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ENTREVISTA Candidata de Podemos al Parlamento Europeo

Irene Montero: “La izquierda se tiene que poner en pie”

Irene Montero (Madrid, 1988) se presenta a estas elecciones europeas encabezando la lista de Podemos. Es la primera vez que el partido fundado hace una década se presenta en solitario desde aquel 25 de mayo de 2014 en el que irrumpió en el panorama político español y europeo con cinco eurodiputados. Montero, ex ministra de Igualdad en el primer Gobierno de coalición desde la recuperación democrática, encabeza el reto de “mantener en pie una fuerza transformadora” en unas elecciones que permitirán, además, medir el peso de cada candidatura –Sumar y Podemos– en el espacio a la izquierda del PSOE.

Estas elecciones llegan en un momento de avance reaccionario, no solo en Europa, sino en todo el mundo. Y las urnas el 9 de junio pueden ser un reflejo de ello. ¿Cómo afrontan ese escenario?

En Europa tiene que haber una apuesta decidida por la paz y por los derechos. La guerra no solamente mata, también refuerza y agudiza la crisis climática, aumenta nuestra dependencia energética y es la principal causa de la inflación. La guerra va a ser la excusa para que vuelvan los recortes. Europa ya ha decidido que van a volver las reglas fiscales. España va a tener que acometer 15.000 millones de euros en recortes. Es todo el presupuesto de dependencia en el Estado español o el presupuesto de Sanidad de Catalunya.

La pasada legislatura, Europa empezaba anunciando un gran pacto verde europeo. El belicismo y la apuesta por la guerra ha hecho que ese pacto verde, que era claramente insuficiente, haya decaído en pro del aumento del gasto militar. 

La propia [Ursula] Von der Leyen está diciendo que, con tal de que se apoye a la OTAN y la escalada bélica en Europa, en su centro de mando van a poder entrar los sectores más reaccionarios, los antiabortistas, los negacionistas del cambio climático, de la violencia contra las mujeres. La guerra también va a ser la excusa para que los más reaccionarios entren a tomar decisiones importantes en la Unión Europea.

Después de una década de grandes avances democráticos, ahora la reacción responde con dureza y este es el momento de no permitir que se lo queden todo los sectores reaccionarios y de defender la democracia, los derechos y la paz

Por tanto, sí, hemos pasado un ciclo de diez años de muchas victorias por parte de los sectores democráticos y populares que parecían imposibles. No solamente en Europa o en España, también en América Latina, con los gobiernos de [Gustavo] Petro, México o Chile. Después de una década de grandes avances democráticos, ahora la reacción responde con dureza y este es el momento de no permitir que se lo queden todo los sectores reaccionarios y de defender la democracia, los derechos y la paz.

Tradicionalmente el Parlamento Europeo ha sido el órgano más ambicioso desde el punto de vista progresista en la Unión Europea, en comparación con la Comisión o el Consejo, donde están los gobiernos. Si efectivamente se produce ese cambio de los equilibrios de fuerzas, cabe la posibilidad de que pueda haber al menos una mayoría negativa o de bloqueo de los populares con la extrema derecha, los ultras, etcétera, etcétera. En ese en ese escenario, ¿qué se puede hacer?

La izquierda en Europa y en España se tiene que volver a poner en pie. Decías que el Parlamento Europeo es el órgano de la Unión Europea en el que los sectores progresistas tienen más posibilidades de plantear debates o iniciativas. Pero el Parlamento Europeo no tiene iniciativa legislativa plena. Esa es una de las propuestas que hacemos para compensar el poder que tienen las grandes corporaciones, que tienen más llegada a los gobiernos y a la propia Comisión Europea.

Muchas veces las decisiones que se toman en la Unión Europea están secuestradas por los fondos buitre, por los especuladores, por la gran banca, por esas grandes corporaciones, que no están preocupadas de garantizar derechos, sino de ganar más y más y más dinero. Y esa lógica se refuerza en un contexto de guerra. 

Estas son unas elecciones en las que la paz es la tarea política más importante y en las que la izquierda, y especialmente en España, se tiene que poner en pie: para frenar a los reaccionarios no bastan titulares. Hay mucha gente que está triste de que hayamos pasado de tener en España un gobierno que transformaba, que cambiaba las cosas, que avanzaba en derechos, a tener un gobierno de titulares. España y Europa tienen la posibilidad de volver a ponerse en pie y avanzar en derechos para parar a los sectores más reaccionarios y para vivir mejor.

Hablando de esos avances de derechos. La pasada legislatura, tanto la española como la que está acabando en la Unión Europea, ha sido de avances en derechos de las mujeres. Usted como ministra de Igualdad ha viajado a Consejos de la UE. Se ha ratificado el Convenio de Estambul, se han aprobado directivas sobre violencias... ¿Teme que esta sea de retroceso?

