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ENTREVISTA Izaskun Sáez- Directora de la investigación sobre el 'impuesto revolucionario'

"Hemos tenido muchos héroes anónimos frente la extorsión de ETA"

Izaskun Sáez, que dirige un estudio sobre la extorsión etarra, revela que aun "hay mucho miedo a hablar porque hay gente que dice que ya ha sufrido bastante y que hay que pasar página. La misma tentación que tiene el conjunto de la sociedad".

"El estilo ha sido mucho más mafioso en las pequeñas empresas y en zonas donde dominaba el control social del entorno radical. Esa sensación de la Mafia siciliana y la impunidad que se vivía en esos ambientes totalmente irrespirables".

"Este estudio busca tener un efecto sanador, no revictimizador. Y queremos subrayar que los extorsionado, hayan pagado o no lo hayan hecho, son víctimas de la violencia. Y deben ser reconocidos como tales", defiende esta doctora en Sociología y Ciencias Políticas.

La directora del estudio, Izaskun Sáez, en la Universidad de Deusto.

La directora del estudio, Izaskun Sáez, en la Universidad de Deusto.

Izaskun Sáez de la Fuente (Bilbao, 1970) dirige un estudio universitario sobre la extorsión terrorista de ETA en las últimas décadas. La iniciativa, en la que trabaja un equipo multidisciplinar de filósofos del Centro de Ética de la Universidad de Deusto, junto a investigadoresres, periodistas y profesores de Economía, comenzó su andadura hace tres años cuando un directivo de una empresa que en su momento recibió la carta maldita con el sello del hacha y la serpiente se acercó al entonces director de la ya desaparecida Bakeaz, Josu Ugarte, con la idea de hacer un estudio sobre el mal llamado 'impuesto revolucionario'. La aproximación a este fenómeno de la actividad terrorista, la más completa que se ha realizado nunca en Euskadi, se aborda desde la perspectiva histórica, la sociopolítica, la ético-juridica y la económica.

Desde el inicio, con el apoyo de financiación pública y privada, el equipo de esta doctora en Sociología y Ciencias Políticas ha realizado unas 60 entrevistas en profundidad y otras 125 vía cuestionario on line a extorsionados o a familiares y personas que de una u otra manera se han visto afectados por una actividad de la organización terrorista con la que se financiaba el 95% de sus actividades, según documentación incautada a ETA. El trabajo de campo finalizará para la Primavera de este año y la publicación del estudio está prevista para 2016. Según sus impulsores, "este estudio busca tener un efecto sanador, no revictimizador. Y queremos subrayar que los extorsionados, hayan pagado o no lo hayan hecho, son víctimas de la violencia. Y deben ser reconocidos como tales. Queremos rehabilitar a estas víctimas", apunta, y colocar el asunto dentro del debate sobre el relato que ahora se vive en Euskadi. "Durante mucho tiempo hemos tenido un ambiente de indiferencia ante el sufrimiento y de falta de empatía con las víctimas", denuncia Sáez.

¿Han hablado con muchas víctimas del chantaje de ETA para hacer el estudio?

Sí, nos parecía insoslayable hacer entrevistas en profundidad a las personas afectadas, a las víctimas de la extorsión etarra. Hemo recopilado testimonios a través de entrevisas en profundidad y ya vamos casi por 60. Personas extorsionadas o personas que, sin haber sufrido directamente la extorsión, tenían conocimiento por contactos familiares directos o, en otros casos, por una relación no tan cercana en el ámbito empresarial, sindical, de investigadores, etc. En definitiva, empresarios, directivos y profesionales liberales, además de familiares.

Imagino que no habrá sido fácil conseguir que las víctimas se prestaran a hablar

Ha sido un parto largo y difícil. La primera persona que se puso en contacto don Bakeaz ha facilitado mucho los contactos para poder buscar a más informantes. Para hacerse una idea, de cada tres contactos hechos, solo ha fructificado uno.

Es decir, más de tres años después de que ETA haya acabado con la violencia, todavía cuesta hablar de una cosa como esta a las víctimas que han sufrido la extorsión.

Hay mucho miedo a hablar porque hay gente que dice que ya ha sufrido bastante, ya ha pasado y hay que pasar página. La misma tentación que tiene el conjunto de la sociedad. El mundo empresarial ha sufrido lo suyo con la extorsión, mucho más de lo que la gente hemos querido ver, pero la sociedad esta ahora en esa tentación. Hay miedo, ETA no ha desaparecido y no ha entregado las armas. A eso hay que unir el recelo o miedo que pueden tener las personas que han pagado a la actuación de las Fuerzas de Seguridad del Estado y del Estado de derecho. Un miedo que en la práctica no se ha hecho real.

