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Mediocre mediocracia

La primera y única encuesta electoral hecha en Cantabria muestra a una sociedad que vota desde la emoción y que huye de las razones. Todo es posible en este año de los prodigios o de las decepciones.

Cuesta creer en conceptos tan vaciados de contenidos como ciudadanía. Un objeto político que casi nunca fue sujeto y que vota por impulsos emocionales huyendo de la racionalidad con la sagacidad con la que los animales detectan un tsunami. La ciudadanía no existe en esta democracia que no lo es y en este modelo electoral de delegación por enajenación mental.

La democracia ha pasado diferentes fases. Su primera transición fue de la que podríamos denominar como democracia de masas, aquella en la que se abrió la espita del voto libre y de la política en las calles (breve espejismo en la España de 1931), a la democracia de las élites (la partitocracia), secuestro de la política por unos aparatos que en lugar de ser voceros de la soberanía popular se convirtieron en secuestradores de la misma. La democracia de las élites dejó paso en Eurooccidente a lo que conocemos como mediocracia, o democracia de los medios de comunicación: esos contenedores de relaciones públicas que determinan el voto y deciden qué formaciones tienen visibilidad y cuáles no, qué marca se 'vende' y cuál se descarta.

En Cantabria, en España, seguimos instalados en la mediocracia pero en clara transición a otro modelo de democracia que ya triunfa en amplias zonas del planeta: la mafiocracia, el ordenamiento social, político y económico a semejanza de las organizaciones criminales, con su complejo sistema de lealtades y vendettas, con su confortable adentro y su inhóspito afuera.

Pero les decía que estamos en la Mediocracia... En este modelo las encuestas son el sistema de apuestas manipulado de mayor importancia. No es que manipulen los resultados, es que manipulan la realidad para acomodarla a los intereses de unas élites que necesitan mantener la ficción de la participación ciudadana en las urnas, pero que no pueden soltar el control de los resultados finales.

La única encuesta sobre intención de voto en Cantabria es alucinante y retrata a una población desquiciada que tiene intención de suicidarse en las urnas a golpe de tertulia televisiva y mensajes efectistas vacíos de contenido. Vean si no. Un votante del PP racional no debería volver a votar a un partido que ha incumplido la mayor parte de su programa político. Sin embargo, el descalabro que se anuncia es mínimo. Un votante del PSOE debería haber migrado hace tiempo hace territorios más cálidos, pero hay un importante grupo de la sociedad que muestra lealtad a las siglas a pesar de sus monumentales incongruencias. Lo del PRC es otra liga: los partidos patera pueden comportarse de forma errática porque no hay ideología predominante sino intereses privados aliados aderezados con un mensaje populista confuso que permite agarrarse o soltarse en función de la dirección del viento. Pero lo alucinante de verdad es la intención de voto que muestra la encuesta sobre Podemos y Ciudadanos.

Primera hipótesis: los encuestadores quieren meter miedo al electorado tradicional para que vuelvan al redil del PPSOE y nada cambie. Segunda hipótesis: hay un porcentaje de los electores a los que les importa un pimiento de padrón su vida y que van a confiar su representación a opciones sin programa y sin contenido. Votan a las marcas de moda como compran palos para hacerse selfies.

De Podemos conocemos su diagnóstico de la sociedad (fácil de compartir), sus broncas internas y su indefinición ideológica. No sabemos qué proponen para Cantabria o para Santander o para Torrelavega porque siguen enzarzados en su enésimo proceso electoral interno y mandándose comunicados públicos cargados con veneno. No hay dos Podemos iguales, pero este tsunami que no es de izquierdas ni de derechas es un cómodo salvavidas para aquellos que quieren castigar pero no saben cómo construir. Es tan esquizofrénica la intención de voto, que Podemos sale con un 8,8% en Santander, ciudad en la que ni siquiera se presentará con esa marca.

En el caso de Ciudadanos... Algún día conoceremos la verdad del montaje, de cómo se puede pasar de la inexistencia total a un 12% de intención de voto sin pasar por la casilla de salida. El pequeño partido catalán se ha encaramado en una operación mediática sin precedentes que le ha hecho conquistar intención de voto de forma más rápida y contundente que Podemos. El PP 2.0 es una espectro que puede terminar gobernándonos en coalición con su viejo antecesor. Que el Dios de Rajoy nos pille confesados.

¿Hay más? Sí hay más, pero la mediocracia aún no sabe si visibilizarlos o no y ahí, en lo oculto, es donde el 30% de indecisos pueden marcar la diferencia. Soy escéptico.

La calidad de esta mediocracia es muy mediocre y nos condena al más de lo mismo o al esperpento. A mi, en realidad, no me preocupan los partidos, ni los viejos ni los nuevos ni los viejos vestidos de nuevos: a mi me preocupa el electorado. Las cuatro décadas de dictadura –controlada por las élites- y las casi cuatro décadas de 'democracia de las élites' de baja intensidad nos han hecho tanto daño que ya no sabemos ni quiénes somos ni quiénes queremos ser y, atrapados en el espejismo del voto libre, depositamos en las urnas la papeleta que más nos suena o que menos nos asquea. La irresponsabilidad de nuestro voto es la garantía de su despotismo interesado, del saqueo permanente a nuestras vidas, del despojo maquillado en el que ha consistido la gestión pública con los dos grandes partidos que se repartieron el botín.

Claro, que aún nos queda una esperanza. Que nosotros, la ciudadanía, nos hayamos dado cuenta de la mentira mediática y estemos engañando a los encuestadores –burdos publicistas camuflados de científicos sociales-, que nos hayamos guardado la carta bajo la manga y los sorprendamos el día de las urnas, que ejerzamos un voto que luego fiscalicemos, que hayamos madurado en esta insoportable crisis y no volvamos a creer en cantos de sirenas por mucho que vayan empaquetados en emocionantes vídeos de campaña... Todo es posible en este año de los prodigios o de las decepciones.

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