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El Manifiesto Socialdemocracia 21: los términos del debate

El economista y exministro de Administraciones Públicas de España Jordi Sevilla, durante una entrevista para Europa Press.
6 de febrero de 2026 22:05 h

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Han pasado ya más de veinte días desde que se hizo público por Jordi Sevilla el llamado Manifiesto Socialdemocracia 21 y da toda la impresión de que lo ha sido sin pena ni gloria. Las semanas anteriores a su publicación la prensa de derechas lo vino anunciando a bombo y platillo como “un termómetro de la disidencia interna” del PSOE, esperándose que lo firmaran cuarenta cuadros y dirigentes socialistas, para quedarse al final en un solo firmante, con descarte público de algunos de los anunciados. Los tertulianos de la derecha y ultraderecha esperaban más y sobre todo confiaban en que la militancia socialista y sus cuadros iban a unirse masivamente a lo que consideraban primera gran operación antisanchista desde dentro. Tras un balance tan parco han hablado de “ejercicio conmovedor de disidencia” y finalmente de “decepción”.

Entre los cuadros la reacción ha sido dispar. La dirección socialista ha sido respetuosa, aunque algunos han criticado directamente a la persona. Y en algunos chats y comentarios de militantes ha habido cierta dureza contra Jordi Sevilla, al entender que el debate debía ser interno, dentro del partido y no en los medios, e incluso en algunos casos con acusaciones de “resentimientos, frustraciones, expectativas truncadas y egos”. 

Yo no he compartido nunca esa idea de que el debate socialista ha de ser interno, es decir, solamente interno, con el argumento falaz de que “los trapos sucios se lavan en casa”, porque no se trata de trapos sucios sino de la orientación de la política del partido y del Gobierno, más aún en un momento difícil de la política española, europea y mundial. El debate político de fondo tiene que ser interno, con lealtad, pero también externo, porque además de a la militancia interesa igualmente a todos los y las simpatizantes y votantes del PSOE, a los que no cabe escamotear cuáles son los proyectos y qué tipo de política quiere cada uno. Y desde luego tampoco estoy de acuerdo con la crítica ad personam, tantas veces injusta.

Me parece más interesante hacer un análisis de las posiciones del Manifiesto Socialdemocracia 21, teniendo en cuenta no solo el texto escrito, sino las declaraciones que ha venido haciendo su autor Jordi Sevilla en los últimos meses, conocer qué tipo de socialismo defiende, para mostrar mis desacuerdos de fondo, que son muchos, y algunos acuerdos de interés. 

La afirmación más directa y rotunda del Manifiesto es la petición de un cambio de rumbo político del PSOE, que incluye un cambio en la política de alianzas frente a la “deriva podemita” y los pactos con los independentistas. A la vez que reclama recuperar “un proyecto socialdemócrata autónomo”, expresión esta última que por cierto ya utilizó en 1993 Felipe González para pactar con la derecha de CIU y no con IU y los sindicatos. 

Pero ¿qué se quiere decir con la expresión que el PSOE se ha podemizado? Es sabido que desde 2023 Podemos está fuera del Gobierno y que, salvo acuerdos puntuales, viene manteniendo una muy dura dialéctica contra el Partido Socialista y contra el Gobierno. ¿Qué quiere, pues, decir Jordi Sevilla con aquella expresión? Sencillamente que está en contra del acuerdo con otras fuerzas de la izquierda política y sindical y prefiere algún tipo de entendimiento con la derecha, al menos con el PP, bien la gran coalición bien otro tipo de fórmulas parlamentarias.

Pero no se trata solo de llegar a consensos básicos en cuestiones de Estado, desde luego deseables, sino de que no hay en España ni en prácticamente ningún país europeo “mayorías sociales amplias” a las que el Manifiesto aspira, lo que implica la necesidad de pactar para conformar mayorías parlamentarias. Y en esta tesitura parece claro que Socialdemocracia 21 está en contra del pacto con la izquierda y con las fuerzas independentistas y prefiere un acuerdo con el PP. Desde luego una opción que no comparto y que creo hoy es muy minoritaria en el PSOE.

El Manifiesto se extiende contra el discurso de la confrontación y en el hecho de que “las dos fuerzas mayoritarias” no son capaces de acordar nada, en una especie de equidistancia entre el Gobierno y el PP absolutamente falaz. El PP nunca ha reconocido legitimidad a este Gobierno y se ha negado sistemáticamente a pactar nada de lo básico, de lo relevante, ni la subida de las pensiones o del SMI, ni la reforma laboral, ni la política exterior sobre el genocidio de Gaza, ni la actitud frente a Trump y la ruptura del Derecho Internacional, ni siquiera aspectos clave de la política europea como el acuerdo con Mercosur, nada. Se puede estar en desacuerdo con el grado de polarización existente, pero la responsabilidad no está repartida por igual, en absoluto.

Hay una segunda cuestión, clave en la política del Gobierno, sobre la que el Manifiesto nada dice, la cuestión catalana. Utiliza palabras genéricas y vagas sobre el modelo de Estado, pero en sus declaraciones Jordi Sevilla se ha manifestado en contra de la aplicación de la amnistía. Conviene recordar que el objetivo del PSOE era abordar la crisis del procès buscando salir del laberinto de la judicialización a través de la política, mediante los indultos y acuerdos con las fuerzas políticas catalanas y más tarde, aunque no se pensara inicialmente, mediante la amnistía, que ha resultado clave para el proceso de normalización de Cataluña y que ha llevado a la situación actual, con mayoría del PSC y gobierno de Salvador Illa y con una clara disminución del apoyo social al independentismo.

