Navidad en la España encabronada

Arrimadas, la semana pasada, exigiendo aplicar el 155 "antes de que pase una desgracia" en Catalunya

Se quedan sin calificativos en la España encabronada. Si el odio cotizara en Bolsa habría periódicos, radios y televisiones que ya habrían multiplicado por mil su valor. No hay nada que encabrone más a la España encabronada que ver cómo no se cumplen sus profecías. Habían anunciado un Armagedón en Catalunya el 21D, seguros como estaban que la Catalunya encabronada no les iba a fallar e iba a haber más violencia que en una película de Nicolas Cage. Pero ya no se puede confiar en los independentistas ni para eso. Hubo reunión presidencial, consejo de ministros y manifestaciones y protestas como en cualquier país normal, como si fueran posibles una España y una Catalunya desencabronadas.

La España encabronada

Imagínense a la pobre Inés Arrimadas no sabiendo qué hacer con su querella preventiva contra las monstruosidades que se iba a perpetrar el 21D, o a Pablo Casado, máster en psiquiatría avanzada por UESC (Universidad Española de Su Casa) teniendo que explicarnos de nuevo cómo se puede llamar desequilibrado a alguien sin insultarlo mientras se le ve hablando tranquilamente. La gente normal reaccionaría callándose o incluso rectificando. Pero el español encabronado solo constata nuevas evidencias que le reafirman en su encabrone. No hubo sangre en Barcelona porque ahora mandan los CDR en Catalunya, proclamó Arrimadas; el desequilibrio ahora está en Moncloa, el verdadero centro de mando del independentismo; concluyó Casado; la complejidad es de cobardes.

A falta de hazañas bélicas con que indignarse, la España encabronada ha elevado a los altares a un mosso que le espetó a un manifestante que "la república no existe, idiota". Lo cual plantea la interesante cuestión de qué hacía allí el mosso si la república no existe; al menos el chaval sabía por qué estaba allí. En este relato encabronado de España hablar es humillarse, negociar es traicionar y acordar es rendirse; y el español ni habla, ni negocia, ni acuerda, porque ser español es lo más grande que hay y con eso ya está todo dicho. Y quien no lo entienda, no es español; por lo tanto, se merece todo cuanto le pase y más.

No van a ser unas navidades fáciles para la España encabronada. A esa dramática estampa de familias divididas que ya no pueden hablar de política, como curiosamente sucede siempre que la derecha no está en el poder, cazadores abatidos por jaurías de animalistas enfurecidos, toreros con el rabo cortado por salvajes antitaurinos, caballeros españoles violentados por ejércitos de feminazis y migrantes matando carneros en los descansillos, ha de sumarse la tristeza de ver cómo Pedro Sánchez come el turrón en la Moncloa y aún habrá que esperar para darle su merecido. Menos mal que el Real Madrid se ha vuelto a hacer con el Mundialito ante el poderosísimo y legendario Al Ain Football Club. Aún podemos desencabronarlos. Bo nadal.

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Publicado el
23 de diciembre de 2018 - 20:32 h

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