Putonegromaricón

Neonazis en el barrio de Chueca proclamando su homofobia el 18 de septiembre de 2021.

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En su potente concierto del pasado viernes en el Festival Tomavistas de Madrid, el artista Putochinomaricón dio una fiesta y siguió dando también revolución. La revolución de unos temas que denuncian, a golpe de baile y osadía, a racistas, homófobos, clasistas, especistas o capacitistas. Desde el enorme escenario del IFEMA, calificó a los de Vox como “trozos de mierda”, y volvió a explicar que su nombre artístico responde a la reapropiación, para desactivarlos, de los insultos que reciben las personas como él, chinos o maricones. Deslumbrante de arte, sigue en lucha el activista Putochinomaricón. Su actuación coincidió con una noticia que ha despertado de nuevo las alarmas de la opinión pública. Mientras Chenta Tsai Tseng (su nombre antes de la violencia social) nos recordaba cuánta “gente de mierda” hay a nuestro alrededor, los medios de comunicación se chupaban los dedos tecleando teletipos sobre la ‘viruela del mono’. Los primeros casos de esa enfermedad detectados en nuestro país fueron suficientes para que se publicara un chorro de noticias asegurando que el mal procede de África y sus víctimas son hombres que mantienen relaciones homosexuales.

Nada se había contrastado aún sobre la viruela del mono, pero una vez más ya había nacido un Putonegromaricón al que llamar así por la calle, al que mandar a su puto país para que no nos contagie, razón mucho más convincente, en la era de las pandemias, que esa de que el puto negro me roba mi trabajo. Los periódicos y las televisiones se apresuraron a abrir secciones en directo sobre la evolución de los casos detectados, sobre la evolución de la noticia misma. Dios (o la ciencia o los gobiernos o la suerte) nos libre de empalmar una pandemia con otra, pero, aparte de las personas infectadas, ya había un virus infectando la percepción social. Chino y maricón junto no mola al mainstream, esa es la verdad. Pero negro y maricón ya es el colmo. Al menos los putos chinos parecen todos iguales (casi no se nota ni si un chino es maricón), pero son muy trabajadores y apenas hablan, así que no molestan. Los putos negros, sin embargo, son lo peor. Todos parecen iguales también, pero además son vagos, gritan, se pelean, y es un escándalo de pluma el que sale maricón. En lo que sí coinciden chinos y negros es en traernos enfermedades, deberían irse todos a su puto país. A los maricones nuestros ya los mandaremos a tomar por culo, pero al menos son de casa.

Pasaron unas pocas horas para que los medios aclararan que la viruela del mono no es una ETS (Enfermedad de Transmisión Sexual) ni se contagia solo entre hombres. Pero ya estaba en pleno entrenamiento el deporte nacional (como canta también Putochinomaricón) del estigma homófobo y el terraplanismo racista. Los de Vox debieron pasarse la noche frotándose las manos. Virus, negro y maricón es un puto filón para la violencia de su discurso. La directora general de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, Elena Andradas, ayudó mucho vinculando la viruela del mono con las relaciones entre varones homosexuales. “La mayoría”, dijo, aunque debiera saber ya que, según los expertos, el virus de la viruela del mono se transmite además por secreciones respiratorias, por heridas en la piel o por contacto con tejidos infectados. Les da igual que al ortopoxvirus de la viruela se añada el virus social de la homofobia. Se diría que les favorece. Si encima el pecado es africano, palo al mono.

Las organizaciones LGTBIQ+ ya alertan sobre la estigmatización de los colectivos que las componen. Pasó con el SIDA y puede volver a suceder. Ni siquiera con la pandemia del covid-19 ha aprendido la humanidad todo aquello en lo que se insistía cuando el confinamiento y la muerte dio tanto tiempo y motivos para pensar. Volvimos a ser la misma gente de mierda que señala Putochinomaricón. Más, como apuntan ciertos triunfos políticos. Es deporte nacional. Ya circula la presunta información de que la viruela del mono tuvo uno de sus focos iniciales en una sauna gay de Madrid. Lamento si ese foco ha podido afectar a algunos de los muchos amigos que las frecuentan. Lo que desde luego puedo asegurar es que no se les podría llamar por la calle Putonegromaricón. La mayoría no lo son. Algunos no son ni maricón.

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