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Sobre este blog

Piedras de papel es un blog en el que un grupo de sociólogos y politólogos tratamos de dar una visión rigurosa sobre las cuestiones de actualidad. Nuestras herramientas son el análisis de datos, los hechos contrastados y los argumentos abiertos a la crítica.

Autores:

Aina Gallego - @ainagallego

Alberto Penadés - @AlbertoPenades

Ferran Martínez i Coma - @fmartinezicoma

Ignacio Jurado - @ignaciojurado

José Fernández-Albertos - @jfalbertos

Leire Salazar - @leire_salazar

Lluís Orriols - @lluisorriols

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Pablo Fernández-Vázquez - @pfernandezvz

Sebastián Lavezzolo - @SB_Lavezzolo

Víctor Lapuente Giné - @VictorLapuente

Luis Miller - @luismmiller

Lídia Brun - @Lilypurple311

Sandra León Alfonso - @sandraleon_

Héctor Cebolla - @hcebolla

La ideología de Podemos y Ciudadanos

Sebastián Lavezzolo

Ni de izquierdas ni de derechas, así se autodefinen Podemos y Ciudadanos cuando se les pregunta por su ideología. Es curioso que, a pesar de tener orígenes y objetivos muy diferentes, las dos formaciones políticas que en menos de un año rompieron con el bipartidismo coincidan en querer evitar que se los etiquete con una ideología de izquierdas o de derechas. ¿Es que no tienen ideología? ¿Cómo es posible? Resulta tentador zanjar la cuestión diciendo que Podemos es de izquierdas, Ciudadanos de derechas y sanseacabó. Pero intentar comprender dicha ambigüedad deliberada quizás nos permita aprender algo más sobre estos partidos y por tanto evaluar con mejores herramientas sus discursos, ideas y propuestas.

Para ello creo que debemos empezar por el principio: ¿Por qué estamos interesados en saber qué ideología tienen los partidos? O mejor aún: ¿Qué es la ideología? Imagino que casi todo el mundo estará de acuerdo en que cuando hablamos de ideología hablamos de un conjunto de principios, valores e ideas fundamentales que nos permiten caracterizar a los partidos. De esta forma, podemos hacernos una idea de cuán cerca o lejos se encuentran de nuestras preferencias políticas, y por tanto elegir entre ellos.

Pero lo que suele quedar en un segundo plano en esta definición sobre principios y valores quizás sea uno de sus aspectos más relevantes, esto es, el poder simplificador de la ideología, es decir, su capacidad de condensar y organizar en una simple dimensión (izquierda-derecha) un sinfín de cuestiones que requieren de un posicionamiento político.

Por ejemplo, cuando nos dicen que un partido es de derechas fácilmente podemos inferir cuál será a grandes rasgos su posición respecto a un buen número de temas como impuestos, aborto, inmigración, seguridad, etc. Lo mismo nos pasa con los partidos de izquierdas y, mejor aún, incluso somos capaces de calibrar nuestra imaginación en función de diferentes grados ideológicos: logramos proyectar diferencias entre un partido de extrema derecha y de centro derecha en, por ejemplo, el aborto o la inmigración, o entre un partido de centro izquierda e izquierda respecto al papel del Estado en el sistema financiero.

La capacidad que tiene la ideología de reducir varias dimensiones en una sola es posible por su ambición de proporcionar una cosmovisión integral y coherente de cómo debería funcionar la sociedad. De hecho, como señala Sánchez-Cuenca, si hay algo que tienen en común las numerosas definiciones académicas que podemos encontrar sobre este término es esa naturaleza sistémica y completa que proporciona la ideología.

Por tanto, además de ser un conjunto de principios, valores e ideas la ideología es un mapa mental que nos permite tener una posible respuestas para todas las cuestiones políticas que se pudiesen plantear, y así hacernos una idea de qué esperar de cada partido en algunas cuestiones muy concretas y actuales pero también de aquellas que podrían surgir y que, a priori, no tenemos una opinión formada. ¿Qué posición deberíamos tener respecto al fracking? ¿Y sobre la ampliación de la UE a Turquía? ¿Y sobre…? La ideología de los partidos, pues, resulta muy útil para los ciudadanos ya que funciona como un atajo informativo para conocer qué posiciones políticas son y serán más acordes a unos determinados principios y valores.

