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Lanbide, el Tribunal de Cuentas, el Ararteko, la castuza y la ciudadanía


Llevábamos tranquilos una buena temporada, gracias al cambio de Gobierno en diciembre de 2012 y al cariño habitual de muchos medios vascos a los gobiernos naturales del país y no a los 'antinaturales', con el asunto de Lanbide y las ayudas de garantía de ingresos. Pero de pronto, como diría la otra, una conjunción astral ha debido afectar al asunto porque todo han sido nuevas, aunque no buenas, sobre ello. Es casi como si los socialistas volvieran a estar en Lanbide y hubiera que atizar al mono hasta que cante.

Es curioso que a los que habían sido coro habitual, se hayan sumado ahora nuevas voces, o algunas clásicas hayan gritado abiertamente lo que en otras épocas susurraban. Y lo definitivo ha sido la suma al espectáculo de la confusión del denominado ya tópicamente como fuego amigo, casi siempre el peor.

Con tres días de diferencia han salido a la palestra el Tribunal de Cuentas, el Ararteko y hasta alguna parlamentaria socialista alavesa, que desde la más absoluta indigencia intelectual, reconoce no se qué convulsión en Lanbide con la llegada de las ayudas de RGI.

Del contexto de crisis económica, del vergonzante pacto Zapatero-Urkullu para retrasar un año la llegada de las políticas de empleo a Euskadi, del clásico boicot del nacionalismo a que Euskadi dispusiera de autonomía en materia de empleo por los sucesivos gobiernos; del ahogo al Gobierno de López, en especial castigando a su consejera de Empleo y Asuntos Sociales, para que el mayor cambio de la legislatura tuviera lugar en tiempo récord...de eso ni mención. Es lo que ocurre cuando los sistemas políticos se basan en listas cerradas y bloqueadas: que todos los partidos sientan en los escaños de los parlamentos a quienes muestran más servilismo a los aparatos, mejores contactos, encefalogramas más planos o matrimonios políticos, civiles y religiosos más consolidados.

Pero la 'castuza' que rige el poder no acaba aquí. El Ararteko, siempre por encima del bien y del mal, como otras instituciones de este sistema que disfrutamos, cree no decir nada nuevo si revela que se produjeron problemas con el nacimiento de Lanbide y la integración de la RGI y la PCV en sus oficinas. Ni una palabra a lo que esto ha supuesto para los servicios sociales, motivo habitual de sus informes anuales, que ahora sí disponen de tiempo y profesionales para gestionar los bienes relacionales para los que fueron creados, para su función primigenia que se había pervertido con el paso de los años y que habíamos sufrido todos los profesionales que allí trabajábamos. De las zancadillas de aquellos días, de las que estaban bien informados, nada y de lo bueno en los servicios sociales, para qué reconocerlo, si lo malo vende más y justifica instituciones tan interesantes, necesarias y baratas como la suya. Sus inmejorables aportaciones para variar las ordenes anuales de Ayudas de Emergencia Social, que han vuelto a trasladar un problema de financiación al Gobierno y a los ayuntamientos, volviendo también a variar el sentido más puro de una prestación no periódica como las AES, son asunto aparte. Pero el Gobierno actual, por la paz un Ave María, muy propio, cedió. A pesar de que los informes jurídicos de Gobierno avalaban los cambios del ciclo 2010-2012.

“Claro, es que usted era director de formación y garantía de ingresos en aquella época, qué va a decir, vaya rebote que se ha agarrado el ofendido”. Pues no, miren. No.


Ahora sumamos al Tribunal Vasco de Cuentas. Un grupo de políticos semiretirados o ni eso, como el señor Churiaque, que desde sus poltronas bien remuneradas y bajo la designación de los partidos políticos, como el Ararteko, deciden sobre el bien y el mal. Y donde el Ararteko, con razón, señala la falta de medios humanos y de otro tipo con los que hubo que hacer un cambio que permitirá a los ciudadanos y ciudadanas de Euskadi disponer de renta de garantía de ingresos probablemente mientras sea necesario, el Tribunal de Cuentas llama la atención sobre los contratos que se hicieron convocando una bolsa de libre concurrencia y mérito para ejercer de orientador/a en Lanbide en un momento de explosión del desempleo.  Viene a coincidir con los políticos que entonces gobernaban la función pública de Euskadi (al suelo que vienen los amigos) sobre la necesidad de “tirar de la bolsa de empleo de Lakua”. Salvo por el detalle de que no había una bolsa de orientadores porque en Euskadi no había habido unas políticas de empleo con volumen suficiente para merecer ese nombre y en Lakua no había tal bolsa. Su convocatoria según las normas de Lakua (que no estaba Lanbide obligado a seguir por ser un ente público de derecho privado, precisamente para adaptarse a las necesidades ciudadanas) hubiera tardado de seis a nueve meses.

“Oiga señora, vuelva en nueve meses con lo de su paro y lo de su RGI, que ya la atenderemos”. Podría haber sido una respuesta, pero cómo se hubieran puesto el Ararteko, los autodenominados colectivos sociales y hasta algunas insignes miembros de la castuza política alavesa.

“Claro, es que usted era director de formación y garantía de ingresos en aquella época, qué va a decir, vaya rebote que se ha agarrado el ofendido”. Pues no, miren. No. Me sigue dando pena no haber contado con más ayuda de alguna insigne diputación que arrastraba retrasos de más de un año en la RGI antes del cambio (con silencios cómplices de algunos de los protagonistas de este artículo); de la ignominia de alguna capital alavesa que literalmente chapó sus servicios al día siguiente de entrar en vigor la ley, abandonando a los ciudadanos, dirigiéndolos a las colapsadas oficinas de Lanbide en Vitoria, aunque tuvieran cita previa cogida en el Ayuntamiento, algo que no importó, porque en Vitoria hay mucho islamista, que ya dice el pueblo que viven todos de las ayudas y a algún máximo dirigente del municipio estos le sobran. Demasiadas mezquitas para su gusto.

Solo tuvimos un sueño: unos servicios sociales dedicados a la gestión de los bienes relacionales como defienden todos los paradigmas del trabajo social moderno, y una política de garantía de ingresos conectada con las políticas de empleo, como se practica en todos los países desarrollados de nuestro entorno y en ninguna de las comunidades autónomas que nos rodean. ¿Fallos, errores, traiciones?. Posiblemente. Pero el sistema ha cambiado y, aunque tenga que ser con los gobernantes “naturales” de este País, me alegro que ahora al Ararateko el bajar de mil reclamaciones sí le reconforte. A mí no, porque aunque bajo mi gestión superaran las mil, sigo pensando en cada uno de todos ellos. Y también en cada uno de los trabajadores y trabajadoras que entrando a las 8 de la mañana, yo dejaba en el edificio de Txagorritxu, sede central de Lanbide, trabajando después de las nueve de la noche o enviándome correos a las cinco de la mañana. Ojalá que la Relación de Puestos de Trabajo que reclaman les haga justicia, pero que no se confíen, otra castuza, esta de altísimos funcionarios bien cercanos al poder natural de este País, les puede hacer despertar de un sueño en el que llevan tres años: un Lanbide digno, que atienda dignamente, con medios dignos y ciudadanos con derechos entrando y saliendo de sus oficinas, sabiendo que están en las mejores manos, aunque no salieran de una bolsa de Lakua de técnicos medios sin formación en orientación laboral.

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