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ANÁLISIS

Tamames ensaya un popurrí con clásicos ultras para su actuación en la moción de Vox

Doc Ramón Tamames

Andrés Gil

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Es un popurrí. Grandes clásicos populares de la ultraderecha, de esos políticos que sienten tanto dolor por una España que sólo se rompe en su imaginación, que se envuelven de la bandera y de su interpretación de la Constitución para alimentar la tropa de la extrema derecha. Eso sí, sin una palabra sobre la cultura, por ejemplo; y con muchas nostálgicas, como la reivindicación del ICONA y el INSALUD, instituciones de una España menos descentralizada.

Ramón Tamames, reconocido economista, autor de un clásico como la Estructura Económica de España, diputado en la Cortes Constituyentes por el PCE, el partido en el que comenzó a militar en 1956 como herramienta democrática, ha preparado un discurso para la moción de censura en el que junta recortes de prensa, mezcla diversas ideas en un mismo párrafo, comete inexactitudes y defiende tanto la Transición y la Constitución como reniega de lo que emanó de ellas.

Tamames ha preparado 34 folios desvelados por elDiario.es, que cuentan hasta con un índice y un buen puñado de citas a pie de página en los que abundan referencias a artículos de La Razón y a autores como Francisco Marhuenda, José Antonio Vera, Luis María Ansón y Daniel Lacalle, entre otros.

El borrador para su discurso de la moción de censura –“el acto de hoy es para mí como una de las últimas secuencias del propio guion de mi vida”, afirma Tamames– también tiene grandes ausencias del discurso de Vox. Ya empieza con algo que es anatema para el partido ultra, con un “señora Presidenta”, cuando Vox, por sistema, llama presidente, en masculino, a toda mujer que presida una cámara legislativa o una comisión parlamentaria.

Pero no es lo único que omite Tamames. Tampoco usa esos términos voxianos como “consenso progre”; “globalismo” o “ideología de género”. Ni siquiera se acuerda de George Soros, a quien Santiago Abascal dedicó bastante tiempo durante la pasada moción de censura. De hecho, apenas habla de feminismo, más que para culpar al movimiento de la “baja fecundidad” de España; al 8M de 2020, “fecha memorable de 2020, en que se produjeron decenas de miles de contagios del COVID-19”. Y tampoco se refiere a las tan manidas denuncias falsas de quienes niegan la violencia machista; y mucho menos se acuerda del latido fetal: en 34 folios Tamames no menciona el aborto. Lo que sí menciona es la ley del 'sí es sí', y cita para ello al director de La Razón: “Lo que sabemos ahora -como dice Francisco Marhuenda- es que la ley del 'solo sí es sí' ha conducido a reducciones de condenas a más de 400 agresores sexuales”.

Pero eso no quita para que abrace otras banderas ultras. Por ejemplo, deja bien claro lo mucho que le duele España. “Si efectivamente estoy aquí y ahora es porque considero una obligación defender la idea de la 'patria común e indivisible de todos los españoles', que dice el artículo 2 de la propia Constitución, en cuya gestación tuve ocasión de participar y firmar como diputado; y de votar en el referéndum de 6 de diciembre de 1978 como ciudadano”. Como es previsible, Tamames obvia el resto del artículo 2, donde se “reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

“Entre las fuerzas parlamentaras que apoyan a su Gobierno, señor Sánchez”, escribe Tamames, “se oyen las voces de quienes quieren romper España, o marcharse de ella, utilizando planteamientos de lo más sofísticos”. En este sentido, Tamames critica el “peso muchas veces indebidamente excesivo a los partidos ultranacionalistas y separatistas, a la hora de formarse gobiernos minoritarios, que necesitan del apoyo de ese voto en las Cortes Generales. Un favor por el que siempre han de pagarse los más altos precios, en términos de concesiones de todo tipo, incluso de piezas de la propia soberanía”.

Según Tamames, “tales circunstancias han deformado el propio Estado de las Autonomías, en el cual el objetivo principal de los separatistas es inutilizar el artículo 2 de la Constitución, sobre la 'indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles'. Dando paso así a la pretendida autodeterminación, que se enarbola como un derecho, sin ningún fundamento”.

