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Israel sigue colonizando Palestina y también es asunto nuestro

El anuncio de la construcción de nuevas viviendas en los territorios ocupados de Palestina apenas ha tenido eco mediático, a pesar de que es una violación del derecho internacional

¿Será viable desmontar todos los asentamientos y las infraestructuras cuando se logre el Estado palestino, recogido por la ONU desde 1947? ¿Por qué no se evita su construcción?

Colonias israelíes en Cisjordania.

Colonias israelíes en Cisjordania. M. A. Fernández

Israel ha anunciado que va a construir 4.500 nuevas viviendas en Cisjordania. 4.500 nuevas viviendas para unos 18.000 nuevos colonos, pero nadie dice nada. Apenas algún retuit. Ni un breve. Ni un anuncio por palabras. Nada.

Israel anuncia, como quien pregona los números de la lotería, que va a seguir violando impunemente el derecho internacional y los derechos humanos del pueblo palestino, pero no nos damos por aludidas. Hay que denunciarlo y exigir responsabilidades, porque si miramos para otro lado seremos cómplices.

La comunidad internacional, esa de la que en teoría formamos parte, lleva décadas ignorando al pueblo palestino, como si lo que allí ocurriera no nos afectara; como si el hecho de que se desoigan una y otra vez las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y la legislación internacional fuera una chiquillada.

Esto no es nuevo. Este texto, datado este abril de 2018, bien se podría haber escrito cualquier día de cualquier año desde la década de los 60 del pasado siglo. La hoja de ruta de Israel está escrita hace tiempo y la están llevando a cabo con la complicidad de muchos Estados que se vanaglorian hablando de democracia y libertades.

En 1948, el año de la Nakba, "la desposesión fue presenciada de cerca por representantes de la comunidad internacional", escribe Ilan Pappé, historiador israelí, en La cárcel más grande de la tierra. "Después de que hubieran actuado con impunidad, en 1948 no había ninguna razón para esperar ninguna reprimenda importante, ni obstáculos para llevar a cabo una similar política de limpieza étnica en junio de 1967", sigue. "Los empeños diplomáticos han permitido que Israel consolide y fortalezca su control de los territorios y de las personas que viven en ellos, al tiempo que disfrutan de inmunidad frente a la presión o reprobación internacional", añade.

Y así hasta hoy. Y hasta mañana. Porque aquí nadie dice nada. Porque aquí nadie mueve un dedo. "Los colonos y los asentamientos judíos se consideran aquí un medio para limitar el espacio de la vida de los palestinos y para reducir su número", anota también Pappé.

Visitar Cisjordania, territorio palestino ocupado, es contemplar, de manera aumentada, el ejemplo más claro de la discriminación, el racismo, la humillación y la inhumanidad. Es presenciar una tierra con dos realidades más que dispares, antagónicas: aquellos asentamientos que dejan ver zonas verdes y techos hermosos son colonias israelíes, vergeles en medio de la dureza de una tierra palestina confiscada, arrebatada de manera ilegal; mientras que si el marrón es el color que prima y en lugar de tejados hay tanques de agua para afrontar los cortes en muchos casos intencionados, no hay duda de que es un pueblo palestino sometido al control irracional del Ejército israelí.

"Para llegar a muchos pueblos palestinos hay que dar vueltas por cuestiones de seguridad, porque cortan los accesos. Todos los pueblos tienen un control para ver la entrada y la salida. Israel siempre intenta ocupar las zonas más altas para controlar. Busca complicarnos la vida y complicarnos los movimientos, mientras que para los colonos se facilitan todo tipo de carreteras", narra Kalah Khawaja, integrante del colectivo Stop the Wall. Carreteras que, por supuesto, sólo puede usar la población israelí. "Los sudafricanos dicen que ni en los peores años del apartheid tenían carreteras para blancos y carreteras para negros", apunta Xavier Abu Eid, asesor del equipo negociador de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), en uno de los encuentros de la delegación organizada por Sodepaz que visitó Cisjordania el pasado junio.

Recientemente, la organización israelí Kerem Navot ha presentado un informe en el que denuncia los métodos con los que Israel confisca tierras palestinas en Cisjordania: alegando cuestiones de seguridad y militares, acapara tierras para luego construir viviendas y barrios para población colona.

En la actualidad, en Cisjordania hay unos 800.000 colonos, unos ideológicos y otros por motivos económicos (reciben ayudas y subvenciones por ir a vivir allí), llegados de diversos países de Europa y América. Muchos son violentos.

El centro histórico de Hebrón, una de las ciudades más antiguas habitadas de manera constante, está vacío. La población no pudo soportar cómo la gente de los asentamientos situados en la zona alta les hacían la vida imposible: basura, aceite hirviendo, agua sucia y cigarros encendidos, entre otras atrocidades, pudieron en este caso con la resistencia palestina. En otros lugares, "los colonos tiran sus aguas residuales a terrenos palestinos para matar los árboles. Se busca matar la vida digna, obligarnos a quedarnos en casa", explica Khawaja. El último anuncio del hasta ahora primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu (que están intentando formar gobierno tras las elecciones del día 9 de abril), adelanta que la población colona seguirá aumentando y también el Ejército que la protege: en Cisjordania, es decir, fuera del Estado de Israel, hay algo más de 50.000 soldados, un cálculo que repiten varias fuentes.

¿Dos Estados?

La construcción de nuevas casas para colonos en territorio ocupado y el silencio de la comunidad internacional, se podría decir de la Unión Europea, demuestra el cinismo con el que se defiende la solución de dos Estados. ¿Será viable desmontar todos los asentamientos y las infraestructuras cuando se logre el Estado palestino, recogido por la ONU desde 1947? ¿Por qué no se evita su construcción?

Abu Eid lo tiene claro: "Está bien repetir la solución de dos Estados, nadie se va a beneficiar más del fin de la ocupación que nosotros, pero cuando uno ve sobre el terreno lo que pasa, entiende que no se toman las decisiones necesarias para que se implementen los dos Estados. Los que dicen apoyar la solución de dos Estados, incluida España, deben hacer que los dos Estados sean viables y para eso se deben poner en términos positivos: incentivar y desincentivar. La responsabilidad debe caer en la comunidad internacional, que decidió crear el Estado de Israel hace 70 años y que hasta ahora no ha hecho absolutamente nada por implementar el Estado de Palestina, la otra parte de esa resolución".

Soraida Husein, del Comité Técnico de Asuntos de las Mujeres (WTAC, por sus siglas en inglés), es muy clara: "Que se largue la ocupación y que todo el dinero europeo se vaya a otra cosa. A nosotros no nos importan los centavos europeos, que se lo den todo a los israelíes si es condición para que se vayan. Podemos edificar nuestro eEstado, nos va a costar, pero lo podemos hacer". ¿Y si les apoyamos aunque sea no mirando para otro lado?

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