Argelia y el tranvía de Constantina

Constantina, Argelia.

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Al llegar a Constantina, por la carretera que viene de Djamila, atravesando los paisajes de la Kabila, lo primero que te encuentras es un tranvía, de aspecto moderno y eficaz, que conecta la zona universitaria, en los márgenes occidentales de la ciudad con su núcleo tradicional. 

Esta ciudad del oriente argelino, la tercera del país en población, tras Argel y Orán, está rodeada de un halo de leyenda. Se la presume la Cirta, capital de la Numidia de Yugurta, que fuera arrasada por Majencio, para ser reconstruida por Constantino. En ella está enterrado Abd al-Qádir, héroe de la patria, símbolo de la resistencia contra el invasor francés y es la ciudad natal del reformador del islam Ibn Badis, inspirador de la identidad nacional. Levantada sobre un promontorio imposible, excavado entre los desfiladeros y las gargantas del río Rumel, sobre este paisaje único la ingeniería francesa hizo un ejercicio de virtuosismo tendiendo puentes entre las distintas plataformas rocosas, separadas por profundidades y quebradas. Hoy es conocida como “la ciudad de los puentes”. 

El contraste de su tranvía y de su monumentalidad me hace recordar la conversación que tuve antes de partir de viaje con un amigo argelino, muy atento a las cuestiones políticas y con sensibilidad e inteligencia para mirar más allá de estas. Me hizo saber que lo que más admiraba de nuestro país, de España, era cómo habíamos sabido modernizarnos respetando nuestro patrimonio histórico y cultural. Me sorprendió. Es cierto que tenemos razones para el orgullo por este patrimonio. Pero no puedo dejar de tener presente reflexiones críticas, ya clásicas, sobre todo ello, como la de Chueca Goitia (“Las ciudades históricas y la destrucción del legado urbanístico español”, 1977). En todo caso, a veces desde fuera se tiene una mejor perspectiva sobre este tipo de procesos. 

Mi amigo añadió algo que me dejó aún más pensativo, y es que veía en este campo un ámbito estratégico donde España podía ser de gran ayuda para Argelia. Entendí que se refería a una ayuda no en términos de donante-receptor, sino en términos de transferencia de conocimiento en el contexto de las relaciones bilaterales comerciales, en conexión con las culturales, en las que se desenvuelven respectivamente, empresas de ingenierías, constructoras, consultoras, estudios de arquitectura y planificación, por un lado, y círculos académicos e intelectuales, por otro.

Tiene mucho sentido lo que apuntaba mi interlocutor. Nuestra experiencia de modernización es muy reciente en el concierto de países occidentales, y por tanto mucho más cercana y útil para los países en desarrollo. Esto es algo que, hace casi veinte años, pude comprobar que se percibía muy claramente en el escenario de competición de ciudades con aspiraciones olímpicas, en relación con el desarrollo urbano y las infraestructuras. 

Recorrer la franja litoral de Argelia brinda la oportunidad de ser testigo del salto metropolitano que están experimentando. Dicha franja, formada por el Tell, y el altiplano, supone el 15% del territorio, pero en ella se concentra el 85% de la población, cuyo 70%, a su vez, vive en ciudades. Lo que nos da una idea de la presión demográfica a la que están sometidas estas. Su crecimiento urbano está siendo “fragmentado y discontinuo”, a través de una “sucesión de paquetes edificados inconexos, apoyados sobre los grandes ejes radiales”, “entre los cuales existen importantes alveolos o intersticios vacíos”, que acaban por ofrecer “un paisaje periférico desarticulado”. Aclaremos que todos los entrecomillados, perfectamente aplicables al presente argelino, están extraídos de descripciones del caso español de los años 60. En un contexto de esta naturaleza se entiende la importancia de la conectividad, esto es, de las infraestructura y servicios de transporte publico masivos. Y en ello el sector empresarial y profesional español dispone de capacidades y habilidades bien conocidas.

Trato de informarme sobre la presencia de este sector en el caso del tranvía de Constantina. Y enseguida compruebo, efectivamente, la implicación de las empresas españolas en la construcción de la infraestructura y en el suministro del material rodante, no solo de este tranvía, sino de los otros que ya operan o van a hacerlo pronto en Argelia; es el caso de empresas como Isolux Corsán, Idom, Prointec, Sener, o la planta que Alstom tiene en Santa Perpètua de Mogoda (Barcelona). 