No será la última vez que Tamames mencione ese artículo 2 de la Constitución, la cita más repetida en su discurso, siempre parcial, eso sí. Tamames, en este momento comete una de las varias imprecisiones de su discurso, cuando recuerda que el diputado de Euskadiko Eskerra, Francisco Letamendía, defendió en el Congreso en 1978 que la Constitución recogiera el derecho de autodeterminación. Así, en el borrador de su discurso se dice que “votaron en contra los propios diputados vascos de entonces, que acababan de ver restaurados sus derechos forales”. En efecto, el PNV acabó votando en contra, pero no Euskadiko Eskerra, que lógicamente votó a favor de su propuesta –HB no participó en las elecciones de 1977, y consiguió tres escaños en 1979–. Y añade: “En tanto que por absoluta mayoría se pronunciaron también en contra de esa autodeterminación los diputados nacionalistas catalanes, menos dos. Porque sabían que a la vuelta de la esquina estaba su Estatuto de autonomía”.

Pero, como dice la crónica de El País, “los cinco votos favorables al derecho de autodeterminación corresponden a los diputados señores Letamendía (Grupo Mixto), Barrera, Arana y Pau Bernau (Minoría Catalana) y Sánchez García (UCD)”. Es decir, hubo tres catalanes, uno de ERC y dos del PSC, que votaron a favor. “Las abstenciones registradas corresponden a nueve diputados de la Minoría Catalana (señores Roca, Sendra, Sala, Perera, Pujol, Trías Fargas, Alavedra, Verde y Paredes Hernández), al socialista Fernández Montesinos y al diputado del Grupo Mixto Emilio Gastón”. Por tanto, hubo nueve diputados catalanes que se abstuvieron y no votaron en contra, entre ellos convergentes como Jordi Pujol, y varios socialistas.

“En realidad”, dice Tamames en la línea típica de la derecha más centralista y en contra de lo emanado de la Constitución, “un nuevo gobierno de la Nación ha de plantear al poder legislativo un nuevo escenario en el que los partidos nacionalistas estén representados en la soberanía nacional con un sistema electoral adecuado que los de la actual sobrerrepresentación. Para que la generalidad del pueblo español sea el que salvaguarde el futuro de España, y no su disolución, [...] poniendo en riesgo la arquitectura constitucional de 1978”.

Resulta llamativo que al tiempo que habla de una sobrerrepresentación nacionalista, hasta el punto de vaticinar la disolución de España, Tamames saluda al Congreso como “hemiciclo, expresivo de España entera, como realidad económica, social y cultural”.

Hasta el lunes, el candidato a presidente del Gobierno tiene tiempo a corregir errores en su borrador. Y a incluir recomendaciones de la extrema derecha que lo ha elegido para subirse al estrado. Tamames se enteró en directo de la publicación de su discurso y reconoció que se trataba del último borrador. “Es un trabajo de dos meses y no se puede cambiar en dos días”.

Tributo de Tamames

El candidato de Vox, que no sigue a pies juntillas el discurso de Vox, se presenta como una suerte de salvador que llega del pasado para rescatar a una España al borde del precipicio. “Aparte de la referencia al tema de la Transición y su permanencia, acepté el ofrecimiento de Santiago Abascal y demás diputados de Vox en pro de la moción de censura, por la obligación que sentí de rendir personalmente mi último tributo a la defensa de los intereses actuales y futuros de España”, sostiene, y recuerda: “Hace aproximadamente veinticinco años [sic, en realidad fueron casi 35] subí por última vez a esta tribuna en el hemiciclo de la soberanía nacional, como diputado que fui durante tres legislaturas, empezando por la Constituyente”.

Eso sí, lo que no cuenta Tamames es que aquella legislatura la arrancó en IU y la terminó en el CDS, siempre en el cargo público, cobrando tanto del Congreso como del Ayuntamiento de Madrid, donde también era concejal y con cuyo voto contribuyó a la moción de censura que desalojó al socialista Juan Barranco de la alcaldía para colocar a Agustín Rodríguez Sahagún. Aquel cambio de bando le fue reprochado vivamente ante las cámara de TVE por el entonces concejal de IU Félix López Rey –actual número dos de la candidatura de Rita Maestre al Ayuntamiento con Más Madrid–.