No me cabe duda de que si depende de los sectores más reaccionarios, va a haber retroceso en derechos feministas. Los sectores reaccionarios han puesto a las mujeres y a las personas LGTBI como enemigo número uno. En los países en los que la extrema derecha gobierna hay zonas de exclusión para personas LGTBI, se pone en cuestión el derecho al aborto, aumenta el discurso negacionista de la violencia contra las mujeres. No hablemos ya de la construcción de un sistema europeo de cuidados y de garantizar que el cuidado se convierta en un derecho y no en una tarea que sostienen fundamentalmente los cuerpos de las mujeres en Europa, en España y en todo el mundo.

Las feministas quizás seamos quienes mejor sabemos que es necesario ponerse en pie y avanzar aún más en derechos. Quedan muchas tareas pendientes. Hay muchos países de la UE que todavía no reconocen el derecho a la libre determinación de la identidad de género. Aunque es evidente que hay avances, tenemos tareas pendientes para poner el consentimiento en el centro y para que haya un suelo mínimo de inversión en la lucha contra las violencias machistas. Un 5% del presupuesto europeo debe ir destinado a la lucha contra las violencias machistas, a la prevención, a la detección temprana, a la atención integral, a garantizar el derecho a la reparación de las mujeres que son víctimas de cualquier forma de violencia machista.

En un contexto de guerra crecen la explotación sexual y la trata con fines de explotación sexual. No solamente es que no hemos ido demasiado lejos, es que esto no ha hecho más que empezar. Tenemos que avanzar en derechos y ser más ambiciosas todavía en las políticas europeas para garantizar los derechos de todas las mujeres y de las personas LGTBI: prohibiendo las zonas de exclusión, las terapias de conversión y garantizando el derecho al aborto legal gratuito y seguro para las mujeres que interrumpen su embarazo, para quienes las acompañan y para el personal sanitario.

Hay un riesgo cierto, pero también hay una posibilidad de que tengamos una correlación de fuerzas feminista que nos permita seguir avanzando para frenar a esos sectores reaccionarios.

¿Este escenario que se dibuja en Europa cómo cree que puede darse en los próximos años en España?

Yo creo que la gente ve con mucha claridad que esta forma de organizar la vida, la economía y la sociedad no funciona. Después de un empuje muy fuerte del feminismo, de los sectores populares, de los movimientos sociales… que han conseguido un impuesto a las grandes fortunas, una ley trans o una ley de vivienda, ahora estamos en un momento en el que hay un reforzamiento del bipartidismo, que en realidad es un reforzamiento de que las cosas se queden como están.

Por eso creo que hay muchos sectores progresistas que están en una cierta resignación pensando que se pudo pero ya no se puede, que los límites del sistema son demasiado fuertes, y que 'así es la vida, hay problemas que no van a tener solución'.

Eso es lo que yo creo que genera más distancia para mucha gente humilde y que tiene valores progresistas y que quiere una vida justa, con derechos. Esa es una tarea de las izquierdas en España: demostrar lo que venimos diez años demostrando. ¿Es difícil? Sí, estos diez años también nos han enseñado que es muy difícil transformar y que hay un gran coste político, pero se puede. 

Esa resignación o esa conciencia de los límites nos tiene que servir para empujar la esperanza con más capacidad aún de transformación. Porque cuando tú eres consciente de las dificultades, también eres más capaz de enfrentar la tarea. Ya no vas con tanta inocencia o ignorancia de los baches que te puedes encontrar.

Nosotras, que venimos de pasar momentos muy difíciles como organización política, es la reflexión que hemos hecho. ¿Merece la pena seguir intentándolo? Rotundamente, sí, porque estos años han demostrado que se pueden cambiar las cosas y para eso la izquierda necesita ponerse en pie, porque, si no, la alternativa es que vuelva a mandar el bipartidismo y eso significa muchos titulares, pero que nada cambie nunca. 

Estamos en un momento en el que hay un reforzamiento del bipartidismo, que en realidad es un reforzamiento de que las cosas se queden como están

Hablaba de las dificultades durante la pasada legislatura para hacer todos los cambios que se hicieron en Igualdad, tanto en España como en Europa. En un contexto en el que la extrema derecha está avanzando, ¿es posible combatir el discurso antigénero desde el Parlamento Europeo?

No solo es posible, es una urgencia democrática. La forma más importante o más eficaz de frenar esos discursos negacionistas de la violencia machista o esos discursos machistas, misóginos y que quieren perpetuar los elementos más crueles y más injustos del modelo neoliberal y del patriarcado, es avanzando en derechos.

Pero también hay que hablar de los centros de poder que están utilizando para hacerle la guerra a la democracia. El presidente [Pedro Sánchez] le ha dicho a toda España que en este país existen sectores reaccionarios que hacen una guerra judicial y mediática que pone en riesgo el avance en derechos y que ha llegado a poner en riesgo la mismísima presidencia del Gobierno. Han estado a punto de cobrarse una pieza tan grande como la presidencia del Gobierno. Tenemos que hablar de esos sectores reaccionarios que desde el Poder Judicial quieren mandar más que un Gobierno. En España manda la gente. La soberanía pertenece al pueblo, no a esos sectores reaccionarios. 

