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La recompensa del topo de la brigada política en casa de Bárcenas: pagos de Interior y una vida privilegiada de policía

Sergio Ríos entró en el Cuerpo con 42 años y en tres meses estaba destinado en Madrid de forma excepcional a pesar de ser el penúltimo de su promoción 

Antes había cobrado 48.000 euros de los fondos reservados por sacar información de casa del extesorero del PP trabajando como chófer de la familia 

El forzudo conductor salió un rato a ver a su mujer el día que un falso cura irrumpió en casa de los Bárcenas armado y exigiendo unos lápices de memoria 

Interior investiga los fondos reservados de la policía política del PP

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Rosalía Iglesias entra en la Audiencia Nacional el 27 de junio de 2013 en compañía de su abogado y Sergio Ríos, con traje gris.

Rosalía Iglesias entra en la Audiencia Nacional el 27 de junio de 2013 en compañía de su abogado y Sergio Ríos, con traje gris.

El que fuera chófer de los Bárcenas es hoy un policía destinado en la Comisaría General de Seguridad Ciudadana, los servicios centrales de esa especialidad en Madrid. En tres meses pasó de ser, con diferencia, el policía más mayor de su promoción y el penúltimo en el escalafón a que la Dirección General de la Policía le reclamara para sacarle de un destino muy alejado de Madrid y traerle a la capital con el procedimiento excepcional de la comisión de servicios. Esa ha sido su vida después de cobrar de los fondos reservados durante dos años a cambio de controlar a los Bárcenas.

A raíz de que El Español desvelara la Operación Kitchen, el Grupo Socialista en el Congreso se interesó por la situación del nuevo policía. El 27 de marzo de 2018 obtuvo respuesta del Gobierno de Mariano Rajoy: Ríos Esgueva había pasado de estar destinado en la Unidad de Extranjería y Documentación de Les, localidad próxima a la frontera leridana con Francia, al complejo de la Policía en el barrio de Dehesa de la Villa, en Madrid, la ciudad donde vivían su mujer y su hijo al menos cuando era chófer de los Bárcenas.

La respuesta, de un párrafo, consistió en confirmar el cambio de destino y añadir que el proceso había cumplido con lo estipulado en la Ley Orgánica de Régimen de Personal de la Policía y el Reglamento General de Ingreso del Personal al Servicio de la Administración General de Estado y de Provisión de Puestos de Trabajo y Promoción Profesional de sus Funcionarios Civiles. El ingreso en el Cuerpo no había sido menos extraño. Rodeado de veinteañeros, Sergio Ríos juró como policía con 42 años, el 16 de mayo de 2017, tras su paso por la academia de Ávila. De chófer-topo de la 'brigada política' de la Policía a uno más del Cuerpo cuando acabaron sus servicios en casa de los Bárcenas.

Habitual del gimnasio, Ríos era el tipo trajeado y forzudo que hacía de chófer de Bárcenas. Al entrar éste en prisión, siempre aparecía junto a Rosalía Iglesias cuando la mujer entraba y salía de su casa en el centro de Madrid entre una nube de cámaras y reporteros. Sergio le abría la puerta trasera del coche y Rosalía Iglesias enfilaba el juzgado de Pablo Ruz para pedir al juez de la caja B que le levantara el embargo de parte de sus cuentas porque no podía vivir con los 300 euros asignados mensualmente. A Sergio lo podía mantener porque el chico no tenía prisa por cobrar, al menos de la familia Bárcenas, según han desvelado los documentos incautados al comisario Villarejo. Durante dos años, el chófer recibía 2.000 euros mensuales del turbio policía.

Rosalía nunca sospechó de Sergio, según confirmó su entorno a eldiario.es al saber de su ingreso en la Policía. Tampoco el 23 de octubre de 2013, el día que salió un rato a ver a su mujer en la tienda de ropa cercana donde trabajaba. En ese espacio de tiempo, un cura con sotana tocó la puerta del domicilio de los Bárcenas y les explicó que iba de parte de Instituciones Penitenciarias. Cuando se ganó su confianza, sacó un viejo revólver y maniató a Rosalía, a su hijo Guillermo y a una empleada del hogar. Quería unos pendrive que tumbarían al Gobierno.

Solo la valentía y pericia de Willy, según relató Iglesias en el juicio, le permitió dar un cabezazo al falso cura, desatarse e inmovilizar al asaltante. Rosalía salió al balcón a pedir ayuda y allí abajo estaba Sergio, que ya regresaba de ver a su mujer. Subió corriendo. Al entrar se encontró a Enrique Olivares, el asaltante, innmovilizado en el suelo por el hijo de Bárcenas. Olivares, que se comportó en la vista como un transtornado y se presentó como un indigente sin recursos, tuvo durante la instrucción tres abogados sucesivamente, uno de oficio y dos a quien alguien abonó las minutas. Fue condenado a 22 años de prisión.

Antiguo chófer de Francisco Granados

Ríos había estado trabajando para el PP y por eso entró al servicio de los Bárcenas. Uno de los dirigentes a los que había servido como chófer era Francisco Granados, el político que puso en contacto al comisario Villarejo y al empresario Javier López Madrid. Pero, ¿cumplió Sergio Ríos con su misión de obtener información y documentación durante su misión como infiltrado en casa de los Bárcenas? Eso parece si se atiende a que su ingreso en la Policía, otro de los pagos por el trabajo, tuvo lugar después de su periodo de chófer de la familia a sueldo del Ministerio del Interior.

En noviembre de 2015, una vez concluida la misión del chófer, El Español publicó una serie de informaciones que llamó Los papeles de Rosalía, manuscritos de Iglesias con afirmaciones que, de poder demostrarse como ciertas, comprometerían a dirigentes del Partido Popular, empezando por Mariano Rajoy. El mismo digital explicaba que los documentos habían sido obtenidos por miembros de la Policía y que Villarejo y su gran enemigo, el exjefe de Asuntos Internos Marcelino Martín Blas, se acusaban mutuamente de irregularidades durante su obtención.

Las anotaciones hacían referencia a supuestos mensajes intercambiados entre Fernández Díaz, ministro del Interior, y Luis Bárcenas, o referencias a como eran las presuntas entregas de dinero negro al presidente del PP y del Gobierno entonces, Mariano Rajoy. Como ocurrió con otros informes de la 'brigada política', ya fueran los informes apócrifos de la Operación Catalunya o el de PISA contra Podemos, nunca llegaron a ser incorporados a causa judicial alguna. De nuevo, el uso de fondos reservados no tenía como fin ayudar a la justicia y al esclarecimiento de delitos.

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