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La política súbita y el suicidio de Larra

La ministra de Educación y portavoz del Gobierno, Pilar Alegría.

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Un día de estos moriremos de política súbita. En un mes normalito como el último se ha seguido debatiendo a dentelladas la ley de amnistía, se han tumbado los presupuestos en Cataluña, se han convocado elecciones anticipadas en esa comunidad y han estallado dos escándalos graves de corrupción: el caso Koldo y el caso del novio de Ayuso, un tipo brillante que se ha hecho rico gracias a su talento y esfuerzo. 

Vivimos en la campaña electoral permanente, el escándalo constante y el debate público con lanzallamas. En parte, porque los medios se han dado cuenta de que la política-espectáculo logra un impacto emocional que engancha a la audiencia. O la enganchaba, porque la gente empieza a cansarse de ver la misma función molesta. Bajo ese ruido furioso se habla de las cosas del comer, pero se emiten en otra frecuencia de banda: el consenso genera menos atención.

Este miércoles se aprobó en el Congreso eso que sabe todo el mundo: la Ley de Amnistía. También se aprobó una ley importante: la de Enseñanzas Artísticas, que impulsará la formación en creación artística y literaria de las próximas décadas. Estuve allí para verlo y fue una delicia de debate. Se expresaron las discrepancias normales en democracia, en un tono mayoritariamente constructivo. Esta norma ha suscitado el acuerdo del PSOE con numerosas fuerzas parlamentarias y la abstención tolerante del PP. Sólo por eso ya debería ser noticia. 

La Ley de Enseñanzas Artísticas equipara, por fin, las escuelas superiores de danza, música, cine, escritura, teatro, etc., a la enseñanza universitaria. Esto significa que se homologan a sus pares europeas. En un país como España, en el que la cultura representa la mejor expresión de nuestra marca-país, como recordó la portavoz del PSOE, Mª Luz Seijo, es una gran noticia. Para el resto del mundo somos una potencia cultural de enorme influencia. Para la regulación española, hasta ayer, una escuela de escritura tenía la misma consideración que una academia de barrio.

Esta ley beneficiará a unos 140.000 estudiantes y 14.000 docentes, según recordaron la ministra Alegría y algunos portavoces. El sector cultural y artístico da empleo a unas 700.000 personas y representa el 3,3% del PIB. Al incluir la formación en el sistema de educación superior, se dignifica la creación. Además hay ventajas concretas: a partir de ahora las futuras escritoras, cineastas, bailarines o artistas, recibirán las mismas becas que los estudiantes universitarios (y no las de bachillerato como ocurría hasta ahora). Entre las materias que imparten estas escuelas artísticas, algunas como la escritura creativa tienen un enorme potencial de crecimiento, pues en el ámbito latinoamericano centros como la Escuela de Escritores son ya una referencia. A partir de la entrada en vigor de la ley, se podrán crear Campus de las Artes mediante la asociación de distintas disciplinas. Se ha sembrado una semilla para que la industria de la educación artística florezca. 

Todo esto se ha aprobado sin ruido, con un minucioso trabajo del Ministerio y los grupos parlamentarios que ha durado meses, ya desde la pasada legislatura. Necesitamos que trabajen así, para que sigan sacando adelante las leyes que cambian la vida de la gente, y para ello también hay que elogiar el buen trabajo parlamentario, porque si sólo obtienen portadas los marrulleros, la mayoría de los políticos querrá dedicarse a crear problemas y no a solucionarlos. 

Cuando Larra regresó a España después de una estancia en París, en 1836, escribió aquel célebre y deprimente pasaje. No soportaba la comparación con el ambiente intelectual y creativo que había visto en Francia: “Escribir en el centro de la civilización es escribir […]. Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta”. Ese texto no acaba ahí, sigue diciendo de España: “Cuando en política tenga Talleyranes o Periers, cuando en armas tenga Soults, cuando en su Cámara tenga Thiers, cuando en ciencia tenga Aragos, entonces tendrá en literatura Chateaubrianes y Balzacs”. Semanas después de escribir esto se pegó un tiro en la cabeza (tenía también otros problemas, no vamos a negarlo). Hace tiempo que España está en el centro de la civilización, pero esta ley lo refuerza: hoy Larra quizá se suicidaría un poco menos. Tampoco sé si la política súbita produce Talleyranes, pero los diputados y el Ministerio de Educación han hecho un buen trabajo. Ayer dieron un gran paso para que escribir, bailar, pintar o actuar no equivalga a llorar. Chapeau. Cuando acabó la votación saludé a algunos viejos conocidos y dejé a toda prisa la tribuna de invitados: comenzaba el enésimo debate de la amnistía.

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