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Opinión - 'La jauría humana', por Rosa María Artal

La jauría humana

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras el Consejo de Ministros extraordinario en la Moncloa, este viernes.
20 de marzo de 2026 22:21 h

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Ya es terrible coincidencia que cada vez que España y el mundo viven un momento crítico haya que bregar, aquí, también con una derecha -política y mediática- verdaderamente infame. Ahora inmersos en la hazaña delirante de Trump y Netanyahu que ha trastornado todo para desatar un caos al que no se ve salida inmediata y que ya causa daños graves. Aunque igual lo ven, precisamente, como una oportunidad para el descabello del odiado rival.

Un nuevo líder del Partido Popular lo ha vuelto a hacer. Feijóo se ha ido a Europa a poner lo que se llama “a parir” al presidente de su país, a decir en Bruselas las barbaridades que suelta aquí. Lo más suave fue que “Sánchez está alejando a España de las democracias occidentales de toda Europa”, nada menos. Feijóo cuenta con el apoyo imprescindible de Dolors Monserrat, la política que ha dedicado toda su carrera europea a trabajar por su partido y tratar de hundir al gobierno de España aunque ello implicara daños a nuestro país y su sociedad. “Sánchez es un paria en Europa, un segundo Orbán, una persona que pone frenos y obstáculos a la unidad de Europa”, se destaca ella misma de la complaciente entrevista que le hizo El Mundo.  Es una costumbre en el PP. Cuando la crisis/estafa del capitalismo en 2008 que se cebó con los países del sur de Europa, tijera en mano, Rajoy estuvo a la altura también. De la suela de los zapatos. “Europa ha cantado las cuarenta a Zapatero”, el ultimátum de la UE es “algo que no habría ocurrido” si el presidente del Gobierno “hubiera actuado a tiempo” y hubiera seguido las recomendaciones del PP. Así no hubiera tenido que ser la Unión Europea -con mayoría del Partido Popular- quien “le impusiera” el recorte de su deuda pública, pregonaba. Las recomendaciones del PP eran recortes en el “gasto” social que practicó cuando llegó al gobierno.

Lo de Pablo Casado fue patético porque se esforzó en “chivarse” al presidente de la Comisión -Juncker, entonces- de que el nuevo gobierno socialista, ya presidido por Pedro Sánchez era “un desastre”, dicho de carrerilla en un pasillo y sin advertir que le estaban grabando las cámaras.

Lo de ir contra Sánchez es desde el primer día y ha llegado, con éxito, a niveles de jauría humana con una auténtica legión de descerebrados que se han dejado llenar su materia gris con insidias. Ha sido llamativa la respuesta a la postura que el presidente español ha dado a la guerra ilegal desatada por Trump y Netanyahu que ya tiene al mundo en llamas. Los elogios s Sánchez no cesan fuera, mientras la derecha se ensaña con él dentro de España.

“La postura del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, condenando el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán lo convirtió inicialmente en una figura atípica en Europa. Ahora todos quieren sumarse a su postura”, destacaba el influyente medio estadounidense, Politico Europa, que se distribuye como periódico, radio, revista y medio digital. Entre otros muchos de todas partes y de ciudadanos particulares.

El Financial Times señalaba a España como “ejemplo a seguir” también para superar la crisis energética por el conflicto en Irán por su apuesta y “rápida implantación” de energías renovables: “Es una hazaña notable”. En tiempos de nuevos impulsos a la nuclear que abastezca el hambre sin fin de los centros de procesamiento de datos IA es ir contracorriente, desde luego.

Y, cómo será el odio prendido en una serie de personas anónimas, que se molestan en contestar a medios prestigiosos contándoles los bulos patrios de todo tipo que han engullido. La presunta corrupción de sus dos secretarios de Organización es un hecho grave, que hemos constatado, pero no está sentenciada. Tampoco los escandalosos procesos que le han abierto a su esposa y a su hermano, a pesar de la insistencia del juez que lleva más de un año buscando indicios con un llamativo empecinamiento para condenar a Begoña Gómez, sí o sí. Y sobre Sánchez no hay prueba alguna. Y esto cuando, según un estudio de La Vanguardia, el PP es responsable del 40% de la corrupción judicializada en España, por delante del 16% del PSOE y el 4% de Convergència. La mayor parte de los casos están pendientes de juicio (más de 30 del PP) y se da la curiosa circunstancia de que, cuando son del PP, se dilatan por décadas incluso hasta su prescripción, y al fiscal general lo juzgaron en un abrir y cerrar de ojos. Y sin pruebas.