Bueno, sí ha habido muchos empresarios y profesionales que han desfilado por la Audiencia Nacional para declarar en sumarios abiertos por el 'impuesto revolucionario'.

Si, pero en teoría aunque el Estado de derecho tiene todos los instrumentos para perseguir este tipo de actos porque es un delito de colaboración con banda armada, pagues voluntaria o de manera coactiva, en la práctica no se ha perseguido con la intensidad con la que se han perseguido otras cosas.

En la extorsión, como en la propia actividad de ETA en general, ha habido diferentes etapas.

Efectivamente, ha habido etapas y eso se muestra sobre todo en cómo se ha ido desarrollando la curva de la intimidación. Se ha pasado de una fase en la que llegaba la famosa carta de una manera muy personalizada y el circuito de las personas afectadas mucho más delimitado, a otra donde los procedimientos informáticos con el cruce de datos del Registro Civil, Censo y Padrón, se generalizaba mucho más el fenómeno de la extorsión. El proceso del chantaje se fue sofisticando a partir de la segunda parte de la década de los años 90. La última década fue muy extensiva, pero también muy poco provechosa para ETA por su debilidad y por sus dificultades de financiación. La gente decía, si le ha tocado a este, a este, a este y a este, pues veía que no era tan personalizado.

La mayoría de los que hemos entrevistado nos ha dicho que no han pagado. Cuando lo explican, se agarran precisamente al dilema ético: no he pagado por cuestiones morales. No voy a dar ningún euro para alimentar las balas de esta organización y que sirvan para matar a otros.

El cambio fundamental es que salió de la invisibilidad de la primera época, donde cada persona que recibía la misiva estaba prácticamente sola ante el peligro.

Claro. Es que no lo contaban ni en su casa. En las primeras décadas, además, ha jugado muy a la contra del empresariado la visión muy negativa que se tenía del propio empresario. Y esto nos lo cuentan ellos en las entrevistas: a finales de los 70 y principios de los 80, en la Transición, con la mentalidad muy antirrepresiva que se tenía en Euskadi y se llegó a sacralizar la figura de ETA como organización antifranquista, en ese clima, sumada la crisis económica con un 25% de paro, en ese microcosmos la situación de los empresarios era terriblemante dura y complicada. Y encima no contaban con el apoyo de las instituciones públicas.

¡Es que a los que les llegaba la carta les decían que fueran a pagar!

Y que a ser posible buscasen una rebaja. Asi ha sido. Y todo se vivía en el ámbito privado.

¿Es tremendo, no?

Y repito, todo quedaba en el ámbito privado. Si a la sociedad le costó muchísimo movilizarse en contra del terrorismo, y siempre se movilizó una minoría espoleada al principio por grupos como Gesto por la Paz. La gente sabía que a los empresarios les llegaban la cartas y que pagaban. Pagaban el mal llamado 'impuesto revolucionario'.

El lenguaje ha tenido muchas aristas en relación con la violencia en este país.

La verdad es que si algo ha hecho daño a este país son los eufemismos en el lenguaje. El lenguaje no solo alimenta la realidad, también la crea y esa creación ha sido terriblemente perversa desde el punto de vista ético y político. Ha hecho muchísimo daño moral. Usar el término 'impuesto revolucionario' le daba una connotacion positiva. Se invertían las categorías. La propia expresión se consideraba como una contribución en favor de la liberación de Euskadi, cuando era pura extorsión mafiiosa. Ha habido muchos términos que han contribuido a la legitimación del terrorismo o han manifestadoi una equidistancia que, en la práctica, también lo ha legitimado.

¿Cómo ha sido para las víctimas que han participado en el estudio desempolvar los recuerdos y sacar del baúl los demonios de esa etapa? ¿Cómo se enfrentaban a la carta de ETA?

Tengo que decir que a mi me ha enriquecido mucho. Yo asumí este trabajo desde un compromiso ético con este país. Y me ha sorprendido lo que me he encontrado. Desde mis prejuicios pensaba que esas dificultades que estábamos teniendo en el acceso a los informantes, iba a tener que vencer muchos recelos de las víctimas para poder entrar en su experiencia. Pero ha sido todo lo contrario. A algunos les ha servido incluso para liberarse y contar más de lo pensaban contar.

¿Cómo relatan sus vivencias, en muchos casos traumática?

