Altruismo eficaz: la filosofía de ayuda humanitaria que triunfa en Silicon Valley y trata de sobrevivir a su gran escándalo
Ayudar lo máximo posible con los recursos disponibles y saber que funcionan. Con esa vocación nació el conocido como “altruismo efectivo” o “altruismo racional”, una forma de apoyar campañas de cooperación al desarrollo internacional o de ayudas ante catástrofes naturales que maximiza la efectividad de la cuantía. Hay personas que las apoyan con aportaciones de seis cifras, otras que apenas llegan a los cinco euros, pero todas con la consciencia de que serán evaluadores externos e independientes los que examinarán cómo de efectivo es el dinero en un proyecto concreto. No se trata de ayudar solo con el corazón, sino hacerlo también con la cabeza.
El altruismo racional es un movimiento relativamente reciente, impulsado por los profesores de Oxford William MacAskill y Toby Ord y con mucho predicamento en universidades de EEUU. La popularidad de esta corriente se disparó cuando uno de sus principales defensores, Sam Bankman-Fried, fue detenido y posteriormente condenado por el robo de 8.000 millones de dólares a los clientes de su fondo de inversión. Bankman-Fried se había rodeado de una serie de seguidores de esta filosofía, defensores de que la mejor manera de ayudar a los demás era ganar la mayor cantidad de dinero posible para luego ser donada con criterios de eficacia.
Aquel grupo lo componían profesionales de la inversión, matemáticos de mente privilegiada y, en general, profesionales de primer nivel en sus sectores, que es donde principalmente ha calado esta forma de entender la ayuda a los demás. La corriente ha calado además entre parte de los millonarios de Silicon Valley, deseosos de contribuir con su dinero para que este sea empleado de la manera más efectiva posible.
Ese es el mantra que persiguió a Pablo Melchor, ahora presidente de la Fundación Ayuda Efectiva y autor de “Altruismo racional. Por qué podemos ayudar más y cómo hacerlo mejor” (arpa, 2025), cuando dejó de lado el emprendimiento empresarial. “Tenía éxito profesional, pero me planteé qué sentido tenía lo que hacía. Me preguntaba si eso era lo mejor que podía hacer con mi vida. Siempre me he sentido un privilegiado, y tuve la suerte de poderme parar a pensarlo”, cuenta a elDiario.es en conversación telefónica.
De ese parón llegó la pregunta que todavía le recorre: ¿cómo puedo ayudar? Así llegó a lo que fuera de España se conoce como “altruismo eficaz”, que en esencia es usar la evidencia y la razón para encontrar la mejor forma de ayudar a los demás y llevarla a la práctica, según define el mismo Melchor.
De esta manera, apuesta por dejar un poco de lado la parte más emotiva con la que solemos apoyar proyectos solidarios para acercarnos a algo concebido quizá como frío, que es la razón. “Porque tanto emociones como razón nos caracterizan como seres humanos. Será un verdadero drama si decidimos ayudar a los demás y lo hacemos de una manera en que no cambian las cosas. Habremos derrochado esa emoción que nos lleva a preocuparnos por los más vulnerables”, apuntilla.
El presidente y cofundador de Ayuda Efectiva recalca que la ciudadanía suele adolecer de un sesgo muy fuerte a la hora de decidir a qué proyectos aportar, ya que se decanta por aquellos que tienen una efectividad más local. Según Melchor, eso lleva a una doble tragedia: “Si has nacido en un país africano sin acceso a una sanidad de calidad y además la gente que ha ganado la lotería del nacimiento va a ayudar a las personas que tiene más cerca, no solo la población africana seguirá sin nada sino que quienes pueden ayudarles tampoco lo harán”.
Para entrar de lleno en el altruismo efectivo la idea de que una vida humana vale lo mismo en cualquier coordenada del mundo es esencial. Melchor confirma que el dinero rinde 100 veces más en los países más pobres, y reitera que guiarse por lo cercano y emocional hace que la ayuda deje de tener impacto.
El objetivo: hacer más con menos
Formar parte de Ayuda Efectiva supone donar una cantidad determinada a algún proyecto ya elegido previamente por los evaluadores externos e independientes de la organización sin ánimo de lucro GiveWell. Según Melchor, utilizan la investigación académica y la evidencia y averiguan sobre el terreno de los países empobrecidos cómo una misma cantidad de dinero puede ayudar más. Entre los factores que más puntúan, aquellos proyectos orientados de forma directa a salvar vidas.
Ilustrarlo es sencillo. La malaria es una enfermedad transmitida por un mosquito que mata a 600.000 personas en el mundo al año, de las que el 75% son menores de 5 años, según la Organización Mundial de la Salud. “Todos los días mueren más de 1.000 niños por una enfermedad que se puede prevenir por un coste de cinco a siete euros”, recalca Melchor. Cinco son los euros que cuesta una mosquitera insecticida que protege a dos personas entre dos y tres años, y en cuyo coste va incluido su distribución y explicación sobre por qué hay que usarla a las personas que componen el censo. Ese es el censo que guiará a los evaluadores al tiempo para analizar en qué estado se encuentran las mosquiteras y su efectividad. Las de siete euros están pensadas para evitar la malaria estacional.
