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2020 completa el tridente de los años más cálidos jamás registrados

Efectos de los fuegos forestales en California (EEUU).

Raúl Rejón

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El cambio climático ha continuado su marcha implacable en 2020. Este año completa el tridente de los cursos más cálidos y será, al menos, uno de los tres con la temperatura global más alta jamás registrada, según los datos ya recogidos por la Organización Meteorológica Mundial. De enero a octubre, el termómetro planetario marcó 1,2 ºC por encima de los niveles pre-industiales, cuando arrancaron las emisiones masivas de gases de efecto invernadero por la quema combustibles fósiles.

La tendencia hacia un mundo cada vez más caliente es imparable. La acumulación de datos es inapelable: todos los años más cálidos observados por los científicos se concentran a partir de 2015. El último lustro, de 2016 a 2020, y la última década presentan la temperatura media más alta. En Siberia (en el norte de Asia) la temperatura en 2020 se ha ido 5 ºC por encima de la media.

El planeta recalentado afecta a todo: mar, aire, lluvias...

Una vez que el mundo atestigua estar recalentado, se suceden los efectos que se han ido comprobando a lo largo de los meses de este año en el hielo, los océanos, al aire, las precipitaciones, los incendios forestales.... El hielo en el Ártico se ha fundido a ritmo récord. Alcanzó su extensión mínima en septiembre y fue el segundo peor registro desde que se mide por satélite. La ruta marítima que surca el océano polar Ártico estuvo libre de hielo de julio a octubre.

El mar es uno de los testigos más elocuentes de los efectos del cambio climático y la subida del nivel marino un indicador clave. La altura media medida en 2020 “es parecida a la de 2019 y consistente con la tendencia a largo tiempo”, explica la Oranización. Desde 1993, esa tendencia es de subida de más de tres milímetros al año. La interconexión del océano es clara: “Una pérdida mayor de hielo es la causa principal de la subida acelerada de la altura media del mar”, ha recordado este miércoles la OMM.

De esta manera, la absorción de cada vez más CO2 por parte de las aguas oceánicas empeora la acidificación del mar que provoca extinciones en cadena de vida marina. El 23% del CO2 que se emite cada año queda atrapado en los mares. Y más del 90% del calor retenido por el efecto invernadero.

Más del 80% de los mares han experimentado, al menos, una ola de calor. Fueron más frecuentes las olas calificadas como fuerte que la de carácter moderado. Además, el PH del mar no paró de bajar entre 2015 y 2019. Un océano cada vez más caliente y más ácido, como muestran las pruebas recogidas este año.

Huracanes, inundaciones, fuegos y desplazados

El 30 de noviembre terminó la temporada de huracanes del Atlántico norte. Se batió el récord de tormentas al llegar a 30. La más intensa fue la última, Iota. En 2020 se ha reforzado la relación entre el cambio climático, el calentamiento global y los huracanes. Actualmente hay un 40% más de probabilidades de que se desencadene un huracán muy potente (de categorías 3 a 5) y están más cargados de energía gracias a la subida de temperaturas por lo que alargan su vida una vez que tocan tierra. También han ampliado su rango de acción e impactan en zonas antes casi impensables, por ejemplo, España. Theta afectó a las Islas Canarias el pasado noviembre.

Quizá los efectos más visibles del cambio climático son los episodios de lluvias extremas, indundaciones y olas de calor. En el sudeste asiático se ha padecido una de las dos épocas de monzón más húmedas desde desde 1994. Precipitaciones muy severas afectaron el cuerno de África y el Sahel. Y detrás de las lluvias torrenciales van unidas las inundaciones. El lago Victoria alcanzó un nivel récord en mayo pasado. Los ríos Niger y Nilo también. “Las inundaciones han afectado a millones de personas”, resume el informe de la Organización Meteorológica.

Mientras, el interior de Suramérica ha soportado “graves sequías”. Las áreas más afectadas han sido el norte de Argentina, Paraguay y el oeste de Brasil. Solo en este país, las pérdidas agrícolas llegaron a 3.000 millones de dólares, dice la OMM. En el Caribe se han observado “grandes olas de calor en abril y septiembre”.

La sequía y las temperaturas extremas “han contribuido a los mayores incendios forestales” con los que se ha enfrentado EEUU. De julio a septiembre se documentaron los meses más calurosos y secos del registro en el suroeste de este país. En California la marca de devastación forestal llegó a los 1,6 millones de hectáreas arrasadas por el fuego.

Todos estos episodios extremos, al final de la cadena, producen un efecto en las poblaciones. El informe explicita que “el clima y los fenómenos meteorológicos han disparado movimientos de población significativos y han afectado gravemente a grupos vulnerables en movimiento en la zona del Pacífico y de Centroamérica”. Las lluvias feroces en el Sahel africano entre agosto y septiembre pasados han generado 1,25 millones de desplazados de Burkina Faso, Malí y Níger. Unas 300.000 personas tuvieron que desplazarse en Etiopía en la primera mitad del año por las inudaciones y los corrimientos de tierra. 

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