación de las personas desalojadas, a las que no se dedica ni una sola palabra en la nota de prensa institucional.

La concejala, de hecho, ha vinculado la actuación a una cuestión de “seguridad vecinal” y el consistorio tampoco ha informado sobre si el equipo de gobierno municipal —formado por PP y Vox— activó algún protocolo de atención o emergencia social para quienes pernoctaban en estas obras.

Esta redacción ha intentado, sin éxito, conocer si los desalojos se realizaron en coordinación con la Concejalía de Servicios Sociales —cuya responsable es María Castillo Castro, edil del partido de ultraderecha— y si desde el Ayuntamiento se ofreció algún recurso asistencial a las personas afectadas. “En estos momentos estamos liados y no tenemos hueco para dar respuesta a este tema”, ha sido, literalmente, la explicación ofrecida a elDiario.es Región de Murcia por parte de Vox.

La concejala del Padrón del Ayuntamiento de Lorca, Belén Pérez, junto a uno de los edificios desalojados. AYUNTAMIENTO DE LORCA

Fuentes municipales sí han confirmado a esta redacción que en Servicios Sociales “no han pedido intervención de ningún tipo ni han recibido ninguna derivación” relacionada con estos dos desalojos.

Uno de los municipios con más pobreza de España

El sinhogarismo no es un fenómeno nuevo en Lorca, un municipio que presenta una tasa de pobreza significativamente superior a la media regional y nacional, y que se sitúa entre las más elevadas del país: el 35,3% de su población se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social —un alarmante 40,6% en el caso de la población infantil—, según datos del Plan Local de Infancia y Adolescencia de Lorca y del Instituto Nacional de Estadística (INE).

En 2022, era el concejal de Izquierda Unida, Pedro Sosa, quien exigía al gobierno municipal (en aquel momento del PSOE y Ciudadanos) que “sellara” los vanos de un puente que salva el río Guadalentín, en las inmediaciones de un centro comercial, para poner fin a los asentamientos de personas migrantes que sobrevivían allí en condiciones extremadamente precarias. El Partido Popular, por su parte, también desde la oposición, calificaba entonces la situación como un problema “puramente humanitario” y reclamaba una intervención multidisciplinar inmediata.

En 2022, el Grupo Municipal Popular en el ayuntamiento de Lorca reclamaba un operativo transversal para afrontar, “por pura humanidad”, la situación de las personas que vivían bajo un puente. PARTIDO POPULAR

Dos años después, ese enfoque ha desaparecido del discurso institucional. Allí donde antes se invocaba la emergencia social, hoy se habla exclusivamente de orden, molestias o inseguridad. Ni un solo partido con representación en el Pleno municipal ha expresado públicamente su preocupación por las personas desalojadas, en unos días donde el termómetro marcó temperaturas de 5°C.

El cambio no es anecdótico ni exclusivo de Lorca, asegura María de los Ángeles Sánchez, trabajadora social: “Responde a un clima político y social cada vez más permeable a los marcos de la extrema derecha, en el que la pobreza severa deja de ser un fracaso colectivo para considerarse un problema estético”. “Las personas sin hogar pasan de ser sujetos de derechos a obstáculos incómodos que conviene retirar del espacio público cuanto antes”, añade esta profesional con más de dos décadas de experiencia.

En Lorca, uno de los municipios españoles con mayor índice de pobreza, son habituales las situaciones de sinhogarismo, como esta, documentada en 2023. PARTIDO POPULAR

Pero la realidad es tozuda, y los anuncios grandilocuentes no pueden ocultarla. Según ha confirmado Francisco Martínez, presidente de la ONG lorquina ‘El Buen Camino’, más de un centenar de personas no tienen hogar en este municipio. “Su mera expulsión de los espacios que ocupan no resuelve el problema, solo lo desplaza, lo cambia de esquina”. Para Martínez, el sinhogarismo no se resolverá en tanto siga abordándose como una cuestión de orden público y no como una emergencia humana: “Mientras se intente desalojar a las personas, no a su pobreza, los sintecho continuarán existiendo, aunque se les intente hacer desaparecer del paisaje urbano”.

Historias de vida de quienes consiguieron salir de las calles

La calle no es el final del camino para todas las personas que la habitan. En Lorca, muchas han logrado salir de ella gracias al trabajo silencioso de asociaciones locales —ahora cuestionadas por partidos como Vox, que amenazó con romper su pacto de gobierno con el PP si se seguían subvencionando— que apuestan por el acompañamiento y no por la expulsión. Sus voces, habitualmente invisibles, muestran que el sinhogarismo tiene solución cuando se aborda desde la dignidad, el tiempo y los recursos necesarios.

Los testimonios de algunas de las personas que un día durmieron a la intemperie y que hoy han recuperado un techo, estabilidad y, sobre todo, la capacidad de volver a proyectarse en el futuro, desmontan los estigmas más arraigados y recuerdan que el sinhogarismo no define a quien lo sufre, sino a la sociedad que decide —o no— ofrecer una salida.

Fulgencio Madrid, responsable de una de las casas de El Buen Camino, en un momento de la entrevista. GLORIA PIÑERO

Una de estas asociaciones es El Buen Camino, una organización cristiana sin ánimo de lucro que lleva tres décadas operando en Lorca. Presidida por el pastor evangélico Francisco Martínez, Paco, un electricista del ayuntamiento ya jubilado, cuenta con dos casas que funcionan también como centros terapéuticos con capacidad para acoger a 42 personas. Casi siempre están llenas.