Si la ideología es tan importante para que conozcamos qué defiende y qué defenderá un partido la pregunta que planteábamos al principio coge aún más fuerza: ¿Por qué Podemos y Ciudadanos dicen no ser ni de izquierdas ni de derechas? Teniendo en cuenta lo ya dicho sobre la ideología, puede que un partido político tenga interés en transmitir tal indefinición por dos motivos: 1) porque quiere trasladar la idea de que realmente no es ni de izquierdas ni de derechas -si algo así es posible-, es decir, trasladar al electorado que se encuentra en una posición de centro, pragmática y moderada; y 2) porque las categorías utilizadas (el eje izquierda-derecha) no definen su ideología, su cosmovisión, y por tanto quieren proponerle al votante otro mapa mental para orientarles respecto a su ideario político.

El caso de Podemos se ajusta claramente a la segunda opción. A estas alturas, hemos escuchado una y mil veces a sus líderes explicarnos que las categorías izquierda y derecha ya no nos dan las respuestas necesarias para comprender los problemas que aquejan a nuestro país. En cambio, éstos defienden que la mejor forma de entender cuáles son nuestros males y, por tanto, por dónde deberían ir las soluciones es hablando de “los de arriba y los de abajo”, de “privilegiados y no privilegiados”, o de “una minoría enriquecida y una mayoría empobrecida”.

Con esto Podemos está intentando redibujar el clásico esquema de clases para transformarlo en uno que rompa con el corsé de izquierda-derecha y sea capaz de agrupar a una mayor cantidad de gente de manera transversal.

Pero esto ya lo sabemos. Quizás lo más novedoso sea apuntar que la aspiración de Podemos es que cuando pensemos en ellos lo hagamos con otro mapa mental. Que no los asociemos con una ideología de “izquierda” sino con la defensa de los intereses del “pueblo”, de la “gente decente”, de la “mayoría empobrecida”. Que cada vez que se nos presente un problema político en el que busquemos posicionarnos imaginemos que este partido adoptará una visión acorde a esa ideología: una respuesta que se posicione en contra de los privilegiados y en línea de favorecer a los de abajo –independientemente de si estos son de izquierdas o de derechas.

Esta estrategia –la de querer cambiar las categorías con las cuales los votantes concebimos la ideología de un partido, su cosmovisión- tiene ventajas e inconvenientes. Entre las ventajas está algo ya dicho: su transversalidad. Si Podemos finalmente fuese capaz de configurar un nuevo sujeto político agrupado no por cuestiones identitarias de valores de izquierda o derecha sino en términos de anti-élite/anti-casta seguramente sería el nuevo poder hegemónico, se colocaría en el nuevo centro político y sería, como le gustaba decir al PSOE, el partido más parecido a España. Asimismo, entre las ventajas podría contarse la frescura que conlleva presentarse con una nueva ideología, y si ésta es de corte transversal y populista puede que aún tenga más fácil apelar a las emociones generando ilusión y esperanza.

Entre las desventajas destaca la alta probabilidad de no conseguirlo. El plan de Podemos es sumamente ambicioso y por eso arriesgado, pues pretende construir de la noche a la mañana un nuevo sujeto político que lo aúpe a las instituciones para poner en marcha un proceso de cambio radical, de raíz. La desventaja de esta estrategia es pues el reverso de su tan celebrada audacia. Iglesias lo resume mejor que nadie: “Ganar o morir”.