Y lo mismo con el poder mediático. ¿Cómo puede ser que en este país en prime time se naturalicen discursos tránsfobos o negacionistas de la violencia machista? Decir que una mujer trans no es una mujer no es libertad, es odio. Es necesaria una ley contra la desinformación. ¿Por qué podemos saber las declaraciones de bienes de todos los cargos públicos y no podemos saber cuál es la declaración de bienes de Ana Rosa Quintana o de Antonio García Ferreras para saber cuántos millones de euros tienen?

Ana Rosa Quintana es una de las jefas de una de las principales productoras de televisión de este país. Tiene 44 pisos turísticos. A lo mejor que la gente sepa que Ana Rosa Quintana es propietaria de 44 pisos turísticos y que usa la vivienda para especular y no para vivir nos da buena cuenta de por qué en sus programas se habla mucho del riesgo de la ocupación, cuando en realidad el problema de la vivienda en España tiene que ver con que los alquileres son imposibles y que los buitres y los especuladores están acaparando ilícitamente la vivienda. 

Se habla mucho de guerra en Europa, y a menudo la enunciación de las cosas precede su materialización. ¿Cómo analizan este contexto? 

Es que Europa está fracasando en su capacidad de parar la guerra. Europa puede parar la guerra, puede poner todos sus esfuerzos diplomáticos para hacer la paz, para dejar de ser cómplices políticos, militares y mediáticos de un genocida como Netanyahu. ¿Cómo es posible que en 48 horas se puedan romper relaciones diplomáticas con Argentina por unos insultos o unas palabras repugnantes de Javier Milei y en siete meses de genocidio, con 35.000 palestinos y palestinas asesinadas, no seamos capaces de romper las relaciones diplomáticas con Israel?

¿Cómo es posible que las élites europeas estén mostrando su total complicidad con Israel? Simplemente porque estamos haciéndole el trabajo sucio a Estados Unidos. Porque no somos soberanas de nuestras decisiones en materia de política internacional o en materia de decisiones militares. A mí lo que más me preocupa es que el consenso belicista en Europa lo están defendiendo desde la socialdemocracia, pasando por los verdes, los liberales, la derecha y la extrema derecha. 

Necesitamos una voz firme por la paz y romper ese gran consenso europeo por el aumento del gasto militar, vendiéndonos la moto de que la guerra es inevitable. La guerra es una decisión política y lo que estamos comprobando es que es mentira lo que el señor Borrell, jefe de la diplomacia europea, nos dijo hace dos años, que la guerra se paraba con más guerra. Nos han mentido. Esto solo ha servido para que el complejo militar industrial estadounidense se forre a manos llenas con el dinero de los europeos y de las europeas, y para que haya más asesinados y asesinadas en Ucrania y también soldados rusos. O en el caso del genocidio en Palestina, 35.000 palestinos y palestinas.

La guerra no se para con más guerra. La guerra se para con esfuerzos para la paz. ¿Por qué no llevamos a Netanyahu ante la Corte Internacional de Justicia? Ese es el camino que tiene que seguir Europa: volver a los motivos fundacionales de la Unión, el antifascismo, el respeto de los derechos humanos, la garantía de que las personas venimos al mundo para vivir. No para sufrir, ni para que los buitres, los especuladores, la gran banca o el complejo militar industrial nos impongan decisiones sobre nuestras vidas. Eso es lo que se está jugando Europa en estas elecciones.

Lo que más me preocupa es que el consenso belicista en Europa lo están defendiendo desde la socialdemocracia, pasando por los verdes, los liberales, la derecha y la extrema derecha

Habla de Palestina. El Gobierno ha anunciado que reconocerá el Estado palestino el día 28. Ustedes dicen que no es suficiente. Pero, ¿es un paso al menos?

Claro. La presión de décadas del Movimiento de solidaridad con Palestina, nacional e internacional hace que al final el Partido Socialista, aunque tarde, se mueva. Y eso lo hemos visto en la pasada legislatura con la ley trans y de derechos LGTBI, con la ley 'solo sí es sí' o con la ley de vivienda. Pero es impresionante que sea en un contexto electoral cuando esto pasa.

Lo que yo creo que la gente se pregunta es qué fronteras se van a reconocer. ¿Se van a reconocer las del 67 o se van a reconocer otras fronteras fruto de la ocupación ilegal del territorio palestino por parte de Israel? ¿Cómo se va a hacer efectivo ese reconocimiento? ¿Palestina va a poder controlar su espacio aéreo? ¿Va a poder controlar sus fronteras?