Fulgencio Madrid, conocido entre los usuarios como ‘Pencho’, dirige una de ellas, a la que llegó hace 24 años tras pasar tres veces por la cárcel y enfermar gravemente como consecuencia de su adicción a la heroína. Tras superarla definitivamente, decidió quedarse para ayudar a otros. Allí, disfruta de las visitas de sus siete nietos tras haber retomado la relación con sus dos hijos. En su camino a la recuperación la religión jugó para él un papel muy importante. “Me agarré a Cristo, y eso lo cambió todo”, asegura.

Volver para arrimar el hombro es lo que también ha hecho Manolo nada más jubilarse de su oficio de albañil. Desde los 16, cuando se fumó su primer porro, hasta los 37, estuvo enganchado a las drogas, al igual que uno de sus hermanos. Había tocado fondo cuando escuchó hablar de Paco y decidió buscar apoyo en El Buen Camino. Ahora, dedica su tiempo a disfrutar de sus nietos y a compartir su experiencia con personas que han decidido, como hizo él, “salir del agujero”. A menudo visita los barrios más degradados de su ciudad, Águilas, buscando a zagales para ayudarles a salir de las drogas.

Manolo ‘Alcoy’ terminó en la calle y siendo denunciado por su propia madre por robo. Hoy está plenamente rehabilitado. GLORIA PIÑERO

A Manuel, alias ‘Alcoy’ en honor a su localidad natal, de 58 años, la jueza que se ocupaba de su procesamiento por robo le dio a elegir: la cárcel o el centro terapéutico. Hoy cuenta que su paso por El Buen Camino le salvó la vida. Este camionero, casado y con dos hijos, tuvo su primer contacto con la cocaína cuando tenía 33, en una cena de empresa. Tras continuos robos para costear su adicción, su propia madre acabó denunciándole. “Lo perdí todo”, cuenta. La abogada que le defendía en Alcoy, cristiana practicante, le puso en contacto con Paco. Hoy está plenamente rehabilitado.

Ángel, natural de Albacete, vendió el oro y la televisión de su madre para costear su adicción al alcohol y las drogas. Incluso llegó a cobrar un seguro a nombre de su progenitora. Por este y otros delitos acumuló once años de estancias en prisión. En las navidades de 2024 se quedó en la calle. Dormía en las salas de espera del hospital de Albacete o en portales. Se metía en los bares para poder beber y comer cacahuetes —su única fuente de alimento durante semanas— y de los que se iba después sin pagar. Un día se encontró por la calle a una mujer que conocía y que colaboraba con la Fundación Familia de Albacete. “Necesito ayuda”, le dijo. Ella conocía a Paco y les puso en contacto. “Recuerdo que fue un viernes, me sacaron un billete de autobús porque no se fiaban de darme los 20 euros que costaba para que no me los gastase en copas”, cuenta.

Integrantes de El Buen Camino preparan la cena atendiendo al reparto equitativo de las tareas domésticas. GLORIA PIÑERO

Por la tarde, ya estaba en Lorca. Acaba de cumplir un año “limpio”. Este lunes comienza a trabajar y está pensando en ahorrar para alquilar un apartamento donde poder desarrollar una vida —la que nunca tuvo— lejos de la calle y las adicciones. Hace unos meses le escribió una carta a su hermana dándole sinceramente las gracias por haberle echado de casa, porque “esa fue la situación en la que tuve que verme para empezar a salir del infierno”. Ya ha conseguido que ella le felicitara las pasadas navidades por mensaje. Su anhelo ahora es conseguir el perdón de su madre.

“Puede que no tengan un techo propio, pero tienen una vida”

Ignacio Basterra es coordinador de Cáritas en la Vicaría de Lorca. Con una aportación municipal de 80.000 euros anuales y 103.760 euros procedentes de fondos propios, esta organización de la Iglesia católica gestiona el albergue municipal de transeúntes.

Cada año, entre 450 y 500 personas acceden a un recurso que cuenta con doce plazas. Allí encuentran un lugar donde descansar temporalmente en condiciones más seguras y dignas. Pero también es un espacio de acogida y escucha, donde se realizan actividades y talleres formativos y se ofrece apoyo administrativo. Un recurso básico que también contribuye a sostener procesos largos y frágiles de salida de la exclusión. Y es que, diez de esas plazas están destinadas a estancias de media y larga duración para personas con problemas de adicciones o de salud mental que participan en un programa de acompañamiento social.

Voluntarios y usuarios de El Buen Camino en el salón de una de las casas de la asociación, que también funciona como centro terapéutico. GLORIA PIÑERO

Los resultados son significativos: en torno al 30% de las personas que acceden a este programa consiguen dejar la calle, retomar una actividad laboral y recuperar el contacto con sus familias. “No hay varitas mágicas subraya Basterra, es el triunfo del esfuerzo personal y del apoyo constante de un equipo” formado por catorce personas, entre profesionales y voluntariado sin el cual “el centro no sería lo mismo”. Pero también de los donantes “cuyas aportaciones nos permiten dar respuestas rápidas y flexibles”.

Lo más gratificante cuenta— es ver el proceso de usuarios que venían solo para refugiarse y que, poco a poco, van recuperando la esperanza. El coordinador de Cáritas recuerda que “las personas sin hogar también tienen sueños, ilusiones y metas”. Y concluye: “puede que no tengan un techo que sea suyo, pero, sin duda, tienen una vida”.

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