La creación de una organización sumamente centralizada se ha ajustado este objetivo. Lo señalaba el número dos de esta formación: “Vamos a construir una maquinaria de guerra electoral”. Aun más, esta desventaja crea otra, aunque interna pero potencialmente demoledora. Son cada vez más las voces que señalan, dentro y alrededor de Podemos, el error de subordinar los principios a la estrategia. Lo que Víctor Rocafort ha llamado “el error Vistalegre. Esta desconexión entre la ilusión horizonatal y la estrategia guerrera y vertical, se apunta, no hace más que socavar las bases de lo que desde un principio mucho creían que significaba Podemos: hacer nueva política, desde lo colectivo y empoderando a la gente.

Las motivaciones que guían la ambigüedad de Ciudadanos –ni de izquierdas, ni de derechas- no están tan claras como en el caso de Podemos, aunque su discurso nos deja varios indicios que hacen pensar que su estrategia es la de colocarse en el centro. El objetivo de Albert Rivera parecería ser el de transmitir que la ideología de Ciudadanos –a pesar de enmarcarse en el eje izquierda-derecha- es la de la moderación y el pragmatismo. Sin grandes palabras ni dogmatismos.

¿Qué haría Ciudadanos en este o aquel problema? Busque una posición media y casi segura dará en el blanco. Eso sí, en ocasiones dicha posición le parecerá que va en contra de sus principios y en otras a favor (inmigración vs. legalización de la marihuana, por ejemplo). Esta es la explicación más lógica: Ciudadanos pretende plantarse lo más cerca posible del votante mediano para atraer al centro izquierda y al centro derecha, sin asustar a nadie.

No obstante, mi interpretación es que los “naranjitos” en realidad están empleando una estrategia mixta: a la vez que juegan el papel de partido de centro en la competición partidista creo también pretenden despojarse de la lógica izquierda-derecha para construir alrededor de sí una nueva cosmovisión –una ideología– basada en la eficiencia y en la tecnocracia.

Por decirlo de otra manera, el objetivo de su ambigüedad puede que también tenga la intención de crear un nuevo perfil de partido que proporcione a los ciudadanos respuestas para cada problema con argumentos despolitizados formulados en términos de optimización y eficiencia en la utilización de los recursos. Así, el propósito de Ciudadanos sería que los españoles empecemos a concebir varios aspectos de la política como cuestiones no necesariamente políticas sino gestionadas mejor o peor desde el punto de vista de la eficiencia.

La crítica inmediata a esta idea es que detrás de la tecnocracia siempre se esconde la derecha. Pero esto deja de ser cierto cuando desde Ciudadanos se esbozan propuestas políticas en términos de eficiencia que –leídas con los parámetros clásicos – coinciden en ocasiones con la izquierda y en ocasiones con la derecha. Por ejemplo, la reducción de inversión en el AVE (financiada por todos y utilizada fundamentalmente por clases medias y altas) y el aumento del IVA de los productos de primera necesidad (impuesto regresivo por antonomasia). Detrás del discurso de la eficiencia, pues, se escondería la estrategia ideológica de Ciudadanos, también, en busca de cierta transversalidad.

Una de las ventajas de la ambigüedad de Ciudadanos reside en que el centro y la moderación sin dogmatismos puede resultar muy atractivo para el votante mediano. Sobre todo en un escenario en donde sus principales competidores en esa dimensión están de capa caída. Asimismo, la tecnocracia como apuesta ideológica puede ser una nueva referencia (o significante vacío como dirían sus rivales de Podemos) para agregar intereses en contra de las ineficiencia producidas por la corrupción. La lógica, exagerándola un poco, podría ser algo así: la política genera “capitalismo de amiguetes”, sólo la tecnocracia puede salvar al capitalismo del capitalismo.

La desventaja de la ambigüedad deliberada de Ciudadanos radica en que su pragmatismo puede generar desconfianza entre los votantes y recelos entre sus miembros. Pues, después de todo, el pragmatismo tiene sus límites y los conflictos políticos en términos de izquierda y derecha lo más probable es que vuelvan a aparecer. No por deseo de una elite o una vanguardia dibujando estrategias y palabros, sino por ser posiblemente, todavía, la mejor forma de estructurar los intereses en nuestra sociedad.

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