Tamames no sólo hace una interpretación sesgada de la Constitución, citando parcialmente el artículo 2, sino que olvida deliberadamente algunos, como el 128, que proclama solemnemente que “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”; o el 31.1, que propugna que toda la ciudadanía contribuya al sostenimiento del gasto público con un sistema fiscal basado en la igualdad y progresividad.

El candidato de Vox, además, retuerce un concepto fundamental en la historia del comunismo italiano, el compromesso storico, en una anécdota que basta mirar en Google para ver que está bastante manida por el propio Tamames.

Tamames menciona al inicio de su discurso el paso por la cárcel franquista en 1956, buscando la legitimidad del luchador por la democracia al tiempo que candidato de Vox, partido postfranquista. Y en ese contorsionismo de quien va de la mano de la extrema derecha, cita a un amigo suyo, Angelo Pantaleoni, ex delegado cultural de la embajada italiana en Madrid, quien, según Tamames, afirma que el verdadero compromiso histórico se produjo “en España”. ¿Por qué? “Fue donde precisamente se hizo el verdadero compromesso storico que en mi país, Italia, estábamos buscando desde hacia años, y que fue impedido por el asesinato de uno de sus protagonistas, Aldo Moro, de la Democracia Cristiana, y la relegación del otro, Enrico Berlingüer [sic, lo escribe con diéresis, como se pronuncia], del PCI. En España sí que conseguisteis ese compromiso con cuatro pasos: la Ley de reforma política, las elecciones de junio de 1977, los Pactos de La Moncloa, y finalmente la Constitución de 1978. Disteis una lección a Europa y a todo el mundo”.

El problema es que la tesis del compromesso storico, elemento esencial del eurocomunismo, no es un espejo del pacto constitucional español –aunque fuera histórico– para transitar del franquismo a la democracia sin juzgar los crímenes de la dictadura: era una manera de evitar la deriva autoritaria y cogobernar, propuesto por el líder comunista Berlinguer en 1973 tras el golpe de Pinochet y la muerte de Salvador Allende, por la creencia de que en aquel contexto no había opciones de un gobierno monocolor de izquierdas, y que sólo una cooperación entre el poderoso PCI y la DC podía evitar una deriva autoritaria en Italia. Es decir, Berlinguer abogaba por la colaboración en el gobierno de Italia entre el PCI, marginado de la política institucional italiana por el resto de partidos a pesar de ser el segundo más votado, y la DC, algo que nunca terminó de pasar: la respuesta de los partidos italianos fue negativa desde el principio, incluidos los socialistas, mucho antes del asesinato de Moro, en 1978. Otro detalle llamativo de Tamames es que recupere un concepto de Berlinguer acuñado tras el golpe contra Allende, ejecutado, precisamente, por los aliados de Vox en Chile –el Partido Republicano de José Antonio Kast–.

Ni buenos ni malos

Otro greatest hit ultra que usa Tamames es el de la memoria democrática. El candidato de Vox recuerda la apuesta por la reconciliación nacional que hizo el PCE en 1956, pero omite que lo hizo en vísperas del 18 de julio de aquel mismo año y recordaba que fue el día “en que comenzó la guerra de España”, según reza el documento del Comité Central. Por contra, Tamames se abona hoy a la tesis de que la guerra, de alguna manera, empezó dos años antes, cuando la “institución” fue “atacada primeramente desde la propia izquierda en la llamada revolución de octubre de 1934, que al final volvió a ser víctima de otra sublevación militar el año 1939 [sic. el golpe de Franco fue en 1936]”.

“Señor Sánchez: en una guerra civil, no hay un lado bueno y otro malo. En la nuestra de 1936/1939, cometieron atrocidades los dos bandos; tratando de limitarlas ahora, prácticamente, a sólo uno, es faltar a la verdad, al tiempo que arrumbar al desván la Ley de Amnistía de 1977”, afirma Tamames, poniendo en igual de condiciones a los golpistas y a los demócratas, a los aliados del nazismo y el fascismo y a los que murieron bajo sus bombas; a quienes murieron en las cunetas y a quienes construyeron el Valle de los Caídos con mano de obra esclava. Y es que, según Tamames, el Gobierno quiere ver “la Segunda República como una luz angelical”.