El Manifiesto no reconoce valor alguno a la política sobre Cataluña, que da por amortizada, pero la oposición a la amnistía es, en mi opinión, signo de una concepción no de la España plural, sino más cercana a la de un nacionalismo español anticatalán propio de las derechas, que en el fondo preferirían ver a los líderes del procès en prisión o inhabilitados antes de que pudieran hacer política normalizada.

Cuestión importante sería saber qué entiende el Manifiesto por socialdemocracia y qué reformas propone, porque no hace mención a ninguna. Eso sí, hace una descalificación completa de la política económica y social del Gobierno de coalición, que define como populista, dado que entiende que los pactos con los independentistas le impiden aplicar políticas socialdemócratas de reparto de rentas y fortalecimiento de los servicios públicos, de manera que serían los más ricos, concluye, los que se están aprovechando del crecimiento económico. Una crítica de rechazo global de la acción del Gobierno, “más allá de medidas positivas, aunque cosméticas”, según afirma.

Resulta sorprendente que un economista como Jordi Sevilla pueda hacer una afirmación de esa naturaleza. ¿Es cosmético que España sea en los últimos años el país que más crece de la UE y cuyo empleo ha pasado de 18 millones a 21,4 millones de ocupados en tres años? ¿Es cosmética una reforma laboral que ha permitido dar un salto en el incremento del empleo indefinido, reduciendo la temporalidad del 26% al 15,1% en cuatro años? ¿O una subida del SMI del 66%, que mejora la renta de los salarios más bajos? ¿O el Ingreso Mínimo Vital, del que ya se benefician 800 mil hogares? ¿O la subida de las pensiones con arreglo al IPC, frente al 0,25% anual que aprobó el PP? ¿O la disminución del abandono escolar temprano desde el 23,5% al 12,8% en pocos años? ¿Es cosmética la política de acogida a los migrantes y la regularización extraordinaria actual? Podríamos dar muchos más datos, pero estos muestran bien como ha habido políticas reformistas que han favorecido claramente a las personas trabajadoras, cuya elusión por el Manifiesto no sé si es maliciosa o simplemente torpe, pero en mi opinión lo desacredita.

Claro que todo ello es insuficiente y que hay algunos problemas muy graves no suficientemente abordados, como el de la vivienda, que afecta a la capacidad adquisitiva precarizando a la clase trabajadora y capas medias. Un problema no solo español, sino de toda Europa y sobre el que las CCAA que gobierna el PP actúan favoreciendo la especulación negándose a aplicar políticas públicas reformistas. O el deterioro de servicios públicos como la sanidad y educación públicas en territorios gobernados por la derecha, que en el caso de Madrid se extiende a la universidad pública. Problemas que entroncan con un escenario ultracapitalista de privatizaciones, acumulación del beneficio privado y fomento del individualismo en nuestro país.

El Manifiesto propone “una reforma fiscal progresista”, sin más datos, obviando algunas actuaciones concretas significativas, como el impuesto a la banca y a las energéticas, o la recuperación del impuesto del patrimonio, o más aún el acercamiento en los últimos años de la presión fiscal en España a la media europea. Una reforma fiscal global es un reto que sigue teniendo la izquierda, pero no tengo claro cuál es la que plantea Jordi Sevilla, teniendo en cuenta que hace unos años propuso una reforma del IRPF con un tipo único, una propuesta regresiva más propia del socialiberalismo, que fue entonces duramente criticada por J.Borrell (“me parece una sandez; un solo tipo no garantiza la progresividad”), Izquierda Socialista e incluso el sector guerrista. 

Sorprende que el Manifiesto atribuya el auge de la extrema derecha al rumbo político del Gobierno, cuando es un fenómeno extendido en toda Europa y en la misma cabeza de USA. Como no sé el sentido de la contraposición de preferir ser hijos de la Transición y de la Constitución a nietos de la Guerra Civil y la Dictadura. ¿Significa que Jordi Sevilla está en contra de la Memoria Democrática? Yo me siento hijo de la Transición y la Constitución y nieto de la República y de los valores republicanos.

Sí hay un punto importante del Manifiesto que comparto, la apelación a la necesidad de “un PSOE fuerte que lidere en el mundo de las ideas y en la acción política una respuesta en un contexto internacional estremecedor”. Pero lo comparto no como aspiración ni como objetivo, como parece apuntar el Manifiesto, sino como una realidad que ya es. Hoy el Presidente del Gobierno español es el líder político de las izquierdas europeas y de América Latina. Así lo reconocen los medios de comunicación más importantes, lo mismo que políticos y sindicalistas de distintos países y los partidos socialistas y socialdemócratas que le han elegido presidente de la Internacional Socialista.

Por último, me ha sorprendido que el Manifiesto no diga nada sobre las limitaciones actuales de la democracia en el PSOE, más allá de insistir en que la transparencia es una clave contra la corrupción y el acoso sexual, lo que comparto, aunque Jordi Sevilla sí ha hecho declaraciones al respecto, que también comparto: el sistema de primarias ha potenciado el liderazgo, pero ha disminuido los contrapesos necesarios en una organización democrática, lo que habrá que revertir.

En definitiva, es verdad que el Gobierno y el PSOE están pasando por un momento complejo y difícil para implantar algunas políticas de izquierdas, con pérdida de apoyos, pero no creo que la opción que representa este Manifiesto sea una vía para mejores políticas socialistas, o simplemente socialdemócratas, sino un giro no se sabe adónde, quizás al socialiberalismo.

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