Yo creo que la pregunta que se hace la mayoría de la gente progresista y la mayoría de la gente que está horrorizada con lo que el Estado genocida de Israel está haciendo en Gaza es si va a servir el reconocimiento del Estado palestino para frenar el genocidio.

Y no, reconocer al Estado de Palestina no va a servir para frenar el genocidio. Sí puede servir romper las relaciones diplomáticas y comerciales, romper el acuerdo de asociación que Europa tiene con Israel o llevar a Netanyahu ante la Corte Internacional de Justicia. Y el embargo de armas.

¿Cómo puede ser que en tres días el Movimiento de Solidaridad con Palestina detecte al menos tres barcos cargados de armas sospechosas de ir a Israel y que cuando el movimiento detecta un barco se monte un escándalo que hace que el Gobierno diga que ha rechazado el paso por las costas españolas de un barco que va cargado con armas a Israel? ¿Y en los siete meses anteriores, qué ha ocurrido? Si hay tres barcos en tres días, todo parece indicar que esa es una ruta que no se acaba de abrir, que es una ruta estable. ¿Está siendo España un país de tránsito en las armas que terminan siendo usadas para masacrar al pueblo palestino?

Reconocer al Estado de Palestina no va a servir para frenar el genocidio

Antes decía que la legislatura pasada arrancó hablando del Pacto Verde y ha terminado hablándose de guerra, y de que está pendiente la reforma de las reglas fiscales, con una Comisión y un Parlamento Europeo que serán más conservadores que los salientes... Pero también se ha colado en esos últimos meses de legislatura un Pacto Migratorio que tiene mucho de agenda conservadora.

Precisamente por eso nosotras insistimos en que la paz es la tarea política más importante. Es la medida económica, social y política más importante porque con la guerra vienen el aumento de la desigualdad, la pérdida de derechos feministas, de derechos civiles, de derechos políticos y el aumento de los beneficios de la gran banca y de las grandes empresas energéticas.

El Pacto Migratorio es otro buen ejemplo de ello. Hace unos días salía una investigación que decía que Europa y España están pagando dinero a terceros países, a Marruecos, Túnez y Mauritania, para que detengan ilegalmente a personas por su perfil racial y para que las dejen tiradas en el desierto y así evitar que lleguen a nuestras fronteras. Eso es una violación de los derechos humanos, es una vergüenza insoportable de sostener para cualquier ser humano en el plano ético o moral, y es también una violación del derecho internacional.

Europa tiene que recuperar los grandes principios, ya no políticos, sino de vida: ningún ser humano es ilegal. El problema que tiene Europa no es que emigre gente, es que los fondos buitre y los especuladores están echando a la gente de sus barrios, de sus ciudades y acaparando la vivienda para especular.

Y si las casas son para vivir, y no para especular, prohibamos que los fondos buitre compren vivienda. Los buitres y los especuladores también están haciendo negocio con las macrogranjas que consumen un montón de recursos hídricos, que es una de las principales causas de la sequía en Catalunya: necesitamos que los fondos buitre no puedan abrir nuevas macrogranjas, ni las grandes corporaciones, o que no compren tierra en Europa; que se vayan a robar a otro lado. El problema que tiene Europa no es que venga gente, el problema que tiene Europa es que están viniendo buitres y especuladores y es a esos a los que hay que echar.

Y en materia del pacto antimigratorio lo tenemos clarísimo. Hay que derogarlo. Ese pacto permite, además, violar los derechos de la infancia, con las identificaciones a niños y niñas de más de seis años, así como detenciones ilegales. Pero, ¿en qué mundo queremos vivir? Ni siquiera me vale el argumento de que las personas migrantes vienen a trabajar y aportan con sus impuestos. Vayamos a lo importante: ningún ser humano es ilegal.

De lo que estamos hablando es de que, honestamente, el mundo no funciona. Las cosas tienen una parte de compromiso con la vida. Yo lo que quiero es vivir en un mundo en el que la gente que más quiero tenga los mismos derechos que la gente que no conozco de nada, y que podamos vivir y ser felices. Y para eso 'ningún ser humano es ilegal' tiene que ser la política migratoria de la Unión Europea, no una política que comparte la socialdemocracia siendo la propuesta política de la extrema derecha.

Si seguimos por ese camino, la derecha y la extrema derecha mandan aunque no gobiernen. Y ahora mismo necesitamos justo lo contrario, que quien mande sea la gente y que podamos avanzar de forma decidida en derechos para resolver los problemas que tiene la gente de verdad, en materia laboral o de vivienda, o en derechos feministas o LGTBI.

Este sábado se cumplen diez años del 25 de mayo de 2014, en el que Podemos irrumpió en el escenario español y europeo. También entonces se produjo la victoria de Tsipras, de Syriza, en Grecia, en un momento en que parecía que el desborde venía por la izquierda. Y ahora, sin embargo, la ola es reaccionaria. ¿Qué ha pasado para que esto sea así?

