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Qué dura es la historia

Me gusta leer de historia y procuro no ser maximalista cuando leo sobre el tema. Soy un mero aficionado y sé poco, pero el pasado puede ser divertido y curioso. Me sorprende la habilidad que tenemos todos para elegir posición. Es como si fuera necesario tener un pasado puro para justificar el presente. Siempre me ha gustado la postura del magistrado emérito del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín. Espero que nadie dude de que hablamos de un hombre progresista, un gran jurista y un hombre cultivado. No tiene reparo nunca en recordar que era un niño del franquismo que vivía muy bien en una familia acomodada en el sistema. Huelga decir que adoraba a sus padres y jamás ha renegado de ellos. Martín Pallín vivió el franquismo. Nació en sus albores, en 1936, y no es sospechoso de nada. Así lo creo.

Vamos, que para ser un demócrata no hay que tener pedigrí como los perros. La historia enseña y hay que verla con los ojos del momento. Esto no implica justificarla y ocultarla y tampoco cambiarla. He hecho estos preliminares porque me sorprende la fascinación general por el franquismo. El Generalísimo (curioso cargo) murió hace casi 40 años. Yo estaba en sexto de EGB. Tengo recuerdos remotos de una visita que hizo a Vitoria para inaugurar la Catedral nueva. Recuerdo mucha gente y poco más. También recuerdo que fueron las vacaciones colegiales más aburridas de mi vida y sí recuerdo el despertar político posterior, los carteles, las pegatinas y los mítines. Recuerdo también los asesinatos de ETA y me alegro infinitamente de que hayan terminado.

40 años duró el franquismo y 40 años después es una cuestión delicada. La verdad es que la historia de los fascismos en Europa es una cuestión peliaguda. Pero ahí está y es parte de nuestra historia común con sus negros y sus blancos. Me resulta curioso que nos la echemos encima una y otra vez 40 años después y que hablen de franquismo aquellos que solo han podido leer u oír sobre el tema.

40 años duró el franquismo y 40 años después es una cuestión delicada. La verdad es que la historia de los fascismos en Europa es una cuestión peliaguda. Pero ahí está y es parte de nuestra historia común con sus negros y sus blancos.


La última polémica viene por la simbología. Creo que es imposible borrar toda la historia y tampoco estoy convencido de que sea una solución. Tenemos cantidad de legislación que viene de esa época y que no hemos tocado, aunque se supone que ha pasado el baño constitucional. De hecho, me hace mucha gracia la polémica por los cuadros. Y me hace gracia porque queremos descolgar los cuadros de los ayuntamientos de los alcaldes franquistas y no hemos pensado en hacer lo propio con los alcaldes de la dictadura de Primo de Rivera o del caciquismo del siglo XIX. ¡Pero si en este país solamente ha habido dos momentos de democracia moderna con sufragio universal, la convulsa Segunda República y la Monarquía Parlamentaria actual! El resto ha sido otra cosa. Como haya que retirar tanto cuadro, no sé dónde los vamos a meter. Habrá que habilitar un museo en algún edificio vacío. Y ya puestos, podemos retirar las esculturas, cuadros y calles de todos aquellos políticos o pensadores que no tengan un perfil acorde al estándar actual, sea por ser racistas, revolucionarios, ‘anarcas’, fascistas o lo que se tercie. Se ve que en esto también hay que normalizar y mira que defiendo seguir siendo un punto anormal, pero no hay manera.

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