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Piedras de papel es un blog en el que un grupo de sociólogos y politólogos tratamos de dar una visión rigurosa sobre las cuestiones de actualidad. Nuestras herramientas son el análisis de datos, los hechos contrastados y los argumentos abiertos a la crítica.

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Independentismo entre arenas movedizas

Quizás muchos lo habrán notado en sus TL de Twitter o en sus discusiones políticas off-line con amigos o familiares: Cataluña, que apenas unos meses atrás prácticamente monopolizaba la agenda pública en nuestro país, ha quedado últimamente relegada a un modesto segundo plano. Sin embargo, el independentismo catalán tiene en apenas tres meses una cita de gran trascendencia: las elecciones autonómicas (o plebiscitarias) del 27 de septiembre. Y justo iniciando la recta final hacia el 27S, al frente soberanista el viento le ha empezado a soplar de cara. En concreto, el independentismo le han surgido dos potenciales enemigos: Una Unió sin Convergencia y un Podemos que amaga con abrazar la estrategia de la confluencia.

En primer lugar, nada bueno puede traer la ruptura de CiU a los intereses del independentismo. Es posible que, a priori, una candidatura de Unió no tenga muchos costes electorales para Convergencia. Como contábamos en este artículo, las encuestas indican que el peso de UDC en CiU es relativamente modesto. Según las encuestas recientes, apenas el 8-10% del total de los votos CiU corresponderían a votantes de Unió. Además, Convergencia podría compensar las pérdidas por la salida de Unió atrayendo a esos votantes de ERC que hasta ahora no veían a CiU como una opción atractiva debido a la presencia de líderes como Duran i Lleida.

Aunque para Convergencia la ruptura de la federación no es un problema grave para sus perspectivas electorales, sí lo es para el conjunto del bloque soberanista. Como contaba en este artículo de hace unos días, las encuestas coinciden en indicar que el independentismo se encuentra cercano a la mayoría absoluta. Una eventual victoria de las fuerzas independentistas se produciría por un margen muy estrecho. Por este motivo, cualquier deserción del bloque puede acabar lastrando las opciones de obtener la mayoría de los votos en las próximas elecciones.

El independentismo le urge buscar estrategias para sumar; lo último que necesita es escisiones dentro de su bloque. Una ruptura de CiU conlleva unas fugas del bloque soberanista que, por muy pequeñas que sean, no puede permitirse. Los independentistas, a pesar de detestar a Duran i Lleida, deberían lamentar su marcha. Es por este motivo que no deja de ser irónico que, según el último barómetro del Gesop, los independistas sean más partidarios de la ruptura de CiU (75%) que los no independentistas (59%). En esta cuestión, los independentistas se están dejando llevar más por las emociones (animadversión hacia Duran i Lleida) que por la racionalidad (las opciones para ganar el plebiscito).

El segundo enemigo del independentismo es Podemos, o más concretamente, un Podemos que apueste por la confluencia. Por el momento, la formación de Pablo Iglesias no ha supuesto un lastre para el bloque soberanista. Y es que Podemos ha fracasado en su intento de marcar la agenda política de Cataluña. Por ahora, en unas elecciones catalanas la cuestión nacional arrollaría a Podemos, pues quedaría relegada a una tercera (o incluso cuarta) posición. Y eso a pesar que la formación de Pablo Iglesias tendría opciones de ser la fuerza más votada en Cataluña en unas elecciones generales. Claramente, la preeminencia del independentismo está frenando el éxito de Podemos en unas elecciones autonómicas catalanas.

Podemos se encuentra atrapado en el asfixiante debate soberanista, el cual le impide penetrar entre el electorado con una identidad catalana. En efecto, según el último barómetro del Gesop, Podemos sería irrelevante entre los catalanoparlantes (con un 2% en intención directa de voto). Sin embargo, si algo nos está demostrando la hiperactiva actualidad de nuestro país, es que el voto de los ciudadanos está fuertemente condicionado por la forma en que se estructura la competición partidista. Podemos, no tiene por qué conformarse en ser irrelevante en las elecciones catalanas. En realidad, tiene una fórmula de agrietar el muro del soberanismo y expandirse entre el sector catalanista: la creación de una candidatura de confluencia.

La experiencia de Barcelona en Comú demostró que candidaturas de esa naturaleza son capaces de reducir el peso del debate identitario catalán. Una fórmula Cataluña en Comú también podría resultar exitosa en ese sentido. Así lo corrobora el barómetro de junio del Gesop, que indica que si Podemos optara por este tipo de candidatura podría ascender incluso a segunda fuerza más votada. Y es que la apuesta por la confluencia permitiría a Podemos no sólo sumar los votantes de ICV sino que también arañar votos procedentes de ERC y la CUP.

El gráfico 1 muestra como la lengua estructura más o menos la competición partidista en Cataluña en función del escenario que se presenta. El 84% de los catalanoparlantes votarían al bloque soberanista si las elecciones se plantearan con un escenario como el que teníamos antes de las elecciones autonómicas y locales del pasado 24 de mayo (con CiU unida y Podemos sin apostar por la confluencia). Sin embargo, un escenario de ruptura de CiU y con una plataforma “Cataluña en Comú” podría provocar que muchos votantes que tienen el catalán como lengua habitual se pasaran al bando no soberanista.

Fuente: Barómetro junio GESOP. Nota: "Escenario autonómicas 2" se refiere a unas elecciones catalanas en las que CiU se presentara unida y Podemos con sus propias siglas. El "escenario autonómicas 1" se refierea a unas elecciones catalanas con CiU dividida (lista del president y UCD) y un Podemos tras una plataforma "Cataluña en Comú".

El gráfico deja patente que la influencia de la identidad nacional depende en parte del escenario que tienen los ciudadanos en la cabeza a la hora de votar. Por el momento, las fuerzas soberanistas han sido muy hábiles en estructurar la competición partidista en torno el debate sobre la independencia. Sin embargo, hay indicios de que el tablero político catalán está cambiando. La ruptura de CiU y la sombra de la “confluencia” están llevando la competición partidista hacia un terreno poco favorable para los intereses del bloque soberanista. Las elecciones “plebiscitarias” se acercan, pero la independencia está cada vez más lejos.

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Publicado el
1 de julio de 2015 - 02:57 h

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