La pregunta que todos se hacen siempre es la misma: ¿por qué me ha llegado la carta a mi? ¿por qué me han extorsionado a mi? Hay una mezcla de sentimientos de incredulidad, perplejidad. Por un lado, algunos esperaban que les pudiera tocar, por su condición o porque veían que a gente como ellos ya les había llegado, pero por otro lado piensan que mientras no te llegue al buzón, estás libre. Es un sentimiento muy humano. Igual se han olvidado de mi. Pero cuando llega, es una mezcla de impotencia, pérdida de seguridad, falta de control sobre tu propia vida, pierdes la libertad y entonces con esa pregunta que se hacen entran, sin querer, en la propia lógica de la violencia. Lo hacía la sociedad también en la primera etapa: cuando asesinaban a un policía o a otra persona, se respondía muchas veces con el algo habrá hecho. O cuando mataron al ingeniero Ryan, la gente decía: es que es ingeniero de la central nuclear de Lemóniz. La persona extorsionada, cuando se preguntaba por qué a mi, estaba buscando en su vida qué había hecho él para favorecer que le extorsionanse. La cuestión en realidad es: ¿por qué tienen que extorsionar o matar a nadie? Pero llegar a eso ha costado.

Y me imagino que tras esa pregunta inicial llegaba la siguiente; ¿Y ahora qué hago?

¿Pago o no pago? Ese era el dilema. Y en la primera etapa se mantenía en el silencio más absoluto. Conscientes de que no tenían resortes para garantizar su propia seguridad, pensaban que si no lo contaban iba a ser mejor porque no iban a tener a la familia como elemento condicionante a la hora de toma la decisión. Pero muchas veces esto no era posible. Porque se vivían situaciones de sabotajes en sus empresas o de encarteladas delante de su domicilio o incluso bombas en sus casas. No siempre se podía mantener en privado.

¿Y cuando la siguiente carta llegaba a un familiar, cómo relatanesa extensión del chantaje al ámbito familiar?

Se pasaba de escalón en escalón: la primera carta te pedía tu contribución a la liberación de Euskadi, la segunda era mucho más expeditiva: si no pagas..... Y la tercera, igual te llegaba con el remite de tu hermana que vivía en no sé dónde, para decirte de esa manera que sabían su domicilio, luego la cuarta, etc y al final te convertían a ti y a tus familiares en "objetivo militar". Era un proceso de intimidación brutal y de miedo que al final buscaba que la persona pagara.

¿Esto suena mucho a la Mafia, no?

Sí. Este comportamiento mafioso se ha visto mucho más claro en la pequeña empresa y, sobre todo, en el pequeño comercio. Todos han sufrido una barbaridad, no quiero hacer distinciones, pero en cuanto al estilo ha sido mucho más mafioso en las pequeñas empresas en zonas donde dominaba el control social del entorno radical. La sensación de la Mafia siciliana y la impunidad que se vivía en esos ambientes totalmente irrespirables".

¿Hablan los extorsionados también de la soledad?

Mucho. Esto ya lo había desarrollado muy bien el escrito Raúl Guerra Garrido en su novela 'La Carta'. Él hace una versión novelada, literaria, pero refleja muy bien las experiencias de muchos medianos y pequeños empresarios de la época de los años de plomo. Esa sanción de soledad; incluso el que decide pagar con la búsqueda de los intermediarios para poder hacerlo.

Imagino la angustia creciente.

Esa sensación de a quién se lo vas a contar: ¿a la policía?, no lo vas a contar. La soledad es algo que les ha acompañado permanentemente. Pero todo evolucionó también. En la medida en que ETA estaba más débil, las organizaciones empresariales han tomado cartas en el asunto, se han sentido más acompañados.

Izaskun Sáez posa junto al busto del Padre Arrupe, en la Universidad de Deusto.

Izaskun Sáez posa junto al busto del Padre Arrupe, en la Universidad de Deusto.

¿Hay una crítica a las instituciones?

No hay una crítica demasiado dura, al menos lo que hemos visto hasta ahora, de manera generalizada a las instituciones públicas. Algunos incluso llegan a preguntarse: ¿y qué más podían hacer? Ellos cuentan su situación, sus dificultades con las comunidades de vecinos, o con sus amigo, otros se han sentido apoyado. Este estudio busca tener un efecto sanador, no revictimizador. Y queremos subrayar que los extorsionado, hayan pagado o no lo hayan hecho, son víctimas de la violencia. Y deben ser reconocidos como tales.

Es cierto, pero también hay otra cara de la moneda en la extorsión: ese dinero iba a financiar la actividad de una organización terrorista. Dinero que servía para asesinar, para perpetuar el ciclo violento.