Todo esto es demasiado serio, muy grave. No se trata de simpatías o antipatías, sino de lo que es justo. Y los ataques cargados de bulos a Sánchez son mafia y fascismo, para nada política. Forman parte de una cadena que en estas últimas legislaturas se lanzó primero contra Podemos, con las sucias cloacas policiales del gobierno de Rajoy, como una bomba que causó daños ciertos e incluso cambiaron el curso de las elecciones y de España. Otro caso aún sin sentencia, por cierto. Y con la colaboración de medios supuestamente informativos. Que el odio imbuido hacia Sánchez obvie todo esto es un dato sobresaliente para entender la España de hoy.

En la película 'La jauría humana' que dirigió Arthur Penn en 1966 -con actores del calibre de Marlon Brando, Robert Redford, Jane Fonda, Angie Dickinson y Robert Duvall- se constata que si estas cacerías logran ponerse en marcha es por la complicidad de otras muchas personas. Por su silencio incluso. Y cuando ocurrió con Podemos, el PSOE calló. Pero ni mucho menos funciona la venganza de nuevos silencios que no ayudan sino a los ejecutores. Por el contrario, hay que luchar juntos, todos los demócratas, honestos, responsables, por erradicar estas prácticas que van en aumento y en total impunidad.

Déjenme que les muestre el llanto de una madre judía en Israel y las críticas que suscita.

Tarde y duramente se aprende a veces que no se debió consentir ninguna cacería arbitraria: es la justicia la que debe funcionar. Hay una diferencia esencial entre denunciar hechos ciertos que sí son noticia y desacreditar cualquier acción legítima del político o gobierno al que se quiere abatir. Hay una diferencia total entre buscar responsabilidades por daños a la ciudadanía y sembrar de insidias la trayectoria del político o gobierno que se quiere aplastar. Y parece que estos conceptos no están claros, cuando todos tenemos en la mente ejemplos de lo que describo.

Porque también hay que dar dos vueltas, diez si es preciso, a los bulos que se difunden, calumnias en su verdadera definición, fruto privilegiado de nuestro tiempo. También la literatura y el cine nos han llenado de argumentos donde se ve la devastación que producen. Los tenemos en la vida real. Es extremadamente difícil recuperar el prestigio, o la dignidad que no es poco, cuando han caído sobre una persona toneladas de mierda fabricada para dañarle. Los principales surtidores son los propios políticos de la derecha y sus medios sufragados... con nuestro dinero, lo que ya es el colmo.

Hace tiempo que se tenía que haber solucionado esto porque, al no hacerlo, ha ido tan lejos que parece casi inalcanzable la solución. Durante 8 años de gobierno ha habido tiempo suficiente para haber atajado las injurias impunes, los ataques, la sinrazón, la fachosfera que no paraba de crecer y que ya se siente orgullosa de su poder. Y ya tenemos a generadores de basura tóxica que van directos al logro de sus ambiciones. Y cualquiera con dos dedos de frente deduciría que la mala gente lo es con todo el que se le ponga por delante.

No es tan frecuente en la supuesta contienda política llegar a denigrar -desacreditar, deshonrar, desprestigiar, difamar, infamar, vilipendiar, ultrajar (ay lo del galgo de Paiporta, qué soez insulto)- al rival con fines personales. Solo recuerdo haber visto a esta derecha española que he citado y a Donald Trump que no ha podido ser más cruel con su predecesor Joe Biden. Crueldad, no crítica. La deshumanización fascista cuando solo les bastaría mirarse al espejo y verse en su realidad.

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