Nicaragua, en el ojo del huracán

Entierro de víctimas de la violencia en Nicaragua

Sara Vilà

Senadora d’En Comú-Podem —

Nicaragua es conocida en España por la revolución sandinista protagonizada en el año 1979 pero también por los reportajes de Carmen Sarmiento, una vez ganada la guerra, en los que se narraba el asedio de la Contra, alimentada por Ronald Reagan, y que Carmen denunciaba por el suelo revolver en mano para protegerse de los paramilitares.  Sin duda, la situación ha cambiado y el Gobierno de Ortega ya no es el mismo de los 80, muchos aseguran que ya no tiene nada de sandinista y que Ortega se ha convertido en un dictador represor.

Decía Gabriel García Márquez que Nicaragua es el único país que estuvo inscrito en el registro de la propiedad, que perteneció a una familia. Nicaragua fue un país sin identidad que pasaba de mano en mano como la “bien pagá” llegando a ser ocupada por Estados Unidos de 1912 a 1933. Más allá de 1933 el control sobre su soberanía ha sido una constante por parte de los EUA.

La guerra declarada por parte de los EUA al sandinismo no es ninguna fantasía difícil de constatar con documentación histórica reciente, ahora bien, ¿significa eso que las actuales revueltas por parte de la sociedad civil de Nicaragua, sean manipulaciones financiadas y alimentadas por los EUA? Esto es algo más difícil de constatar, puesto que aunque USAID reconoce sin problemas que financia organizaciones nicaragüenses que participan en las revueltas, los primeros en salir a la calle legítimamente fueron los jubilados que no entendieron la cotización del 5% que el Gobierno les planteaba.

Aunque ya había protestas en Nicaragua por parte de los campesinos en contra de la construcción del Canal de Juigalpa, el conflicto estalló a raíz de una reforma del Seguro Social que, por un lado, pretendía incrementar la contribución de las empresas en un 3,5% (del 19 al 22,5%) y de los trabajadores en un 0,75% (del 6,25% al 7%) y, como novedad, pretendía que los pensionistas pasaran a contribuir con el 5% de su pensión al Seguro Social puesto que hasta ahora las pensiones de jubilación no habían cotizado. Todo ello para hacer frente a los dos millones de déficit en el que cerró el INSS el año pasado y para sostener la gratuidad de la medicación según el Gobierno.

Según Paul Oquist, Ministro-Secretario Privado de Políticas Nacionales de Nicaragua, en una entrevista de Alex Anfruns que trata de dar voz también a la contraparte, el Gobierno de Nicaragua trabajó en un modelo de consenso entre empresarios y sindicatos. El malestar de los empresarios empezó con la subida de los salarios mínimos interprofesionales (una subida de un 40% en los 11 últimos años) y reconoce con autocrítica que el Gobierno no fue suficientemente hábil para consensuar con la empresa ni para explicar la cotización a los jubilados

Se entiende que trabajadores y pensionistas salgan a la calle ante la reforma pero ¿por qué protestan los estudiantes? En las primeras manifestaciones del 19 de abril convocadas por los pensionistas, Paul Oquist reconoce que “la policía se excedió, hubo demasiada violencia policial al enfrentar la manifestación pero también se propagó la mentira de que hubo un estudiante muerto en los enfrentamientos… con esa falsa noticia quisieron atraer los estudiantes, y lo lograron”. El segundo día, los estudiantes y los empresarios se unieron a los jubilados y salieron a la calle y hubo dos jóvenes manifestantes muertos y un policía por heridas de bala. Sin embargo, la portavoz de Cruz Roja dijo que había una gran confusión. No se sabía de qué bando eran los fallecidos ni si estaban a favor o en contra de la reforma del Seguridad Social.

Es justo en este momento en el que el conflicto quedó desatado y empezó la violencia entre fuerzas gubernamentales, manifestantes y grupos armados, estos últimos identificados como paramilitares o fuerzas de choque “sandinistas afines al gobierno” según los opositores y sus medios de comunicación afines, e identificados como paramilitares de “extrema derecha, golpistas y terroristas” según el Gobierno. Los enfrentamientos siguieron en los siguientes días y el conflicto siguió cobrándose víctimas en medio de la confusión y relatos sesgados de los medios de comunicación internacionales, tal y como denuncia Max Blumenthal.

El Gobierno llamó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la cual, hizo un informe donde contabilizaba todos los muertos que hubo en Nicaragua des del inicio de las protestas, tuvieran o no que ver con el conflicto y el Gobierno tachó de sesgado el informe. A nadie pareció importarle la opinión del Gobierno porque su deslegitimación ya había empezado, pero el hecho es que los informes de los organismos de DDHH ni si quiera han tenido en en cuenta los sandinistas y los policías asesinados.