Es cierto, ha sido una fuente fundamental de financiación para ETA. Ese es el dilema ético al que se enfrentan los extorsionados y son muy conscientes de ello. La mayoría de los que hemos entrevistado nos ha dicho que no han pagado. Cuando lo explican, se agarran precisamente al dilema ético: no he pagado por cuestiones morales. No voy a dar ningún euro para alimentar las balas de esta organización y que sirvan para matar a otros. Todo lo demás para ellos es completamente secundario: si iban a ser perseguidos por los aparatos del Estado si pagaban o la presión familiar, todo es subsidiario. Lo que subrayan es que no querían contribuir a la dinámica del terror. Ante ese dilema ético, creo que no vale el brochazo gordo, hay que hilar más fino: hay personas que no han contribuido voluntariamente y el tema de la responsabilida ética, tiene en cuenta las circunstancias y el contexto en el que uno toma la decisión. Y cuando hablamos de esas personas que en Hernani, en Rentería decidieron pagar, poco o mucho, la responsabilidad ética queda limitada o condicionada por un contexto de fuerte presión.

Pero, al final, es ceder al terror para que éste continúe.

Le pongo otro ejemplo: cuando se aplica la tortura y alguien termina 'cantando', delatando a compañeros, incluso diciendo crímenes que no ha cometido. ¿Es libre para hacerlo? ¿Hasta dónde es libre? ¿Qué responsabilidad tiene el victimario, el intermediario, la sociedad que mira para otro lado, las instituciones que no son capaces de garantizar la seguridad para que esa persona no se vea forzado a pagar? No vale el brochazo gordo, algo a lo que estamos muy acostumbrados en este país, para estudiar este tema. A veces la responsabilidad de la sociedad o de las instituciones no ha sido por acción, sino por omisión.

Hay un antes un después en la sociedad vasca con el secuestro de Julio Iglesias Zamora, en los años 90. Gesto por la Paz, el 'lazo azul, etc. ¿Los entrevistados lo ven también así o solo perciben su historia concreta?

Es difícil que la gente salga de su propio dolor y sufrimiento. Aunque tambien ha habido gente extorsionada que participaba de esas organizaciones civicas y acudía a sus manifestaciones. Pero en el fondo no ha habido esa sensación de arrope. Y además el amenazado no quiere que eso se haga público. La idea de gueto ha funcionado hasta el final, aunque ha evolucionado desde los secuestros de Iglesias, Aldaya y Comes Delclaux. Ahí, parte de la sociedad salió a la calle a manifestar su rechazo a los secuestros y el entorno radical hizo contramanifestaciones.

Esta sociedad estuvo a un paso del enfrentamiento civil.

Hubo amagos de verdaderos enfrentamientos que pusieron a Gesto por la Paz en una situación terriblemente complicada, incluso desconvocando concentraciones como ocurrió en Etxarri Aranaz. La amenaza llegaba a las puertas de la casa de la gente, es que en este país parece que nos olvidamos de todo rápidamente. Con ese clima, los empresarios vieron que había habido un cambio en la sociedad respecto a la violencia y al chantaje, pero no tanto como para que influyera en la propia situación del que había recibido la carta. Y no olvidemos que los secuestros y los asesinatos de empresarios han favorecido el chantaje. Eso pasó también después del asesinato de José Mari Korta, que se había pronunciado explícitamente contra el chantaje como responasable de Adegi [patronal guipuzcoana].

¿Alguna de las personas del estudio que ha pagado forma parte de las personas que iba a pagar al País Vasco francés a esos bares en los que con total impunidad se cobraba el chantaje terrorista a la luz del día?

Se llamaba pasar al otro lado. Incluso algunos te cuentan que fueron a decirles que no pensaban pagar. No os voy a pagar, les decían. Hemos tenido muchos héroes anónimos frente a la extorsión etarra para decir: 'no pago'. Pero no podemos exigir a esta sociedad que todos su miembros seamos héroes. No podemos pasar de catalogar a alguien de héroe a victimario. Con este estudio queremos contribuir al relato de la memoria en este país, y la memoria tiene que ser las de las víctimas, con su mirada. Ellas mismas nos revelan en las entrevistas en profundidad que están preocupadas por que esto no se olvide rápidamente, sino que se construyan las futuras generaciones sobre una regeneracion ética y democrática. Y su segunda preocupación sacar adelante su empresa, más en esta situación de crisis. Les preocupa tener un clima laboral y fiscal que les permita salir adelante y también el debilitamiento de las vocaciones empresariales.

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