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El peligroso auge del nacionalismo cristiano

Ayuso durante la bajada del cuadro de la Virgen de la Paloma en agosto de 2025.
21 de marzo de 2026 21:47 h

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Al mismo tiempo que Trump se fotografíaba rodeado de líderes religiosos evangélicos que imponen sus manos sobre él y declaraba una guerra disfrazada de cruzada, la Conferencia Episcopal advertía del emotivismo religioso en su nota “Cor ad cor loquitur”, el corazón habla al corazón, en la se pronunciaba contra el peligro que supone concebir la fe y la religión como una sucesión de experiencias de impacto (conciertos, misas multitudinarias, procesiones) en una búsqueda sentimental de emociones religiosas. En EEUU es cada vez más evidente el ascenso de líderes religiosos cuyo objetivo es establecer un dominio cristiano y blanco sobre la sociedad y el gobierno. En España, la iglesia católica actúa de contrapeso de estos movimientos evangélicos muy populares en todo el continente americano, lo que impide que tengan éxito iglesias como Mercy Culture y su brazo político For Liberty & Justice, de gran influencia en el conservadurismo estadounidense. Sin embargo, la popularidad de los retiros de Effetá o Emaús o de los conciertos de Hakuna, y su acercamiento a líderes políticos como Isabel Díaz Ayuso, han provocado la respuesta de los obispos españoles. 

En su libro de 2005, Holy tears, weeping in the religious imagination (Lágrimas sagrados, el llanto en la imaginación religiosa) Kimberly Christine Patton y John Stratton Hawley exploran el poder de las lágrimas y el emotivismo religioso tanto en la vida espiritual como en la pública: “Las lágrimas son vehículos de sentimientos demasiado profundos para el lenguaje: el dolor del exilio, la luz del éxtasis, el peso de la memoria, la herida de la empatía. Las lágrimas asociadas a la religión resisten el proceso intelectual abstracto, son guardianas de una emoción que elude un cierto rango de normalidad”. Emil Cioran, pensador atormentado y sarcástico, habló del llanto y de la emotividad religiosa en “Lágrimas y santos”, una obra escrita entre 1936 y 1937, mientras era profesor de Filosofía y Lógica en un instituto de la ciudad rumana de Brasov, y que puede leer a la luz de la influencia creciente del nacionalismo cristiano en la administración Trump. “La vida no es sino una constante crisis religiosa, superficial en los creyentes, perturbadora en los que dudan”, escribe Cioran, que ataca a los enviados de Dios: “Todo habría sido mejor sin los santos. Nos habríamos ocupado cada quien de lo suyo y estaríamos contentos con nuestras imperfecciones. Su presencia, en cambio, provoca complejos de inferioridad, desprecio y envidias inútiles. El mundo de los santos es un veneno celestial”. 

Este “veneno celestial” del que habla Cioran resume un fenómeno que pasamos por alto cuando analizamos el éxito de Donald Trump: la creciente prominencia de las iglesias hiperpolitizadas como Mercy Culture, que se han convertido en un poder clave dentro de la coalición maga. En comparación con la iglesia católica tradicional y el Vaticano, la cohorte de pastores, influencers y autodenominados profetas que imponen sus manos sobre Trump ofrecen una versión de la fe que es a la vez más mística, más emotiva y más militarista, con una clara retórica política de apoyo al nacionalismo blanco. La influencia sobre las nuevas generaciones crece, y la presidenta de la Comunidad de Madrid es una de las líderes política española que está copiando este marco, con sus alusiones a su hasta ahora inexistente fe y su concepción de España como una nación cristiana que debería ser gobernada como tal. En este momento de Guerra Santa que estamos viviendo, Netanyahu alude a Jesucristo para advertir de que no tiene ventaja sobre Genghis Khan: “Si eres suficientemente fuerte, suficientemente implacable y suficientemente poderoso, el mal vencerá al bien. La agresión vencerá a la moderación”, dijo, para luego explicar que la moral no basta para ser bueno y justo, lo que fue acompañado en redes sociales de memes en los que Jesucristo aparecía armado y vestido como un soldado del ejército israelí.

El fervor pretendidamente religioso se ha completado con el gurú tecnológico y empresario Peter Thiel insinuando en la misma Roma que el Anticristo es todo aquel que se oponga a su ideología de control y sumisión. El movimiento ultraconservador está dejando atrás su guerra contra lo woke y se está orientando hacia un nacionalismo religioso en el que características como el antifeminismo se encuadran más en una visión cristiana evangélica de la mujer y de la familia, que se extiende hacia el concepto de nación. Los jóvenes españoles que vibran con Hakuna o pululan de retiro en retiro en busca de un arrebato místico son la avanzadilla de este nacionalismo religioso, ultra y militarista que ya es una realidad en EEUU. 

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