Que hemos avanzado en derechos, que hemos conseguido cosas que nos decían que eran imposibles, que ha habido gobiernos en Europa elegidos por la gente que querían gobernar para avanzar en derechos y para responder a lo que esa gente había votado, no para ser gerentes de las grandes multinacionales de los fondos buitre.

Ha pasado que en este ciclo político ha habido personas dispuestas a hacer política para avanzar en derechos, aunque tuviese un gran coste político. Y presidentes dispuestos a ser presidentes y no gerentes, y gobiernos dispuestos a gobernar para la gente en lugar de ser gerentes de las grandes corporaciones, de las empresas del Ibex 35, de los fondos buitre. Y eso tiene una reacción, claro.

Si tú haces políticas que redistribuyen la riqueza, si en medio de una emergencia sanitaria tú demuestras que la intervención del Estado en sectores estratégicos de la economía, que hace diez años en España decía el bipartidismo que era bolivariano, y propio de peligrosos rojos comunistas, resulta que no solamente no hunde la economía, sino que la gente vive mejor... Con eso hay una reacción. Porque cuando se redistribuye la riqueza, cuando lo público toma las riendas de las decisiones y en lugar de priorizar el negocio cruel con los derechos de las personas, se prioriza garantizar derechos, alguien pierde. Y para saber quién pierde, hay que preguntarse quién gana con la injusticia. ¿Quién está ganando con la injusticia? Pues miren los beneficios de la gran banca: en España, las principales entidades financieras están ganando en 2024 más que en 2023; en 2023, más que en 2022. En materia energética, miremos quién está cada vez aumentando más sus beneficios, y así nos daremos cuenta de quién organiza esa reacción para sostener sus privilegios.

Entonces, ha pasado que hemos conseguido cosas que parecía imposible de conseguir, y ha habido una reacción, con tanta fuerza, con tanta violencia y con tanta crueldad que se hace humanamente insoportable, y que puede hacer legítimamente decir a mucha gente: 'Mejor no intentar avanzar en derechos porque la respuesta es muy violenta'. Ahí es cuando hay que estar firmes para decir: 'Si están reaccionando es precisamente porque están perdiendo. Sigamos avanzando porque su reacción es el resultado de nuestras victorias'.

Y por eso decimos que la izquierda tiene que ponerse en pie. Este es el momento de demostrarles que, a pesar de su violencia, aquí seguimos y somos más.

¿Y teme que se pueda llegar a algún tipo de italianización de la izquierda en España y en Europa? En Portugal también tuvieron un resultado modesto en las últimas legislativas.

Estoy segura de que hay fuerzas muy poderosas, la mayoría de ellas no democráticas, que no se presentan a las elecciones, que están intentando que así sea, que haya mucha gente de izquierdas paseando por las calles, tomándose una cerveza en un bar, pero que a la hora de votar solo puedan votar a opciones políticas que estén dispuestas a asumir los límites que nos marcan las grandes entidades financieras, los corruptos, las grandes empresas energéticas...

Sí, estoy segura de que ese es su plan, volver a una situación en la que parezca que algunas cosas cambian para que nada cambie. Sí. ¿Les vamos a dejar que eso pase? Yo no. Yo tengo ganas de seguir peleando, con mucha conciencia de que es difícil, desde la modestia absoluta de saber las fuerzas con las que contamos. Pero, para ser millones, hay momentos en los que hace falta ser una, dos, tres, diez. Y, cuando eres diez, después puedes ser 100 y después otra vez millones.

Volvamos a ponernos en pie, que no vuelvan a pasar décadas para que les ganemos la partida; y es que en realidad se la estamos ganando, aunque ahora su reacción y su respuesta sea tan violenta y tan cruel y tan injusta que también nos haga daño.

¿Y ese ponerse en pie va acompañado también de ir juntos Podemos y Sumar? Hemos visto en los últimos meses cómo concurrían por separado en las gallegas y en las vascas, y ahora van separados a las europeas. ¿Podemos ver en el futuro un escenario en el que se vuelva a la unidad?

Ahora mismo la tarea es política. La izquierda se tiene que poner en pie, y eso es una tarea política. La gente tiene que estar dispuesta a seguir avanzando y a defender los derechos que hemos conquistado y los avances democráticos que ya hemos hecho. Esa es una tarea política, no de carácter organizativo o de acuerdos electorales. 

Pero, para responder a tu pregunta, hay muchas formas de colaborar. Una de las cosas más importantes de la pasada legislatura, del primer gobierno de coalición, fue que conseguimos articular una mayoría progresista y plurinacional, responsable de sacar adelante los principales avances en derechos. Esa alianza que se construyó entre Unidas Podemos, Esquerra Republicana de Catalunya, Bildu, el BNG, a la que se incorporaba también el Partido Nacionalista Vasco, Junts a veces... es la que ha permitido los grandes avances. Y no somos fuerzas que nos hayamos presentado juntas a las elecciones.