“Pero es que con 100 euros se podría suplementar a 50 niños con vitamina A. Esto es muy desconocido en España, pero sobre todo en el Sahel hay tal deficiencia de esta vitamina que entre 250.000 y medio millón de niños se quedan ciegos cada año por no tener una vitamina que cuesta dos euros al año”, desarrolla el mismo Melchor. Así pues, maximizar la relación coste-efectividad es el principal objetivo.
Una elección abierta
Desde Ayuda Efectiva han puesto en marcha el llamado Fondo Salud Global, el más popular de todos. Este fondo acumula el dinero de los donantes, quienes aportan según su capacidad. Una vez al trimestre, la Fundación lo vuelca totalmente en los programas de investigación mejor puntuados por los evaluadores de GiveWell.
Esta fundación española con algo más de cinco años de vida destaca su transparencia: “La persona que quiera donar anualmente y meterlo en este fondo lo puede hacer y olvidarse de ello, porque irá a un buen proyecto. También hay otras personas que prefieren elegir, y pueden hacerlo entre los programas que incentivamos desde el fondo”, desarrolla Melchor. De esas donaciones también sale la cobertura de los gastos que tiene la Fundación, desde donde sugieren aportar un 10% de las mismas.
Auditoría sobre el terreno y rendición de cuentas
Luchar contra la falta de cultura de ayuda efectiva es una de las principales batallas que fundaciones como la que lidera este antiguo emprendedor libran en su día a día. Enfrentarse al escepticismo que en ocasiones las ONG causan en la sociedad es otra. Para eso existen esos evaluadores externos. “La solución no es la pasividad, sino ser más exigentes”, sostiene el autor de “Altruismo racional”.
La idea principal es medir y optimizar los resultados que una cuantía económica dedicada a un proyecto concreto pueden conseguir. “Dedican 70.000 horas al año para investigación, auditan desde el terreno y su sueldo está cubierto por filántropos que saben que la información sobre los proyectos siempre será más útil si se publica”, subraya el presidente de Ayuda Efectiva. Asimismo, analizan proyectos “prometedores” pero de los que todavía no hay datos y animan a invertir en ellos para ayudarles a crecer y ver si entran en lo más efectivo o no.
De todas formas, los evaluadores también pueden cometer errores en sus tasaciones. Cuando suceden estos contratiempos, en los que se ha podido dar una sobrestimación del impacto del proyecto, desde GiveWell aceptan el error públicamente. “Yo no me fío de nadie, sino del mejor proceso”, confirma el propio Melchor, que a día de hoy se dedica totalmente a la Fundación Ayuda Efectiva cobrando el ingreso mínimo que le corresponde por convenio y donando a la entidad todavía una mayor cantidad, asegura.
Un estafador escondido en la ayuda efectiva
Una idea tan solidaria también puede ser explotada como lavado de cara. Es lo que hizo el estafador Sam Bankman-Fried, un magnate cripto condenado a 25 años de prisión y que llegó a conocerse bajo la etiqueta de “filántropo”. Este inversor estadounidense y ex director ejecutivo de FTX estafó 8.000 millones de dólares a sus clientes para distribuirlos a otras startups, políticos y ONG. También fue una de las caras más conocidas de este “altruismo efectivo”.
La fundación de FTX prometió donar 1.000 millones de dólares durante 2022, aunque antes de su caída en noviembre solo había podido llegar a contrastar 132 millones invertidos en diferentes proyectos y ONG, tal y como publicó elDiario.es en abril de 2024.
Además de Bankman-Fried, el grupo directivo del fondo de inversión estaba compuesto por algunos defensores a ultranza del altruismo efectivo. Su caída fue un duro golpe para sus seguidores y algunas de las figuras más relevantes como el cofundador de Facebook Dustin Moskovitz lamentó que esa filosofía había dado a este estafador una coartada. William MacAskill, uno de los cofundadores de esta corriente, lamentó que la “buena voluntad” de alguno de los seguidores del altruismo racional había “blanqueado el fraude”. Bankman-Fried llegó a decir en una entrevista que quería hacerse rico no por el dinero, sino porque quería “donar ese dinero a la caridad”.
Melchor tilda lo ocurrido con Bankman-Fried como “un caso de mierda” que supuso “un desastre absoluto”. Sin embargo, en sus propios términos, solo ha habido un tipo como él, mientras que en el terreno hay cientos de personas evaluando la ayuda y haciendo trabajos muy interesantes. De todas formas, el presidente de Ayuda Efectiva concluye que “aquello fue un desastre y ojalá esta persona jamás se hubiera asociado con el altruismo eficaz”.
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