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El sustituto de Mazón hace un Mazón

El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, en el pleno de Les Corts Valencianes del pasado 5 de marzo.
26 de marzo de 2026 21:57 h

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Carlos Mazón azoró a toda España con su larga sobremesa, escasa conciencia de la responsabilidad y su ligereza moral. Pero también avergonzó a propios y ajenos con su falta de pudor a la hora de reescribir la realidad. Él era capaz de decir que era un “hecho fáctico” que llegar al Cecopi a las 20.28 horas era más tarde de las 19 horas, ergo no había mentido. Fue capaz de indignarse cuando se le encaraba que no había trabajado en toda la tarde. Fue capaz de decir que no cogió el teléfono en las horas críticas porque lo llevaría en la mochila.

Su sucesor, Juan Francisco Pérez Llorca, empezó con mejor pie, con humildad, haciendo las mismas políticas y pactos con Vox que Mazón, pero con sordina y menos engreimiento. Sin embargo, ha vuelto a tropezar en la misma piedra que su amigo Mazón, en la piedra de los excesos personales seguidos de justificaciones inverosímiles. El primer traspiés fue que tiene parte de su chalet construido fuera de la legalidad. El segundo, que su pareja, funcionaria, ha logrado que la trasladen desde Finestrat (en Alicante) a València, gracias a un concurso convocado con “urgencia” para una plaza de secretaria donde cobrará el doble que hasta ahora (más de 50.000 euros anuales). Una plaza que sale de urgencia, pero que estaba vacía desde el año pasado y fue convocada poco más de un mes después de que su compañero sentimental fuera designado president. Un puesto de trabajo que se encuentra a 20 metros de la Presidencia de la Generalitat. Cuando hay una carambola de calado, el espíritu crítico nos dice que hay que sospechar. Si en la carambola se ve beneficiado el árbitro, se sospecha por necesidad.

Que todo el procedimiento sea legal no obsta para que surja la duda de si será pura casualidad este logro o se habrá visto influido por el cargo del president, que califica de “machismo” lo ocurrido. Se equivoca, el mismo revuelo hubiera provocado que esa plaza fuera para un hijo o un hermano. Aunque Llorca fue el fontanero necesario para que el PP valenciano aceptara a un dicharachero Mazón como líder, aunque vivió en primera persona su caída a los infiernos por su desapego al trabajo y su descarada y descarnada manera de mentir, el nuevo president no ha aprendido que el servicio público y político de altura debe reprimir algunos comportamientos que son aceptados en la empresa privada o en la política de camarilla y compadreo que imperaba hace décadas de manera indemne.

Llorca no parece haber aprendido que, al margen de lo grave que sea una crisis política, más grave aún es salir mal de ella, acusando a otros, apelando al siempre sufrido concepto de machismo para todo, sin admitir ciertos hechos evidentes o alejándote de la crítica y el malestar que ha generado, también en su propio partido. Sobre todo, porque ha agrietado la fina capa de cemento con la que había taponado el PP en València el despropósito de Mazón, a quien precisamente se le ha podido ver esta semana luciendo barba, moreno y risas en la última fila de Les Corts, como los estudiantes malotes, minimizando entre palmaditas contemporizadoras que una jueza le haya llamado como testigo en la causa de la dana y le haya pedido los mensajes del móvil. Apostemos a que no los tiene.

Sucede también que, habiendo heredado la plaza de Molt Honorable gracias a los votos de Vox, Llorca se está jugando su futuro político a la reelección. Esta idónea plaza que ha logrado su pareja le ha quemado un territorio en Génova, que ya tenía sus dudas sobre si este alcalde de partido de toda la vida debe ser o no el candidato a la Generalitat en las elecciones del próximo año. En Madrid siempre han preferido a la alcaldesa de València, María José Catalá.

La otra opción como candidato en 2027 es la de Vicente Mompó, presidente de la Diputación de València, el único líder que sí estuvo en el Cecopi aunque no le tocara y quien dijo la célebre frase “mandad el mensaje de una puta vez”. Pero es la Diputación de València donde esta funcionaria ha conseguido traslado, para asistir en labores de secretaria a Ricardo Gabaldón, el alcalde de Utiel (del PP) que es conocido porque sí hizo lo que debía el día de la dana en su pueblo. Para empezar, cerrar el instituto que está en la ribera del Magro desbordado. Es decir, la plaza de la mujer de Llorca ha extendido la mancha más allá de Llorca.

Como la verdad siempre tiene un pie en el bando contrario, no se puede afirmar rotundamente que Juan Francisco Pérez Llorca haya enchufado a su pareja o que haya propiciado o preparado que consiga una plaza más cerca de él y mejor pagada. Por el mismo motivo no es fácil hacer creer a los ciudadanos que la mera casualidad haya propiciado tan conveniente resultado pretendiendo que nadie le cuestione ni se pregunte por las probabilidades que dieron con tal resultado. Lo que es difícil de creer, sobre todo, es la reincidencia de un Partido Popular valenciano hecho jirones para que la gente piense o sospeche que no son honestos, pretendiendo decir que el rey no va desnudo, que todo es casualidad y que están, una vez más, bajo ataques interesados.

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