En estas elecciones europeas todo el mundo tiene que tener claro que todo voto cuenta: la circunscripción es única y ningún voto se pierde. No opera el voto útil. En este momento hay que ponerse en pie, estar dispuestas a seguir avanzando en derechos y, a partir de ahí, las formas de colaborar y de trabajar son muchas, múltiples y diversas. Y algunas de las fórmulas que han sido más capaces de hacer transformaciones han sido alianzas entre formaciones que nunca nos hemos presentado juntas a las elecciones, pero que hemos sido capaces de sostener esas transformaciones.

Todo el mundo decía que era una legislatura que iba a ser inestable, difícil; hubo muchos sectores interesados en construir ese relato del ruido y, al final, con el paso del tiempo, la gente se da cuenta de que el problema no era el ruido: ahora sigue habiendo ruido y no hay avances en derechos, y en esa legislatura hubo estabilidad, avances en derechos, presupuestos en tiempo y forma, y una mayoría progresista y plurinacional, además de una coalición de gobierno que funcionaba, que gobernaba, no un gobierno que está solo preocupado de sacar titulares.

Eso es lo que tenemos que conseguir, volver a poner en pie la capacidad de transformación. Y, para eso, ponemos a disposición de la gente lo que mejor sabemos hacer, que es ocuparnos de las tareas de transformación. Todo el mundo sabe, le gustemos más o menos, que, allí donde está Podemos, pasan cosas.

Nosotras no estamos calladitas y quietecitas; nosotras, donde estamos, las cosas pasan, incluso aunque nos digan que son imposibles, persistimos hasta que pasan. Y esa es la tarea que hay ahora: volver a recuperar las posibilidades de transformación en España y, también, llevarlas a Europa para conseguir que haya paz y que haya más derechos.

Hablaba de que en estas elecciones, en términos de sistema electoral, no penaliza la división. Pero, en unas generales puede que yendo separados Podemos y Sumar no pudiera repetirse un Gobierno de coalición. ¿Cómo cree que puede percibir el votante esta división entre dos formaciones que programáticamente quizá no tengan tantas diferencias?

A mí esa pregunta nunca me la hacen respecto a un posible acuerdo con el Partido Socialista, cuando sí hemos sido capaces de gobernar juntas y de tener un acuerdo de gobierno. 

¿Hay tantas diferencias entre Podemos y Sumar como entre Podemos y el PSOE?

Yo creo que esa pregunta la responde la gente. Yo te puedo hablar de Podemos, que hemos pasado unos meses muy difíciles y hemos tomado una decisión política, que es que merece la pena seguir transformando este país, que es necesario y urgente, y que estamos dispuestas a asumir esas tareas si la gente nos vota y si apuesta por volver a poner en pie una fuerza política capaz de asumir esas tareas de transformación.

En relación a todo lo que después pueda venir, hay muchas formas de colaborar y de garantizar que los números dan. Algunas pasan por acuerdos electorales y otras pasan por acuerdos postelectorales. Y lo cierto es que hemos tomado caminos diferentes: Podemos es una fuerza que nace para cambiar todo lo que tiene que ser cambiado. Puede sonar idealista, pero yo prefiero ser idealista que ahogarme en la resignación, sobre todo porque sé que es posible cambiar las cosas. Porque toda España lo ha visto con sus propios ojos: nos han dicho tantas veces que una cosa no era posible, y al final ha llegado al Boletín Oficial del Estado, que aunque ahora sepamos mucho mejor que hace diez años lo difícil que es, sabemos también que se puede.

Y solamente por saber que se puede, merece la pena intentarlo. Pero, para eso, la gente se tiene que poner en pie, la gente de izquierdas, la gente que quiere cambios y que quiere derechos tiene que estar dispuesta. Y esa, además, no es una disposición que sea solo a votar, es también a dar esa pelea en el día a día, en lo cotidiano, a que cuando viene un compañero de trabajo y te dice: 'Fíjate esta ley de vivienda, que le va a robar las casas a mi madre', le diga: 'No, no, el que te está robando la casa es el fondo buitre, quien te está robando la casa es Ana Rosa, que tiene 44 pisos con los que especula en toda España. Y lo que está haciendo el Gobierno es garantizar que las casas son para vivir, y permitir que las comunidades autónomas puedan regular el precio del alquiler en las zonas de mercado tensionado, porque las casas son para vivir'.

Eso es una disputa cultural, una defensa permanente de los avances en derechos que necesitamos que haga la gente en nuestro país. Porque, si no, solo hablan los reaccionarios, que ya tienen mucho más poder mediático que la gente de izquierdas, que tienen sectores reaccionarios del Poder Judicial dispuestos a hacerle la guerra a la democracia y, por tanto, nosotras tenemos que usar las herramientas que tenemos para transformar. A lo mejor no tenemos tanto poder como una entidad financiera o como los sectores reaccionarios que se organizan desde el Poder Judicial o desde el poder mediático, pero tenemos la fuerza de estar juntas, y eso es lo que hace avanzar la historia.

