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Nos quemaban en las hogueras, nos quieren quemar en las redes

Desde aquí pedimos al Estado y a la sociedad que se impliquen. No podemos ser insultadas ni amenazadas por defender la igualdad y, en definitiva, los Derechos Humanos

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Meme recibido por Irantzu Varela al conocerse los resultados de las elecciones en Andalucía.

Meme recibido por Irantzu Varela al conocerse los resultados de las elecciones en Andalucía.

Cerca de 400.000 personas votaron el pasado fin de semana en Andalucía a un partido de ultraderecha que basa su ideario en negar la existencia de la violencia machista, llorar porque el “yihadismo de género” les oprime, atacar a las personas migrantes, cargarse los derechos conquistados por mujeres y personas LGTBI, y “reconquistar” España (caras de estupor cuando llega este punto tan Juego de Tronos). Así, resumidito.

La reacción en redes fue rápida. Volvieron los insultos, las amenazas, las intimidaciones y los memes amenazantes en las redes sociales a toda feminista que abriera la boca. Porque sí, porque esto también es culpa nuestra. Cuando no son los propios ultraderechistas los que nos llaman “zorras del desierto”, “feminazis de mierda” y estas cosas que tanto les gustan, lo hace la caverna que anida en el submundo de cualquier otro partido o no partido. El machismo militante y la misoginia más fuerte han reaccionado al galope firme de las mujeres en la conquista (por seguir con el rollo Cid Campeador) de sus derechos. Decían en el Quijote que si ladran es que cabalgamos. Y sí, cabalgamos y, por el camino, sufrimos ataques despiadados y amenazas absolutamente escalofriantes.

Podría decir aquello de que “no tenemos miedo” pero, en mi caso, estaría mintiendo un poco. Sí. Es frustrante y duro pensar más de dos veces lo que vas a escribir en redes sociales porque sabes que la respuesta va a ser violenta. No hay espacio para el debate serio, reposado o la divergencia respetuosa. Sabemos que no existe hueco porque existe un odio impregnado en buena parte de la sociedad hacia los movimientos feministas

Hay muchas activistas que por su coraje, relevancia, visibilidad, fortaleza y rotundidad son sistemáticamente insultadas, vapuleadas y amenazadas ante la inacción de los propios soportes digitales y del Estado con sus múltiples mecanismos. Eso sí, si publicamos un artículo sobre lactancia y se ve un pezón es posible que nos quedemos sin perfil durante unos cuantos días o que nos fulminen la cuenta. Mientras esto sucede, nos amenazan con violaciones múltiples, asesinatos dolorosos y cometen delitos de odio a diario ante la ceguera general. Luego está lo que puede parecer anécdota pero no lo es porque es violencia: fea, gorda, flaca, sucia, piojosas, malfolladas, perras, locas… Y sigue un collar larguísimo de perlas de la vergüenza.

Antes nos quemaban en las hogueras, ahora nos prenden fuego en las redes sociales y, si les dejamos, lo harán en la plaza pública. Tiene razón la compañera Irantzu Varela. Esto es una guerra.

Yo al machismo no le tengo miedo hace mucho tiempo, pero sí tengo miedo al sueño profundo de una sociedad que, lejos de informarse, repite las soflamas de opinadores de tres al cuarto que, amparados por una libertad de expresión que condena nuestros pezones pero ignora los discursos de odio, ponen en duda a las víctimas, sus testimonios, sus palabras, las violaciones y hasta los justifican o ningunean los asesinatos… Azuzan desde los platós, los juzgados y las páginas grises a sus perros de caza que viven en las redes. Mientras las cifras escupen verdades sobre brechas salariales, desigual acceso al poder, asesinatos, agresiones sexuales y explotación laboral y en el hogar, muchos medios, muchos periodistas y muchos políticos irresponsables han sembrado discursos inquina contra el movimiento feminista. De esta forma, se ha abierto la veda para que seamos “cazadas” en las redes sociales. Ciudadanos, con su discurso misógino, el PP, ridiculizando nuestras demandas, y ahora Vox, que si bien da más miedo por su insultante xenofobia, misoginia y prehistórica visión del mundo, solo dicen en alto lo que los otros dicen en los bares. Os señalo con el dedo. Los insultos los habéis cocinado a fuego lento vosotros (Rivera, Casado y Abascal). Pero todas nosotras seguimos hablando alto y claro y se va a acabar la impunidad. No empieza la era del miedo, empieza el tiempo de nuestra resistencia. 

La violencia sistemática en redes que sufre Irantzu Varela, además de los episodios con Alicia Murillo, Brigitte Vasallo, Silvia Agüero o Andrea Momoitio empujó a Pikara Magazinea desarrollar  un trabajo riguroso y profundo sobre la violencia contra comunicadoras feministas. La abogada feminista Laia Serra ha redactado  un informe jurídico que ya ha sido registrado en el Congreso de los Diputados, con el apoyo de Calala y Front Line Defenders y con la participación de la propia Irantzu Varela.

Las colaboradoras de Pikara y la propia revista sufren (sufrimos) ataquesmisóginos, racistas y lesbófobos en redes sociales por defender todos los derechos de todas las mujeres , por ejercer nuestra profesión, por pensar y expresar nuestras ideas.

Esto viene de lejos. En julio de 2013 escribí un artículo de opinión titulado 'Tetas y toros' en el que denunciaba los tocamientos y agresiones sexuales que se producían con la excusa festiva de los Sanfermines. Aquello se hizo viral y yo, desconocida, empecé a recibir insultos y amenazas, incluso a través de mi correo electrónico. “Te voy a dejar las tetas moradas a mordiscos, zorra de mierda”. Éste se me quedó grabado. Me costaba dormir y me sentí absolutamente desprotegida porque sencillamente lo estaba. Eran delitos de odio que no denuncié por falta absoluta de confianza en una justicia tan patriarcal como la sociedad a la que juzga. F ue hace mucho y consiguió algo: que me diera miedo alzar mi voz con contundencia y que lo venciera poco después porque eso significaba que era más necesario que nunca ser contundentes.

Desde aquí pedimos al Estado y a la sociedad que se impliquen. No podemos ser insultadas ni amenazadas por defender la igualdad y, en definitiva, los Derechos Humanos.

Abrid los ojos y leed en alto esto: vuestros insultos y vuestras amenazas no nos asustan ni nos detienen y tampoco van a quedar impunes. Y a vosotras, compañeras, no estáis solas.

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