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Feminismo goloso y vibrante

Una feminista levanta el puño en una concentración feminista en la Puerta del Sol el pasado 8M.

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Desde hace un tiempo un puñado de mujeres, de sur a norte y de norte a sur, vienen reivindicando entre los feminismos, un feminismo del goce, uno que mientras habla de derechos y contra la violencia de género, coloca el cuerpo y el deseo también en el centro, como parte de la vida. "Las mujeres llegamos tarde a nuestros cuerpos", escribe la autora de Feminismo Vibrante, Ana Requena, periodista de este diario que ha seguido como nadie el caso de la Manada, la encargada de que el machismo no se cuele entre las líneas de lo que escribimos, y también una de esas mujeres que ha vivido en primera línea la explosión feminista de los últimos años en este país. Fue una de las comunicadoras que, junto a otra periodista de este diario, Marta Borrás, encendió la mecha entre miles de periodistas que por primera vez se organizaron para luchar contra el machismo en sus medios de comunicación y que se hicieron sentir como nunca aquel memorable 8 de marzo huelguista de 2018.

Llegamos tarde a nuestros cuerpos pero no demasiado tarde. Y nos hemos puesto las pilas, no solo del satisfyer. Requena, cuyo ensayo testimonial está en sintonía con las miradas de otras autoras que se han convertido en referentes de este feminismo en sus países, como la argentina Luciana Peker, o las colombianas Catalina Ruiz Navarro y María del Mar Ramón, defiende como ellas la máxima de que si no podemos gozar no es nuestra revolución. El suyo es un llamado para no caer en la trampa de postergarlo una vez a favor de otras causas como si éstas fueran excluyentes. Y es la réplica a quienes juzgan, también dentro del feminismo, la vivencia del placer y la sexualidad como una postura individualista, negando todo lo que llevamos aprendido a cerca de la incidencia política y colectiva que tiene el factor de la intimidad.  

Este libro empieza con un viaje que la escritora hace sola y con un montón de masturbaciones. Y es el punto de partida para un recorrido directo y revelador por los últimos hitos de la lucha feminista, el Ni una menos, el MeToo y la pelea por el consenso social en torno al consentimiento, hasta llegar a que solo sí sea sí. Este feminismo rebate la manipuladora posición de los neomachistas que intentan etiquetar la lucha de las mujeres contra la violencia sexual como puritana. Así responden desde el feminismo: Ante el mandato patriarcal de disciplinarnos a través de la violación, como diría Rita Segato, ante la tentación de ceder ante el miedo, las mujeres salen a la calle, viajan, bailan, se tocan, desean, perrean, transitan, follan, pero también se cuidan, se respaldan, se acompañan. Revientan estereotipos que las hacen sentir incómodas en sus cuerpos, revisan sus formas de relacionarse, habitan o no la maternidad a su manera, despatriarcalizan sus camas, descolonizan sus vidas. Se mandan mensajes al móvil para contar que se hicieron una paja feliz o para saber si sus amigas llegaron sanas y salvas a casa. 

"Lo que jode es el deseo", suele decir Peker, autora de La revolución de las niñas, el libro sobre las jóvenes que impulsaron la marea verde por el aborto legal (la generación "del punto G", de género y goce), y de Putita Golosa, quizá el libro más citado en Feminismo vibrante. Ante el terror sexual, sostienen Requena y Peker, el deseo se ofrece como núcleo de la autonomía femenina. "Aspiramos a reconectar con nuestro placer, un derecho tantas veces vulnerado", escribe Ramón en su libro Tirar y vivir sin culpa. La sujeta deseante se reconoce vulnerada pero se niega a ser eternamente víctima, y exige no ser penalizada por luchar por la libertad de ejercer su deseo. En desacato y vibrando. No se me ocurre un feminismo más pertinente.

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Publicado el
18 de septiembre de 2020 - 22:42 h

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