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Un vino de leyenda desde el Barrio de la Estación de Haro

Monopole

Monopole

Un homenaje al pasado, a la leyenda, y también a una realidad. No sólo a los viticultores del mapa rural de la Rioja Alta, también a un hombre recientemente desaparecido cuya batuta dirigió durante muchos años la orquesta de una bodega con solera y tradición, Compañía Vinícola del Norte de España, CVNE. 

Y es que Ezequiel García, para muchos El Brujo, para mi maestro y amigo, fue el gran mentor de este Monopole, alguna de cuyas viejas añadas pude catar y degustar en compañía de Chus Madrazo años atrás. Aquel color, aquel perfume señorial y aquella sabrosa acidez aún mantenida, creo que nunca podré olvidarlas. Con Ezequiel ya fallecido, me llega esta edición de añada 2014 de un nuevo proyecto de Cvne, reflotar el Monopole, en una especie de remake que algunos esperábamos con ansia. Me emociona ver en la parte posterior de la botella ese dibujo, esos trazos que reconozco con admiración.

Me emociona contemplar como aún hay esperanza, todo no está dicho ni hecho en el universo vitivinícola. Porque en este Monopole devuelto a la vida, el clásico, el que a tantas personas emocionaba, se encuentran en una cita legendaria, pero real, el bueno de Ezequiel y la inagotable María Larrea, actual responsable de enología de la bodega del Barrio de la Estación. La magia de las recetas, el retorno al pasado, la curiosidad contemporánea, las buenas ideas y su cristalización con brillante resultado.

Vino Monopole

Vino Monopole

Base mayoritaria de uvas de la casta viura, perla blanca de Rioja, con aportes complementarios de otras uvas. Vendimia manual y prensado suave durante la recepción en bodega para después proceder al depósito del mosto en continentes de hormigón y a un pertinente desfangado, comenzando después el fermentado alcohólico que se lleva a  buen término en depósitos de acero inoxidable. Comienza después una maduración con lías en barricas y botas usadas, de dos, tres e incluso más usos. Ocho meses de permanencia, con catas periódicas. Y siguiendo con la receta, no me queda más remedio que mencionar al aporte de manzanilla, ese toque de Jerez que tanto alabó Ezequiel, aún y con la incomprensión inicial de los caballeros del vernáculo ilustrado. Una crianza biológica bajo el velo de flor que aporta a este vino una personalidad, en mi opinión, arrolladora.

Descorche y servicio en copa, descubriendo un cromatismo amarillo pajizo, limpio y brillante, con algunos reflejos dorados suaves, manifestando en la proximidad aromática nostalgias de manzana y pera, algunas flores amarillas, con nudo de fragancia balsámico y continuidad que esboza memorias de almendra, nuez y leves guiños especiados. Tiene una nota de cierta cremosidad, no marcada en exceso.

Buen perfume, muy expresivo y con una seña del velo de flor que le aporta personalidad. La boca arranca plena, sabrosa acidez que se extiende con equilibrio, despliegue de frescura, salinidad emotiva y alcance, con llegada delicada y sutil. La fase retronasal describe evocadoras notas de fruta blanca y cítricos, piña y camomila, anisados, almendra fresca y fruto del nogal, una casi imperceptible melosidad y brisa de vainilla que junto a una sensación ligera de cremosidad acompaña la expresión final. La pasión por el pasado y el amor por las cosas bien hechas, dirigidas con mimo.

Un reencuentro más que digno, que califico en esta edición de añada 2014 entre muy recomendable y más que muy recomendable. Será más que interesante y pedagógico comprobar como progresa este vino blanco seco mediante una guarda temporal responsable en botella. Su presente es magnífico.

 

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