Rehén y secuestrador a la vez

Tan pronto dice Tamames que el gobierno es rehén de quienes quieren romper España, como dice que el actual Gobierno es una autocracia, en -este sí- otro gran clásico ultra: “Quienes afortunadamente estuvimos desde jóvenes en pro de la libertad y la democracia, y trabajamos desde la izquierda –yo lo hice en el PCE porque era un verdadero partido de lucha, y que desde 1956 estuvo por la plena reconciliación–, no podemos dejar de expresar nuestra perplejidad ante una situación como la actual en España, que se asemeja más a los de una moderna autocracia absorbente. Convirtiendo además la discusión pública en una dialéctica más bien al estilo ”amigo-enemigo“, que nos retrotrae a los períodos menos brillantes de nuestra historia”.

Así, prosigue: “Contra todo eso se presenta la Moción de Censura, y también, contra el hecho de que se niegue desde el banco azul el carácter de democráticos a formaciones que representan a millones de ciudadanos, como es el caso de mis proponentes. Que no han dejado en ningún momento de observar la ley y la Constitución. En contraste con Vd., que está apoyado por los herederos de quienes hasta hace muy poco utilizaban la violencia como forma de imponer sus propósitos, y los que todavía mantienen en esta Cámara una profesión de fe declarada de acabar con la unidad de España”.

Tamames, aquí, reivindica el constitucionalismo de quien niega partes fundamentales de la Constitución y la combatió en la Transición, mientras vuelve a agitar el fantasma de ETA, que lleva más de una década desaparecida.

En el borrador que ha enviado ya a Vox, Tamames pide “plantearse desde un nuevo Gobierno la designación de los magistrados del Tribunal Supremo y del Constitucional como vitalicios. Como también será necesario pensar si conviene tener un fiscal independiente, como el creado en EEUU para que siempre prevalezca la Justicia”. Sin embargo, la duración de los cargos del TC está definida en la Constitución, con lo que habría que modificarla para eso, mientras que el fiscal general de EEUU es una propuesta del presidente y forma parte del Gabinete presidencial.

El candidato también cae en otra contradicción al considerar autoritario por parte del Gobierno recurrir a los decretos leyes, cuando el gobierno necesita una veintena de votos y una decena de partidos para sacar adelante en el Congreso esos textos legales: “En el Congreso de los Diputados, con el actual Gobierno y tantos ministros y ministras en el banco azul, se llevan publicados 132 decretos leyes, aprobados en los últimos cuatro años. Así, un instrumento de vía extraordinaria, se ha hecho algo de lo más normal: un procedimiento que implica menos o nulo debate parlamentario, uno de los problemas de nuestra actual vida política”.

¿Inseguridad jurídica?

En un toque personal, que se entiende por su larga relación con la asociación fotovoltaica ANPIER, Tamames habla de inseguridad jurídica para recordar las “familias españolas, pioneras en la energía fotovoltaica en España que se ven defraudadas por el cambio de políticas sin respetar derechos prometidos”.

¿Eso quiere decir que se ha hecho ecologista? No tanto: en su discurso, defiende el Trasvase del Ebro, parado en 1996, por ejemplo; así como la ampliación de los regadíos –Vox defiende los ilegales en Doñana– y las plantas desalinizadoras.

Economía a medida

Es curioso que Tamames se centre específicamente en los dos ministros con carné del que fue su partido, el PCE, para hacer sus críticas. Sin embargo, no siempre son consistentes. Por ejemplo, a Yolanda Díaz la acusa de ser “sindicato y patronal al mismo tiempo”. ¿Por qué? Por la subida del SMI, que es competencia del Gobierno, y por pedir mayores costes en los despidos: “Se refiere a los 33 días acordados en una reforma laboral anterior, cuando por entonces la compensación aún era de 45 jornadas por año trabajado; un relicto de la España de los años de Franco, cuando imperaba la mencionada protección heteronómica de la dictadura, cuando se pretendía sustituir a los sindicatos libres por los verticales”.