¿Y personalmente, qué es lo que le llamó a presentarse a dar esta batalla en las europeas?

Esta reflexión no ha sido personal. Ha sido una reflexión colectiva. Podemos ha pasado momentos muy difíciles, para nosotras ha sido enormemente doloroso ver cómo se comprometían esas posibilidades de transformación. Es muy doloroso ver cómo ahora tenemos un gobierno en el que solo manda Sánchez. Es doloroso, pero merece la pena seguir intentándolo, y esa es la reflexión que nosotras hemos hecho: no es una reflexión personal, es una reflexión colectiva, porque nosotras si algo hemos aprendido en estos diez años es que las cosas, y especialmente las cosas importantes, nunca se consiguen solas ni se piensan solas.

En los momentos más difíciles, donde la guerra judicial y mediática era humanamente insoportable y donde también hemos vivido momentos muy dolorosos por las cuestiones internas, en lugar de pensar por separado, hemos pensado juntas. Y hemos pensado que queremos seguir intentando transformar y lo vamos a intentar y a ver qué dice la gente.

Y un votante que esté dudando entre votar a Sumar y votar a Podemos, ¿por qué debería votar a Podemos?

Yo no voy a compararme con otras fuerzas políticas que se presentan a estas elecciones. Lo siento, pero creo que esa tarea es bueno que la haga la gente. Lo que sí puedo decir es lo que es Podemos, lo que nosotras estamos dispuestas a hacer y hemos demostrado lo que, cuando tenemos el poder suficiente y la confianza suficiente en votos de la gente, somos capaces de hacer. Podemos es una fuerza política que nunca se pone de perfil, que nunca deja tirada a una compañera o a un compañero cuando la guerra judicial y mediática golpea con toda su crueldad y con toda su dureza. Podemos es una fuerza política que hace lo que dice que va a hacer, que consigue cosas que todo el mundo le dice que son imposibles, pero persevera, insiste y al final consigue que pasen. ¿Todas las cosas que nos gustaría, todo lo rápido que nos gustaría? No siempre, pero cuando nosotras nacimos muy poca gente se imaginaba que seríamos capaces de construir ese primer gobierno de coalición. Cuatro elecciones generales hicieron falta para construir ese gobierno, y el Partido Socialista le dio el Gobierno al Partido Popular con tal de no pactar con Podemos [en 2016], aunque había mayoría parlamentaria para hacerlo. Tuvieron que pasar varios años, perseverando, y a pesar del coste político porque perdimos votos por defender que había que hacer un gobierno de coalición y nos dijeron que buscábamos sillones mientras la máquina del fango operaba en todo su esplendor.

Pero, al final, teníamos razón: los números daban. Las causas justas, aunque a veces te digan que son imposibles, merecen la pena. Pues eso es Podemos, y ¿podemos hacer todo solas? No, vamos a tener que llegar a acuerdos con otras fuerzas. Hemos llegado a acuerdos con el Partido Socialista para gobernar siendo fuerzas diferentes con diferentes tareas en el ámbito progresista. Pero, aunque no podamos solas, también es necesario que haya una fuerza política dispuesta a asumir las tareas de transformación. Otras fuerzas políticas tendrán otras funciones, pero la de Podemos ha quedado demostrado que, allí donde estamos, las cosas pasan.

Este jueves el CIS apuntaba a que Podemos podría estar entre dos o tres escaños. ¿Le parece una buena cifra? ¿Cuál sería una cifra mala? ¿Cuál sería una cifra buena?

No nos vamos a conformar con ninguna cifra. Y, para nosotras, en estas elecciones el buen resultado depende más del efecto político que del número de escaños. Te pongo un ejemplo: Unidas Podemos, con 71 escaños, no logró convencer al Partido Socialista de hacer un gobierno de coalición. Daban los números, pero no fue posible. Y, sin embargo, con 35 escaños, sí. Y eso nos permitió transformar.

Por tanto, no siempre es una cuestión del número de escaños. Por supuesto que eso es importante, y nos presentamos a las elecciones para sacar cuantos más escaños mejor, porque cuantos más escaños tienes, más fuerza tienes. Pero influyen otras cuestiones. Para nosotras el buen resultado político es que de estas elecciones podamos llevar, por supuesto, una voz de defensa de la paz y de avance en derechos en Europa, y que en España se ponga en pie de nuevo una fuerza política capaz de transformar. Ese es el resultado político que nosotras buscamos con estas elecciones, que la gente de izquierdas se decida a ir a votar, que se ponga en pie, no solo para votar en estas elecciones, sino para seguir sosteniendo el proceso político en los próximos años. Como dice siempre Ione [Belarra], ser más útiles en los próximos diez años de lo que ya hemos sido en estos diez: el efecto que nosotras buscamos es un efecto político, que estas elecciones permitan poner en pie de nuevo una fuerza con capacidad de transformar las cosas.

