La vacuna eres tú

Imagen de archivo del primer día de cierre de locales en Madrid por el coronavirus.

Lo repiten los epidemiólogos y es la mayor verdad; sí, los epidemiólogos ¿se acuerdan? Esos mismos a quienes decíamos que había que escuchar porque son quienes saben de una materia que requiere profundo conocimiento; pero ya estamos políticos, periodistas y tertulianos explicándoles cuándo debían haber decretado la alerta o cómo se aplana la curva epidémica. Nosotros somos la vacuna.

No tiene que venir Pedro Sánchez, o Iñigo Urkullu o Núñez Feijóo a aprobar un decreto para decirte que no salgas de tu zona multiplicando el riesgo de propagar el contagio, que no te vayas a la playa, que no salgas de paseo o de copas, que te laves las manos, que guardes un metro de distancia, que no asaltes los supermercados como si los vecinos fueran a robarte la comida esa misma noche…

Todos quienes así lo han hecho, lo hacen o lo hagan demuestran su estupidez, su irresponsabilidad y su insolidaridad; así debe serles recordado. No busquen excusas, justificantes o coartadas: toda la responsabilidad es suya; igual que Pablo Casado no podrá nunca echarle la culpa a otro por haber dicho que no hay que "parapetarse detrás de la ciencia".

El 11 de marzo de 2020, la OMS situaba a España en el escenario tres de transmisión del COVID-19; entonces había 2.150 casos detectados. Su recomendación era ampliar los mecanismos de respuesta al virus; concienciar de manera activa a la población de riesgo y las medidas de autoprotección; intensificar la búsqueda, cuarentena y aislamiento de casos y contactos y vigilar a las personas con neumonía severa; activar planes para garantizar la asistencia sanitaria, designando hospitales de referencia, aplazando procedimientos médicos no urgentes, capacitando a los profesionales y atendiendo en el domicilio a los pacientes leves. La OMS recomendaba pasar al escenario 4, de manera local si fuera necesario, generalizando las medidas de aislamiento y cuarentena, si se acreditaba una "gran transmisión comunitaria".

Algunas comunidades autónomas decretaron la alerta sanitaria y el aislamiento generalizado apenas 48 horas después de la recomendación de la OMS, cuando se duplicaban los casos y llegábamos a los 4.231. El Gobierno central declaró el estado de alarma el viernes y entró en vigor el domingo 15, cuatro días después, cuando se habían casi triplicado, sumando 6.252.

Ni soy un experto, ni entiendo de gestión de epidemias, pero supongo que quienes hablan de retraso en la toma de decisiones, descoordinación o falta de previsión serán gente más competente y preparada que los profesionales que trabajan en la OMS y disponían de mejores datos para anticipar la evolución de la curva o de una cronología diferente que sustente sus críticas. Nada hay más perverso para el análisis científico que el sesgo subjetivo. Ese mismo que lleva a indignarse porque se permitieran las manifestaciones al aire libre del 8M, mientras se aplaude al valiente Ortega Smith por haber propalado el virus y no sus anticuerpos españoles en el recinto cerrado de Vistalegre.

Al Gobierno central, y a no pocos autonómicos como el de Madrid, se le puede y debe reprochar una política de comunicación basada en la idea de que aún debe apelar a los sentimientos de los ciudadanos, cuando lo que toca es dirigirse a su razón. No se trata de fabricar indignación o señalar culpables para excitar al electorado como si fuéramos a votar en un referéndum sobre el coronavirus. Tampoco se trata de tranquilizar o aplacar. Se trata de informar y educar a la población, explicándole qué tiene que hacer y por qué es importante. Mucho menos parece el momento de emplear el virus para infectar un modelo u otro de Estado. La colaboración se garantiza convenciendo, no por jerarquía. Señor presidente, ¿entre el viernes que anunció el estado de alarma y el sábado que se aprobó, qué trabajo costaba reunir a los presidentes autonómicos para potenciar al máximo la coordinación y la eficiencia de cuanto se fuera a aprobar?

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Publicado el
15 de marzo de 2020 - 23:03 h

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