En ese sentido, tanto el informe del antropólogo nicaragüense Enrique Hendrix, “Monopolio de la muerte”, donde se detallan los errores de los listados de muertos de los organismos de DDHH, como la página de la Policía Nacional de Nicaragua, donde se detallan los policías asesinados, pueden resultar de gran utilidad para entender la contraparte.

Es importante notar que las organizaciones de DDHH no recogen la vulneración de DDHH que cometen organizaciones que no están en el poder, como sería por ejemplo el caso de los ataques de la extrema derecha, narcotraficantes o la violencia ejercida por los manifestantes. No es su trabajo. Pues se entiende que los Gobiernos ya se ocupan de ello y además tienen los medios suficientes para comunicarlo. Desgraciadamente, no todos los gobiernos gozan del mismo trato por parte de los medios a nivel internacional.

Si se trata de solucionar este conflicto, de parar de forma urgente el goteo de muertos y heridos, hay forzosamente que sentarse a hablar y hacer llamamientos a la paz y al diálogo. No hay otro camino que la investigación independiente, la justica, la reparación y la reconciliación y confiar en la soberanía nacional para ello, sin injerencias. La petición de elecciones es, cuanto mínimo, oportunista por parte de la derecha y no busca en ningún caso la paz ni la justicia sino su propio beneficio. Tanto el reciente Presidente electo de México, López Obrador, Evo Morales o el Partido de los Trabajadores de Brasil, han optado por respetar la soberanía nacional y por confiar en que la sociedad nicaragüense sabrá resolver sus propios conflictos.

Es obvio que los policías que se hayan excedido en el uso de la fuerza o sean culpables de asesinar a balazos a manifestantes tienen que pagar por ello, pero también quienes han asesinado a sandinistas solo por el mero hecho de serlo, y a policías. Quien conoce Latinoamérica, y en especial Centroamérica y el Caribe, sabe la facilidad con la que se consiguen armas de fuego industriales o “hechizas”, armas de fuego artesanales igualmente mortales que hemos visto portaban los manifestantes en todos los medios de comunicación. ¿Se imaginan que los manifestantes del 15M o del 1O hubieran utilizado armas de fuego, hechizas, morteros o quemado edificios en sus manifestaciones? Desgraciadamente ahora estaríamos contando muertos. Lo más triste es que Nicaragua, era hasta hoy, el segundo país de Latinoamérica con menos índice de homicidios por habitante. Nicaragua tiene que seguir queriendo la paz por lo que ha sido y por lo que es.

Hay, sin embargo hechos que duelen des del punto de vista de la izquierda y son imposibles de justificar y es que en Nicaragua el aborto está totalmente penalizado y reprime a las mujeres. Así es. El aborto terapéutico (en el que peligra la vida de la madre) en Nicaragua fue legal y despenalizado hasta 2007, fue una vergüenza y una traición para las guerrilleras sandinistas y para las mujeres de Nicaragua que el FSNL junto con el Partido Liberal Constitucionalista y la Alianza Liberal Nicaragüense, adoptaran las peticiones de la Iglesia Católica y Evangélica que movilizó una gran marcha social para ello con mucho éxito. Sin embargo, no hubo en su momento ni después grandes movilizaciones para derogar esa ley aunque sí ha habido siempre grupos feministas que la han rechazado no han tenido la fuerza suficiente. Es difícil juzgar la sociedad nicaragüense desde un punto de vista europeo pero sí es posible hacerlo des del punto de vista de los DDHH para no caer en un relativismo cultural.

Sin embargo, mi preocupación es que detrás de las actuales protestas no se dibuja ningún tipo de proyecto político alternativo feminista. Los eslóganes piden que dimitan Ortega pero no se perciben eslóganes del tipo “nosotras parimos, nosotras decidimos”. Lo que se divisa es un gran apoyo a la Iglesia y a los empresarios y temo que la alternativa que se construye puede ser todavía más conservadora y sobretodo más neoliberal.

El sandinismo creó empoderamiento en los y las nicaragüenses y por eso Nicaragua sigue siendo sandinista, la pregunta es si su gobierno sigue siendo fiel a los valores que lo llevaron a la revolución. Depende de quien lo mire. Des del punto de vista de la derecha, Ortega sigue siendo excesivamente de izquierdas por la reforma del Seguro Social o por su apuesta por la soberanía alimentaria y del nuevo canal, o por subir en un 40% el salario mínimo interprofesional. Des del punto de vista de una parte del sandinismo y la izquierda, Ortega ha dejado de ser sandinista por sus relaciones con la Iglesia, la penalización total del aborto y la violencia gubernamental con la que ha reprimido las protestas.

Quizás sea un buen momento para la regeneración democrática y para que el FSNL haga un buen ejercicio de autocrítica y de renovación de liderazgos, en cualquier caso, lo que venga, habrá que ganarlo pacífica y democráticamente porque Nicaragua, puede que sea imperfecta y se encuentre en el ojo del huracán, pero desde luego, no es una dictadura.

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Publicado el
6 de agosto de 2018 - 21:58 h

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