¿Y el plan es estar allí la legislatura, los cinco años?

Eso es imposible de saber, pero puedo asegurar que todas las que vayamos de Podemos al Parlamento Europeo no vamos a estar ni calladitas ni paraditas, y vamos a hacer mucho trabajo y mucho ruido, lo reivindico. El silencio es un cómplice siempre de las injusticias, de los privilegiados. Y nosotras queremos ir para hacer con nuestras fuerzas, cuantas más tengamos mejor, que las cosas cambien. Y, por suerte, tenemos un gran equipo. La persona que me sigue es Isa Serra, una excelente militante dispuesta a dar todas las peleas por imposibles que parezcan, y vamos con Serigne Mbaye, que es una persona que necesitamos para poder defender que ningún ser humano es ilegal; y con Mar Cambrollé, que lleva desde que nació defendiendo los derechos de las personas trans, una de las impulsoras de la ley trans andaluza que se ha comido detenciones por la ley de peligrosidad social innumerables. Y con Diego Cañamero, porque una parte muy importante del presupuesto europeo se dedica a las políticas agrarias... Y vamos a por todas.

Habla mucho de la diferencia con los Verdes en Europa, y Podemos tiene una alianza con otros partidos llamada Ahora el Pueblo. ¿Hay planes para formar un grupo distinto con Ahora el Pueblo separado de The Left?

En estos años hemos construido muy buenas relaciones de confianza y de trabajo compartido con los principales partidos de la izquierda europea. Y reforzar esa dinámica es una de nuestras prioridades, porque juntas vamos a tener más fuerza para poder defender todo lo que tiene que ser defendido en Europa, y más en un contexto en el que puede que los reaccionarios estén muy fuertes. Entonces, cómo se concrete eso tendrá que verse después de las elecciones, viendo cuáles son los resultados de cada formación.

Pero, sí, vamos a defender nuestra voluntad de seguir fortaleciendo esa dinámica de colaboración, que ha sido enormemente útil en este tiempo y en la que además nosotras nos sentimos muy orgullosas de ser una fuerza articuladora. Además, me parece que justo en este momento en el que, por ejemplo, es tan difícil defender la paz en Europa, en el que hasta sectores que se autodenominan progresistas como la socialdemocracia o los Verdes están poniendo banderas del Estado genocida de Israel enormes en sus sedes, y están mostrando absoluta complicidad con el Estado genocida, pues yo creo que es más importante que nunca cuidarnos entre las que, aunque ahora estemos en minoría, estamos lanzando un mensaje claro de defensa de la paz y del pueblo palestino frente a un Estado, no solamente genocida, sino una potencia ocupante desde hace décadas reconocida por Naciones Unidas. Esto no es una valoración subjetiva de la izquierda, Naciones Unidas dice claramente que Israel es una potencia ocupante de la inmensa mayoría del territorio palestino.

Las voces firmes por la paz nos tenemos que cuidar las unas a las otras y fortalecer nuestra nuestra capacidad de trabajo conjunto.

¿Y Podemos, a partir del 10 de junio? ¿Qué tareas puede tener una vez que pasen estas elecciones y, salvo que convoque Sánchez, no hay previstas más elecciones hasta dentro de dos años?

Si conseguimos poner en pie de nuevo a esa fuerza política capaz de transformar, eso va a hacer que las tareas se vean con mucha claridad, independientemente de que tarde más o tarde menos una siguiente convocatoria electoral. Nosotras ahora mismo tenemos una fuerza modesta en el Parlamento, pero a veces estamos consiguiendo cosas más importantes que si tuviésemos uno o varios ministerios. Hace muy poquito, el gobierno trató de colarnos un recorte por la puerta de atrás para las futuras pensiones de las personas que cobran el subsidio por desempleo. Y cuando les dijimos que no íbamos a votar ese Real Decreto porque incluía un recorte, nos dijeron de todo: ahí la máquina del fango se puso en funcionamiento de manera espectacular, nos dijeron que mentíamos, que no había recorte, que no era por motivos políticos nuestro voto.

Y después se demostró que había un recorte y el Gobierno lo ha tenido que eliminar para poder contar con nuestros votos. Llegaron a decir que estábamos perjudicando a los trabajadores, cuando es una norma que iba a entrar en vigor ahora en junio, se apruebe ahora o se hubiese aprobado hace meses. Para eso sirve Podemos, incluso con unas fuerzas muy modestas y en un momento muy difícil; para que haya avances en derechos y para, si a alguien se le ocurre proponer un recorte o proponer un retroceso en derechos, decir: 'Por ahí no, los votos de Podemos sirven para más derechos, no para hacer recortes'.

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