De Alberto Garzón, ministro de Consumo y coordinador general de IU, dice encontrar “despropósitos de gran calibre”. Y afirma que “propone bonificar con el 14% la reducción del precio de una cesta de 20 productos básicos”, cuando aquella propuesta fue de Ione Belarra, ministra de Derechos Sociales y secretaria general de Podemos.

Tamames no se olvida de otro espantajo ultra, Venezuela, contra la que se despacha: “Naturalmente, esta nueva intentona [la de intervenir precios] podría tener un significado profundo: establecer, en la línea del régimen chavista de Venezuela la idea del racionamiento por el Gobierno, la senda muchas veces irreversible del racionamiento de los regímenes chavistas como Venezuela, de las épocas de guerra o de postguerra, o de planificación para generalizar la pobreza con la escasez y los altos precios. Una vez más fracasará ese propósito de quienes apoyan a su Gobierno, Sr. Sánchez”.

En la parte económica hay más errores. Por ejemplo, atribuye a España una deuda del 115% del PIB, cuando está en el 113,1%; y afirma que no hay acuerdo entre el Gobierno y la banca sobre hipotecas, si bien Gobierno aprobó unas medidas a las que se han adherido casi todos los bancos (los seis grandes).

Más llamativo aún es cuando habla de “becas de 2.500 euros a un millón de estudiantes”, en realidad la noticia es la aprobación del reparto de más de 2.500 millones en becas para un millón de estudiantes.

Y otro más: “Es absolutamente necesario volver a examinar la situación de la sanidad española, en cierto modo como se hizo en su momento con el Informe Abril Martorell de 1981”. Pero el informe Abril Martorell no es de 1981, sino de 1991, como apunta un socio de elDiario.es.

¿Guiño a Orbán y Berlusconi?

El candidato de Vox habla de la Unión Europea con menos desprecio que los representantes de la extrema derecha en Bruselas. Pero sí aborda la invasión rusa de Ucrania con una narrativa similar a líderes europeos de derecha radical que han coqueteado con el presidente ruso, Vladímir Putin.

Así, Tamames afirma: “Nos preocupa especialmente la guerra de Ucrania a la que desde Bruselas no se ofrece una salida a la paz. Cuando la Europa unida se empezó a formar a partir de 1950 con la Declaración Schuman, que fue un verdadero manifiesto por la paz perdurable enEuropa, un ideal ahora roto. En ese sentido, es difícil de entender cómo se envía un ingente armamento de guerra a Ucrania, sin haberlo discutido en este hemiciclo, que se supone es sede de la soberanía nacional. Sobre todo, con una política en la que la UE de la que España es parte, ¿no seguimos siendo, señor Sánchez, un protectorado de EEUU? Espero su respuesta”.

“Para frenar lo que está empezando a convertirse en una carrera hacia un destino final tan imprevisible como seguramente catastrófico. No hay más remedio que negociar ya desde ahora mismo un fin a la guerra”, sostiene Tamames.

El candidato de la extrema derecha también se alinea con la extrema derecha al hablar de migración, si bien no llega al extremo de criminalizar a los menores, aunque no duda en ligar delincuencia y migración: “Esa elevación de la criminalidad es resultado en gran parte de las políticas que permiten una inmigración muchas veces descontrolada, y que ha sido incapaz de impedir la entrada de toda clase de delincuentes, o de expulsarlos una vez conocidos en su peligrosidad; como se ha visto recientemente con el caso del yihadista de Algeciras. Un área de especial preocupación son las llamadas bandas latinas en España, que cada vez resultan más violentas. [...] Esas bandas están en proceso de eclosión, con aumento de reyertas, peleas, mutilaciones y heridos; así como que está en expansión el número de jóvenes que simpatizan y entran a formar parte de tales estructuras. No se trata de West Side Story en España, sino de algo muy grave”.

En este sentido, pone tareas: “En el caso de la UE, el proyecto más interesante que España podría aportar es el ya mencionado informe completo sobre cómo organizar las migraciones por la UE”.

Ahora bien, cuando habla de Marruecos, cita el plantón del rey Mohamed a Pedro Sánchez en la última cumbre de Rabat, pero no menciona la tragedia de la valla de Melilla del pasado verano, donde murieron decenas de personas, una de ellas en territorio español, según una investigación periodística.

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