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Cuando ETA quiso perpetuarse como ‘think tank’ después de dejar la violencia

La dirección incluyó la propuesta en el documento que repartió a sus militantes para que ratificaran en votación el anuncio de noviembre de 2011

La banda se proponía para “hacer seguimiento del proceso de liberación” y “trabajar la memoria histórica”

La asunción del control de ETA por Otegi y sus colaboradores ha reconducido ese debate hacia la disolución total

ETA destaca en un comunicado que "el proyecto independentista aparece como una alternativa renovada"

Una imagen con la simbología de la organización terrorista EFE

“ETA da por concluida toda su actividad política, no será más un agente que manifieste posiciones políticas, promueva iniciativas o interpele a otros actores”. Esta es la segunda “consecuencia” del anuncio de desaparición que lanzó este jueves la organización terrorista, una de las pocas novedades respecto al que supuso dejar la violencia el 20 de noviembre de 2011.

Aquella decisión fue adoptada por una cúpula derrotada por la acción del Estado, de puertas para afuera, e internamente por la dirección de la izquierda abertzale y su “cambio de ciclo”. Lo que siguió en ETA fue un proceso de consulta entre sus militantes para ratificar la decisión de dejar de matar y que incluyó la propuesta de convertirse en una suerte de think tank de la izquierda abertzale, según la documentación incautada a la banda a la que ha tenido acceso eldiario.es.

La hoja de ruta de Arnaldo Otegi y sus colaboradores incluyó desde un principio la desaparición de ETA. Tras la derrota de la ponencia ‘Mugarri’, en la que la banda se arrogaba de nuevo el papel de vanguardia y la vigencia de la “lucha armada”, ETA cedió la dirección al otro bando, no sin antes escenificar escaramuzas tales como impedir la distribución de la ponencia contraria en las cárceles, enviar a sus delegados de Ekin a las asambleas en la calle -salieron de algunas abucheados- o preparar los documentos de expulsión de históricos colaboradores de Otegi, como el exdirigente etarra Eugenio Etxebeste, ‘Antxon’. Pero aceptar aquella derrota interna no implicaba, en aquel entonces, el compromiso de desaparición.

Unos meses después, con las dificultades que implica la clandestinidad, comenzó el proceso de consulta sobre el anuncio de fin de la violencia. El documento base reconocía que, por fin, la banda se subordinaba y reconocía a la antigua Batasuna “la jefatura política del proceso”. Lo hacía con la boca pequeña, a rastras, como denotaban otras fases de aquel documento tales como “las organizaciones de la izquierda abertzale no deben basarse en la jerarquía o la subordinación”.

A continuación se ofrecía a desempeñar una “función importante” en el futuro de la izquierda abertzale. “Le corresponde por el trabajo desarrollado durante décadas y por la referencia y la experiencia que ha acumulado, desde el punto de vista histórico del proceso de liberación a la organización”, afirmaba.

En este sentido, ETA proponía a sus bases “hacer el seguimiento del proceso de liberación y del desarrollo de la estrategia”. Además de hacer aportaciones ideológicas, proponía en el documento de la primavera de 2012 “alimentar la naturaleza luchadora y revolucionaria del movimiento de liberación”. Ajena por completo al relato de medio siglo de brutal violencia, ETA aseguraba que le correspondía “la transmisión del legado de la lucha de 50 años, trabajando la memoria histórica”.

Los documentos incautados con posterioridad permitieron conocer que el proceso de fin de la violencia era irreversible una vez consultadas las bases. En cualquier caso, los expertos advertían de que en una organización tan compartimentada como ETA, la dirección podía haber dirigido la consulta y sus resultados.

Acaso eso tuvo que ver con otro proceso, dado a conocer años más tarde, en otoño del 2017, en el que se hablaba de otra consulta sobre tres documentos, pero en el que solo uno era sometido a votación. En este sí se proponía, por fin, la disolución de la banda. Fuentes de la lucha antiterrorista interpretaron el hecho como la constatación del poder total que ya ejercía la antigua Batasuna sobre los restos de la  dirección de la organización armada.

En un comunicado de la banda remitido a Gara, ETA aseguraba el 22 de febrero pasado que el debate estaba próximo a su final y anticipaba ya algunos de sus resultados. El más significativo, que ETA “no será ya un agente que interpela y es interpelado”. Solo quedaría para impedir “utilizaciones malintencionadas de las siglas de ETA”, pero no existiría como organización.

En el comunicado de disolución dado a conocer al mediodía de este jueves, ETA se refiere al futuro de sus militantes: “Continuarán con la lucha por una Euskal Herria reunificada, independiente, socialista, euskaldun y no partriarcal en otros ámbitos, cada cual donde lo considere más oportuno, con la responsabilidad y la honestidad de siempre”.

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