No hay un 'color carne' sino muchos: un cuento para luchar contra el racismo desde pequeños

Una de las páginas de 'Color carne'

Rocío Niebla


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Los colores están nerviosos porque llegan al cole y ellos dibujan el mundo. El señor azul pinta cielos y mares; el amarillo, soles y girasoles; y el verde, los árboles y la hierba del campo. Esperan juntitos en la caja, cuando la maestra da indicaciones: “Toca dibujar qué habéis hecho en vacaciones”. Se ponen nerviosos y contentos, todos menos el color carne, que espera de brazos cruzados hasta que la maestra pida “pintar familias”. Cuando así lo hace, la niña Kumiko escoge un color marrón amarillento para pintar a su hermana, e Ibrahim se anima con un primo y hace suyo un color marrón. El color carne se queda tristístimo y se da cuenta de que el mundo no es como se lo habían contado.

Cuando la maestra pone en la pared del aula los retratos, el color carne se queda alucinado. Ella explica que “hay tantos colores de piel como personas hay en el mundo y que solo un color no sirve para representar a tanta gente”. Color carne (Penguin Kids, 2022) es el álbum ilustrado por Lydia Mba y escrito por Desirée Bela-Lobedde (1978, Barcelona) que invita a los niños y las niñas a reflexionar sobre los distintos colores de piel. Es un cuento que celebra la diversidad y trata de hacer visible la variedad de tonos que existen en las personas. Es la misma idea que hace que algunas casas de colores como Crayola vendan packs de lápices y ceras con variedad de marrones, amarillos y naranjas bajo la etiqueta “24 colores especialmente diseñados para representar a personas de todo el mundo”.

Los padres de Desirée Bela-Lobedde nacieron en Guinea Ecuatorial y se conocieron en Barcelona. Ella nació aquí y de la Ciudad Condal también son sus dos hijas adolescentes. Es activista antirracista y aunque se estrena como escritora de literatura infantil, tiene otros dos libros para adultos (Minorías: Historias de desigualdad y valentía y Ser mujer negra en España) que son referencia. “En muchos colegios y en algunas familias sigue habiendo desafortunadamente la idea del color carne, que solo es uno”, dice. Es por eso que este cuento sirve de excusa para hablar y hacer pensar a las criaturas sobre esta idea del único color para representar a todas las personas. “Los niños ven los diferentes colores en las pieles y pretender que no los vean es absurdo”.

La activista y escritora invita a “seguir potenciando que vean los colores desde el valor y el reconocimiento de la diferencia”, y contarles que estos implican orígenes e historias diversas, así como distintas formas de ver el mundo: “Y que lo diferente es bonito, con lo que debe ser reconocido y puesto en valor”. Desirée Bela-Lobedde afirma que cuando se les enseña a no ver colores “estamos sentando las bases para ese racismo sutil, que cuesta identificar porque es la forma de discriminación que está tan arraigada estructural y sistemáticamente”. Si solo hay un “color carne”, el resto de personas que no entran en ese color, que son la mayoría, están invisibilizadas y no reconocidas. El racismo sutil también es conocido como microrracismo o racismo cotidiano, y Bela-Lobedde asegura que lo que hace es obviar las diferencias “porque parece que las diferencias incomodan y se suelen ver como una amenaza”.

La escritora denuncia que venimos de un modelo educativo en el que “se nos ha enseñado a que ver colores es malo, porque cuando se han visto ha sido para oprimir, violentar y castigar a la gente”. Para ella no tiene sentido negar “los colores”, la cuestión sería si reconocerlos “implica trato discriminatorio y negativo”, o si viendo colores se reconoce que estemos ante una persona “que puede hablar otro idioma, que tenga otra cultura o bagaje,” y que lo vivamos y se lo traslademos a las criaturas como “fuente de riqueza y una oportunidad de aprendizaje y de intercambio”. La diferencia, según la autora, debemos cuidarla y respetarla y no vivirla con miedo y sentimientos de que “ponen en riesgo nuestros valores”. Recomienda que las madres y padres lean a las escritoras Audre Lorde y bell hooks para “habitar la casa de la diferencia y poner en común lo que tenemos cada uno”.

Hablar sobre racismo

Entonces, ¿podemos referirnos al rey Baltasar como el rey negro? ¿Es apropiado? Y ella contesta: “En Cataluña decimos el rey blanc porque es canoso, el rey ros porque es pelirrojo y el rey negre. Ellos tienen sus nombres, ¿por qué referirnos a ellos por una referencia obvia?”. La activista cuenta que es oyente del podcast No hay negros en el Tibet, que aborda temas de negritud y cultura afro, conducido por Frank T, Asaari Bigbang y Lamine Thor. En un capítulo, el rapero Frank T contaba un recuerdo sobre una cabalgata de los reyes magos “que se le quedó grabadísimo”. Dice la escritora: “La persona que locutaba dijo algo así como... Aquí llega el rey Melchor, que trae oro, viene vestido con ropajes suculentos y cantidad de pajes; ahora llega el rey Gaspar, porta la mirra... y largas descripciones también, y cuando pasa Baltasar dijo: aquí llega Baltasar, que es negro y punto”.

Aunque los colores sean diferentes, todos somos iguales. A lo que la escritora añade: “Sí, pero hay que explicarles que somos iguales a pesar de que hay personas a las que por su color de piel se les trata mal”. Considera que a las criaturas hay que hablarles sobre racismo y mostrarles que sigue existiendo en nuestros días. Puede que a los niños y niñas el concepto “racismo” se les quede muy abstracto, pero evidenciando situaciones podemos hacerles comprender lo que conlleva el prejuicio: “A mis dos hijas pronto les expliqué que por ser afrodescendientes y puede que por tener el afro haya personas que les gusten, y que por el hecho de ser negras les traten mal. Como sucede hay que explicárselo”

Desirée Bela-Lobedde cuenta que está impartiendo una formación online llamada “Tú y el antirracismo” : “Muchas personas creen que el racismo ha desaparecido porque la esclavitud y la segregación pertenecen al pasado. Pero estamos rodeados de racismo las 24 horas del día. Está en todas partes y me gustaría que madres y padres entendieran que ellos pueden detectarlo, pararlo y argumentarlo”. Así que no solo se trata de que muchos colores se pongan nerviosos en la caja cuando la maestra pide dibujar familias, también hay que educar a las futuras generaciones para no repetir conductas racistas y clasistas.

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