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La economía española tras la muerte de Franco: un viaje sin retorno hacia la modernidad
Raquel Cinca
Madrid, 11 nov (EFE).- La muerte del dictador marcó el inicio de una profunda transformación económica en España, que en cincuenta años ha multiplicado por cuarenta el tamaño del producto interior bruto, ha aumentado más de cien veces el valor de las exportaciones y casi ha duplicado el número de ocupados, un proceso en el que fue clave la adhesión a la Unión Europea.
El 20 de noviembre de 1975 el país estaba siendo golpeado por la crisis internacional del petróleo, que puso de manifiesto la debilidad de un desarrollismo industrial basado en el bajo precio del crudo.
La economía entró en un proceso de hiperinflación, con una subida de precios cercana al 17 % en 1975 y rozando el 30 % en algunos meses de 1977, año en el que los Pactos de la Moncloa unieron a la clase política para frenar la crisis y la conflictividad laboral ante el encarecimiento del coste de la vida.
El producto interior bruto (PIB) equivalía en 1975 a 36.126 millones de euros y el PIB per cápita se situaba en poco más de 1.000 euros, cantidades que en 2024 eran de 1,59 billones para el PIB y de 30.000 euros para el PIB per cápita, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).
En este medio siglo, España ha crecido más que otros países europeos de su entorno, cerrando la brecha con Italia y con “un acercamiento notable” a Francia, según un estudio del Consejo General de los Economistas y la Cámara de Comercio de España.
Uno de sus autores es el director del servicio de estudios de la Cámara, Raúl Mínguez, quien en declaraciones EFE incide en la transformación del modelo productivo, con la industria y la agricultura perdiendo peso en favor de los servicios, gracias al crecimiento del turismo, de 27 millones de turistas extranjeros en 1975 a casi 94 millones en 2024.
La agricultura suponía en 1975 el 14 % de la economía española; la industria, el 38 %; y los servicios, el 48 %, mientras que en la actualidad ha descendido hasta el 2,6 % en el caso de la agricultura y al 20 % en el de la industria, frente al crecimiento de los servicios al 77 %.
Este peso se traduce también en el empleo, ya que entonces la mitad (49 %) se concentraba en la agricultura y la industria, mientras que ahora los servicios tienen el 76,5 % de los ocupados. La evolución del empleo en la construcción ha sido más irregular en estos 50 años (10 % en 1975 y 6,8 % en 2024).
Un punto de inflexión: la entrada a la Unión Europea En esta transformación el punto de inflexión lo marcó la adhesión en 1986 a la entonces Comunidad Económica Europea, y después en 2002 el abandono de la peseta para adoptar el euro, lo que supuso un impulso extraordinario para el sector exterior y la inversión extranjera.
Las exportaciones representaban el 11,3 % del PIB en 1975, incluido el turismo, mientras que en 2024 solo la venta de bienes alcanzó los 384.465 millones, más del 24 % del PIB, al que se suma el 13 % aportado por el turismo.
Este crecimiento económico ha venido acompañado de un aumento de la población, que ha pasado de 35,3 millones en 1975 a 49,3 millones en 2024 (INE), gracias en parte a la población extranjera, que supone el 14,2 % de los habitantes del país (7 millones) frente al 0,5 % de 1975.
A ello se suma la incorporación de la mujer al mercado laboral, que ha permitido un incremento paulatino de la población activa y de la ocupada, con un récord de 21,8 millones de personas trabajando a cierre de 2024, frente a los 12 millones de 1975 con los datos de la Cámara.
La encuesta de población activa (INE) se inició en 1976, año en el que la tasa de paro fue del 4,72 %, frente al 10,45 % actual, en tanto que la tasa de actividad estaba entonces en el 52,11 % y ahora, en el 59,30 %.
Tasa de paro y baja productividad, principales retos Desde la incorporación a la UE, el país ha atravesado crisis como la de principios de los años 90, la financiera de 2008 y la provocada por la pandemia en 2020, aunque el balance es el de un país más rico, más igualitario, con una oferta relevante de servicios públicos y una amplia red de infraestructuras.
Quedan retos pendientes como la elevada tasa de paro, la baja productividad y el alto endeudamiento público (103 % del PIB en agosto), sumados al desafío del envejecimiento con la generación del “baby boom” a las puertas de la jubilación1944433
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