Estamos, en realidad, ante un macroproyecto. El gobierno elaboró un gran plan para implantar servicio de tranvía en las 14 mayores ciudades del país. Ya lo tienen funcionando Argel (2011), Orán (mayo 2013), Constantina (julio 2013), Sidi bel abbes (2017), Ouargla (2018), Setif (2018) y Mostaganem (2021). Además se ha estudiado la viabilidad del tranvía para los casos de las ciudades de Béchar , Béjaïa , Biskra , Blida , Bouira , Chlef, Djelfa , Jijel , Mascara , M'Sila , Relizane , Skikda , Souk-Ahras , Tébessa , Tiaret y Tlemcen. Es un caso único, excepcional en África, esta apuesta por el transporte público, y en concreto por el tranvía.

En este punto ha lugar seguir recordando las observaciones de mi amigo argelino. Invocando la autoridad de Fernand Braudel sobre el Mediterráneo, se lamentaba de cómo era mayor el conocimiento mutuo y la relación entre argelinos y españoles y gentes mediterráneas en general, en los tiempos de Felipe II respecto a lo que sucede en nuestros días, y ello a pesar de tanta oferta tecnológica de información. En definitiva, venía a decir mi amigo, se era más cosmopolita entonces. Con esta amnesia, o aculturización, España pierde su otra ventaja competitiva, la que debería resultar de la conciencia y el cultivo de la trama de afectos y vínculos en la que se ha desenvuelto nuestra vecindad durante siglos, un factor esencial cuando se trata de actuar en el ámbito sutil del urbanismo, en sentido amplio, en el que cabe incluir también, la delicada integración de los tranvías en la urdimbre de la ciudad existente y de la ciudad emergente. O los edificios de viviendas, o el destino de los espacios intersticiales con vocación de áreas verdes csiendo la ciudad, como la explanada de Ali Mendjeli que se proyecta en Constantina como bulevard y parque urbano. Es aquí donde el componente cultural, patrimonial, de legado, incluso de identidad, debería dar al sector español un papel estratégico, como desea mi amigo argelino, que se duele de las hechuras, en ese sentido, de las empresas constructoras chinas. Cuánto está en juego para las dos partes en todo ello.

No es baladí recordar las presencias en la Bugía medieval de Raimundo LLull o de Ibn Khaldun, o las diásporas “españolas” de judíos y moriscos, del XVI y el XVII, o los tiempos del Cervantes cautivo en Argel, o aquel Oranesado, durante siglos lugar de confinamiento de nuestros nobles rebeldes. Pero sobre todo recordemos a aquella emigración levantina, que por decenas de miles, encontró allí una oportunidad para reinventarse, huyendo de las sequías de mediados del siglo XIX, y que en los tiempos felices dio lugar a bandas de música y hogueras yendo de una a otra orilla. O las esperanzas de embarque del reducto republicano del sureste al final de la Guerra Civil, simbolizadas en el buque Stanbrook. Hace seis años, la Universidad de Alicante publicó un libro coral, coordinado por Naima Benaicha Ziani (“Argelia. Una mirada desde las dos orillas”) que ayuda a reconstruir esa conciencia y esa cotidianidad de nuestros lazos. Con ese mismo espíritu escribió, al mismo tiempo, Javier Reverte, su libro “tras las huellas de Albert Camus” (“El hombre de las dos patrias” 2016), en el que se recuerda aquella calle de Orán que sólo tiene números pares, porque los impares están al otro lado del mar, en Cartagena. 

En las novelas de Camus las referencias a los tranvías son reiteradas y sustanciales. Su evocación en La Peste nos hace recordar lo que escribimos en las “páginas” de este mismo periódico sobre nuestros transportes públicos en los peores días de la pandemia, símbolo del sentido comunitario de nuestra sociedad. Precisamente el tranvía es protagonista de la que se considera la frase más celebre de Albert Camus, la que expresó en la Universidad de Upsala, al día siguiente de recibir el Premio Nobel, respondiendo a un activista del FLN que le increpó: “En estos momentos están poniendo bombas en los tranvías de Argel. Mi madre puede estar en uno de esos tranvías. Si eso es justicia, prefiero a mi madre”. 

Muchos años después, el propio Abdelaziz Bouteflika, presidente del país desde 1999 y uno de los fundadores históricos del FLN, diría en relación con esa frase: “cuando dijo que, entre la justicia y su madre, escogería a su madre, demostró ser un verdadero argelino”.

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