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El cuento del “chao pescao” y la vivienda sobrevalorada

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Érase una vez un país donde la vivienda era un derecho constitucional, por lo menos eso decía el artículo 47 de su Constitución. Pero también dependiendo del día era podía ser un activo financiero, un producto de inversión, un negocio, un fondo, un ático de lujo, una promesa electoral...

Pero un día muy a su pesar apareció Mari Carmen en nuestras vidas. Mari Carmen tenía 87 años y llevaba setenta viviendo en la misma casa. Mari Carmen había visto pasar gobiernos, presidentes, ministros, alcaldes, pesetas, euros, televisiones en blanco y negro, televisiones en color y hasta tertulias políticas donde todos hablaban de vivienda.

Ese día a pesar de haber pagado religiosamente todos los recibos de su alquiler, la desahuciaron. Descubrió que una cosa es tener una casa durante setenta años y otra muy distinta tener derecho a seguir viviendo en ella. Entonces descubrimos que una casa puede contener setenta años de vida y sin embargo, caber en una orden judicial.

Setenta años, son la suficiente cantidad de tiempo como para que una vivienda deje de ser una vivienda y se convierta en una vida entera: las Navidades, las enfermedades, las fotografías, los vecinos, los ausentes, los recibos, las reformas, las humedades, las discusiones en la comunidad y las tardes mirando por la ventana.

Y mientras tanto, a pocos kilómetros, otra mujer hablaba de vivienda, pero no de la misma manera. Para ella, la vivienda era también una cuestión de patrimonio, mercado, propiedad y libertad. Ella deseaba un ático de 6,3 millones de euros. Y se mofaba de Mari Carmen con una sonrisa estúpida.

El desahucio de Mari Carmen ha hecho que suceda algo extraordinario. La gente ha salido a la calle. Y aparecido una acampada en la Puerta del Sol. Así que Sol volvió a llenarse de tiendas, pancartas, colchones y personas preguntando una cosa bastante sencilla:

¿Dónde coño vamos a vivir?

Precisamente en la Puerta del Sol, frente a la sede del gobierno de la Comunidad de Madrid. En el mismo lugar donde durante el 15-M, los locos comunistas gritaban aquello de “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”, “sin casa, sin miedo, sin pensión sin curro”, “no falta dinero, sobran ladrones”, “no tenemos pan para tanto chorizo”, “la primavera ha llegado a Sol” “PSOE y PP la misma mierda es”, “nietos en paro abuelos trabajando”...etc.

Puede que Feijóo esté pensando que quizá la vivienda tiene que dejar de ser un derecho, él vive en una de las zonas elitistas de Madrid y la casa puede que se la pague el PP. Quizá la gente normal hayamos cometido un tremendo error. Después de todo, llevamos demasiado tiempo pensando que una casa sirve para vivir. Y resulta que también sirve para hacer política, para hacer patrimonio, para hacer campaña, para hacer oposición.

Así que quizá haya llegado el momento de cambiar el artículo 47 de la Constitución. Podría quedar así:

«Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada, siempre que puedan pagarla, encontrarla y convencer al mercado, al fondo de inversión, al propietario, al banco y, si procede, a los partidos políticos correspondientes.»

Y debajo, en letra pequeña:

«Si no puede usted acceder a una vivienda, no se preocupe. Probablemente la vivienda esté sobrevalorada.»

Chao pescao.

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