Responsables
Lo que corresponde en un día como hoy es asumir responsabilidades. Y en ocasiones ocurre que no somos culpables de algo, pero eso no nos hace menos responsables.
Las personas que creamos opinión en España y que durante años no hemos incidido más en la necesidad de hacer reformas drásticas en el Estado para que pueda actualizarse y responder a las demandas de la sociedad y del mundo del siglo XXI, somos responsables del accidente de ayer.
Y yo lo quiero asumir en primera persona.
Antes de escribir este artículo, he repasado lo que he publicado en los últimos años, buscando textos que hablen de la necesidad de invertir más en infraestructuras, o de reformar las instituciones para adaptarlas al siglo XXI. O de cómo le fallamos a la gente cuando no ponemos el país al día. He encontrado muy pocos. Desde luego, no los suficientes como para decir que he insistido en la transformación que hubiera evitado el accidente.
Y eso es una contradicción, porque no hay defensa posible de lo común que no pase por exigirle que funcione, y que funcione lo mejor posible. Lo común que no da resultados acaba perdiendo, más tarde o más temprano, la confianza de los ciudadanos, como nos está pasando ahora.
Yo soy responsable del accidente de tren en el que ayer murieron decenas de personas porque durante muchos años he sabido que la administración pública española no funciona bien y que necesita profundas reformas, pero casi nunca lo he dicho.
Muchos departamentos dentro de la administración general del Estado siguen liderados por personas que llevan muchos años trabajando y que no tienen ningún incentivo para renovarse ni para actualizarse. Al contrario, tienen todos los incentivos para que su trabajo cambie lo menos posible y no verse así desplazados a sí mismos. Los responsables políticos de todo signo, para no enfrentarse con los cuerpos de funcionarios y con los sindicatos, tiran como pueden, sin producir nunca las transformaciones necesarias en los equipos.
Yo he sido consciente de que ADIF, como Red Eléctrica y otras grandes empresas públicas, son algunos de los organismos con peor desempeño de la administración, a pesar de que gestionan servicios tan esenciales como estos y se supone que deberían ser más eficientes.
Yo sabía que en España hacen falta cambios mucho más drásticos de los que siquiera nos atrevemos a decir en voz alta para que el Estado y el país se puedan incorporar al siglo XXI. Algunos de ellos pasan por hacer una reforma fundamental de la administración, donde nos preguntemos si tiene sentido que en el siglo XXI tengamos miles de funcionarios sin cualificación mientras nos faltan especialistas hasta para comprender la complejidad del mundo al que nos enfrentamos.
En particular, y en mi área de conocimiento, yo soy muy consciente de que tenemos un gran problema para comprender el alcance del fenómeno de la IA en España y esto nos va a llevar a tener graves problemas en el futuro inmediato, quizá más graves que el de ayer. Y debería escribir mucho más sobre ello.
Yo he sido muy consciente de que hacía falta más dinero en inversiones, aunque eso fuera a costa de otras cosas que son vacas sagradas de este país. Sabía que hacía falta más voluntad y más capital político para hacer transformaciones que son difíciles porque ponen en cuestión el estado de las cosas en un momento en el que mucha gente está asustada y se quiere agarrar a lo que tiene. Pero con ese silencio no le estaba haciendo un favor a nadie, salvo a mí misma. Si algo nos demuestra esta tragedia, es que no hablarles a los españoles de los problemas que tenemos no hace que desaparezcan, solo que paguen las consecuencias personas inocentes. Y yo soy responsable de esto, porque muchas veces me he callado y no me he atrevido a decir que las cosas tienen que cambiar solo para no caer antipática o para no incomodar.
Hoy es el día de asumir responsabilidades y que otros tengan más que yo no me hace menos responsable. Si queremos avanzar como sociedad, tenemos que quitarnos la armadura del cinismo que nos deja esconder nuestros propios errores en los de los demás.
Así que yo les quiero pedir perdón a las víctimas del accidente y a sus familias por la parte que me toca. Por todas las veces que pude haber pedido que se hicieran las cosas mejor y no lo hice. Siento profundamente su pérdida. Ojalá esto no hubiera ocurrido nunca.
Hay una cosa sobre la responsabilidad que puede parecer contraintuitiva. Alguien diría que cuando asumimos la responsabilidad sobre algo nos estamos autoflagelando, o que no lleva a ningún sitio ser la única persona que reconoce su participación en un suceso. Pero es al revés. Asumir la responsabilidad, como pedir perdón, nos saca de ese lugar del mundo en el que los acontecimientos nos ocurren sin que podamos hacer nada al respecto y nos coloca otra vez en la posición de ser dueños de nuestras propias vidas. Solo cuando somos responsables de algo, podemos cambiarlo.
Así que yo me voy a comprometer, de ahora en adelante, a ser mucho más exigente conmigo misma y con los lectores, aunque me resulte difícil. Yo creo que todos podemos hacer una reflexión parecida hoy y pensar cómo podemos contribuir cada uno a que la tragedia de ayer no se vuelva a repetir.
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