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Cinco lecciones de la moción de censura de Pedro Sánchez

Por qué no la vimos venir, qué la ha hecho posible, qué papel han tenido las expectativas, la centralidad del votante mediano y qué perspectivas se abren para el el nuevo gobierno.

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Sánchez y el Rey conversan por teléfono tras la investidura

Pedro Sánchez tras la moción de censura EFE

  1. Un evento inesperado. Si hace tres semanas una consultora, un politólogo, un analista o una periodista política hubiese dicho que a Rajoy le quedaba menos de un mes en el cargo y que sería sustituido por Pedro Sánchez, nadie se habría tomado en serio esa predicción. Es cierto que la contundencia de la sentencia de la Gürtel alteró la agenda y dañó la credibilidad del gobierno hacia la opinión pública y sus aliados, pero resulta llamativo que la sentencia, que ratificaba las conocidas y bien documentadas irregularidades cometidas en el seno del Partido Popular, no pudo suponer una gran sorpresa para nadie. La razón por la que nadie esperaba este desenlace no es porque nadie esperara la sentencia, sino más bien porque nadie anticipó que la sentencia iba a ser capaz de desencadenar semejante terremoto político. ¿Un fallo de todos estos consultores, politólogos, analistas…? Posiblemente. Siempre se nos dio mejor explicar el pasado que anticipar el futuro.
  2. Procesos de fondo. En perspectiva, el éxito de la moción de censura creo que tiene que ver con dos procesos que han pasado relativamente “fuera del radar” de la atención mediática del corto plazo, pero que algunos políticos han sabido leer de manera astuta. Uno, la relectura que en el seno de Podemos y las confluencias se ha hecho de la experiencia de 2016. Es una reflexión que tiene muchos dobleces e interpretaciones, pero que creo que se puede resumir de forma algo injusta de la siguiente forma. En 2016 Podemos pensó que podía permitirse no contribuir (o contribuir sin demasiado entusiasmo) a la formación de un gobierno que no fuera del Partido Popular porque eso le permitiría presentarse como líder de la oposición en el medio plazo. Hoy la lectura que hacen creo que es diferente: sienten que parte de su estancamiento y declive electoral ha tenido que ver de hecho con una estrategia parlamentaria que no contribuía a formar gobiernos y aprobar políticas. Con esta moción, nadie podrá decir que Rajoy sigue en el poder porque prefirieron no votar a Pedro Sánchez. El segundo proceso tiene que ver con la cuestión catalana, y es el lento y sutil avance en una parte del soberanismo de las posiciones más pactistas, deseosas de salir de la situación de parálisis en la que la unilateralidad lo ha arrinconado. No sé si eso es todo lo que explica el apoyo de PdeCAT y Esquerra a la votación, pero el apoyo hoy sin ninguna promesa clara a cambio (en 2016 exigían un compromiso explícito con el referéndum) sugiere que algo ha cambiado.
  3. Las expectativas y los comportamientos. Si las encuestas dicen algo, de celebrarse elecciones anticipadas hoy lo más probable es un resultado tal que haría a Ciudadanos formar parte de los dos únicos gobiernos posibles y "conectados", el PP con Ciudadanos y el PSOE con Ciudadanos, no necesariamente en este orden, pues estas serían las únicas combinaciones con más de 175 escaños. Las encuestas no traen, por ahora, una mayoría sin Ciudadanos, ni siquiera si se sumaran todas las fuerzas que han votado la moción de censura, lo que es, por otra parte, un imposible electoral. Y este es el nudo. Todos los políticos han actuado de forma razonable, y la incerticumbre la han puesto la multiplicidad de actores, y los intereses y plazos para aquellos para los que no rige la premisa de querer gobernar, que vuelve predecibles a los primeros tres partidos, al menos (y, a veces, al cuarto). Lo racional para Pedro Sánchez, cuestionado por propios y ajenos, era llegar a las elecciones como quien ha empujado finalmente a Mariano Rajoy fuera del gobierno (aunque puede que no, necesariamente, habiendo ejercido las funciones de gobierno, de ahí que le haya pedido tantas veces la dimisión a Rajoy); lo racional para Albert Rivera era llegar a esas elecciones como el que tiene la llave de todo gobierno posible, y controlar así el grado en el que la alternativa es alternativa. Lo que es racional a partir de ahora para todos los demás se lo dejamos como ejercicio al imaginativo lector, pero seguramente sea colorido.
  4. El poder del votante mediano. En un parlamento, una comunidad de vecinos, o un conjunto de electores el votante mediano es el que, cuando se ordenan los electores en función de sus preferencias, está justo en el medio. El votante mediano es especialmente poderoso porque tiene capacidad de formar y romper mayorías: si se une a todos los que están a su izquierda habrá mayoría de izquierda; si se va con todos los de derecha, habrá mayoría de derecha. Por supuesto, este poder del votante mediano no es una ley física. Por ejemplo, a veces poner de acuerdo a todos los de un lado es más complicado que poner a los del otro… Pero en ausencia de estas circunstancias más o menso excepcionales, el poder estructural del votante mediano permanecerá.  En 2016, el Partido Popular fue el más votado, pero logró “solo” el 39 por ciento del Parlamento. Como en el Congreso todos los demás diputados están ideológicamente a su izquierda, el votante mediano no le pertenecía. En efecto, en el Congreso de los Diputados, el votante mediano es del PNV o de PdeCAT (si alineamos a los diputados de izquierda a derecha), o del PSOE  (si los alineamos de más centralista a menos centralista). De hecho, para sacar su investidura adelante, hizo falta que Ciudadanos y el PSOE, tras un tortuoso proceso interno, consintieran que Rajoy volviera a ser presidente del Gobierno. Para aprobar sus últimos presupuestos, fue necesario contar con Ciudadanos y el PNV. En última instancia, lo que esto revelaba es que PSOE y PNV podían en el algún momento formar una nueva mayoría. Durante un tiempo las circunstancias y las estrategias de los partidos lo hicieron imposible, pero cuando estas cambiaron, el poder estructural que da a los partidos disponer del votante mediano pasó al primer plano. 
  5. Gobernar en minoría es difícil, pero no es imposible. El PSOE controla directamente solo un cuarto de la cámara, y tiene dos obstáculos no del todo irrelevantes: el Senado está en manos del PP, y el votante mediano de la Mesa (de nuevo, el que decide) es de Ciudadanos. Pero tampoco es una situación única en nuestro contexto: el gobierno danés actual controla directamente menos de un 30% de su parlamento. Todo dependerá de cuántas serán las ganas de colaborar de otros partidos (las mismas circunstancias que les han llevado a votar la investidura podrían generar incentivos a colaborar con el Gobierno), y de cuántas medidas necesitan de apoyo parlamentario para salir adelante. En estos años hemos aprendido que el gobierno tiene un considerable margen de maniobra, y en todo caso será un mandato corto, al estar ya a mitad de la legislatura. 
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