Los informes internos nueve meses después del golpe: “El renacimiento del clima que motivó el 23F es evidente”
El intento fallido del golpe de estado del 23F provocó un tsunami político ante la constatación de una amenaza real contra una débil e incipiente democracia en España, pero también dejó ríos de tinta en los organismos del Estado. Según la información desclasificada este miércoles, coincidiendo con el 45º aniversario de la intentona golpista, la situación se evaluó especialmente desde el punto de vista de la situación en la que quedaban las Fuerzas Armadas.
La Policía Nacional hace un informe sobre la situación militar en España el 12 de noviembre de 1981, nueve meses después del intento de golpe de Estado, en el que ve un alto riesgo de repetición. “El renacimiento del clima que motivó el 23F es evidente”, dicen los informadores, que hacen el análisis sobre las consecuencias que está teniendo en la Policía la intentona golpista y que ayudaran a frustrarla.
Este runrún antidemocrático también se evidencia en un manuscrito anónimo desclasificado este miércoles, que es un anexo con los planes para repetir una asonada tras el fallido 23F. Es en ese documento donde una facción del ejército considera como primer fallo “dejar libre al Borbón y tratar con él como si fuera un caballero”, al entender que “el Rey seguirá adelante con su intento suicida de tener un gobierno con los socialistas, no pudiendo ser considerado ni como un símbolo a respetar”. “Es, por tanto, un objetivo a abatir y anular”.
Precisamente, la Policía, en ese informe de noviembre, advierte de que los policías y fuerzas del orden que se mantuvieron leales al rey empiezan a tener una situación “insostenible”. Además de poner a la prensa de “ultraderecha” como vehículo de ese clima –incluso adjunta portadas de El Alcázar o Heraldo– alerta de que a la Policía Nacional se le hace el vacío o se la hostiga y que se está poniendo en la picota a los generales Sáez de Santamaría y Alcalá Galiano “sin que ninguna voz oficial se levante en su defensa”.
El informe policial constata que la actitud con la Guardia Civil (Tejero era uno de ellos y el cuerpo está adscrito a las Fuerzas Armadas, mientras que la Policía no) es distinta. Les hacen “continuos halagos”. El escrito apunta a que el personal policial “se siente acosado y con complejo de culpabilidad por haber actuado en los días 23 y 24F con absoluta lealtad al Rey, a la Constitución y, en definitiva, al pueblo español (...). La Policía fue el dique que se opuso con mayor efectividad al logro de los designios de los golpistas”.
Índice de Subversión
Los archivos del Ministerio del Interior también conservan un informe de ocho páginas con el sello de “secreto” plasmado en rojo en todas ellas con el título “Índice de subversión en las FAS”. En el documento, que es anónimo, “se analizan brevemente la situación, se determinan objetivos generales a alcanzar y se señalan esquemas de Líneas de acción, para ser desarrollados en caso de aprobación”.
El informe, fechado el 12 de diciembre de 1981, hace en primer lugar un dibujo desde el encaje en el ejército de la muerte del dictador y la llegada del rey hasta una mejora de la situación durante el Gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo. “La llegada de la Monarquía fue percibida por las FAS, con expectación y aceptada por considerarla, entre otras cosas, como uno de los deseos de Franco, expresados en su testamento. Una gran mayoría estuvo dispuesta a servir al nuevo Régimen con total lealtad, porque la obediencia en este caso se convertía en un tributo a la memoria de su líder indiscutido”, arranca el apartado de “Análisis de la situación”.
“El descrédito de los líderes políticos, el ataque a determinados valores morales, la inseguridad ciudadana, el terrorismo, la crisis económica –con paro creciente– y las exaltaciones separatistas, han causado una profunda preocupación en los Mandos de las FAS., que empiezan a manifestar su desconfianza en el Gobierno”, agrega el documento, que sitúa en 1980 una “verdadera frontera entre la credibilidad en el nuevo régimen y la desconfianza mencionada” que tuvo su culmen en el 23F.
Perfil de nuevos mandos: “Católicos con evidencias”
“Con motivo de los hechos producidos el 23F, apareció un movimiento de valoración de los miembros de las FAS, que de forma explícita o tácita fueron calificados por la prensa. En todos los niveles se ha percibido esta actuación como una evaluación permanente de su fidelidad a la línea de mando y de la disciplina, generalizando una sensación de falta de apoyo o distanciamiento del pueblo a través de la acción de los medios de comunicación. Cada medio ha tratado de hacer una interpretación de acuerdo con su ideología, proyectando la actitud de personas en un movimiento de afecto o desafecto entre el pueblo y Ejército”, señala el documento.
El informe también apunta a “pequeñas reticencias, oposiciones administrativas, comentarios y todo tipo de iniciativas de oposición a la línea de mando” en cuya cúspide sitúa al rey, que “sufre un deterioro personal y profesional” y que se atribuye a “su actuación sustitutoria de una posición de liderazgo en las propias FAS”. “Es imprescindible lograr, cuanto antes, un grupo de Jefes de prestigio capaces de ser aceptados desde el propio Ejército, al margen de la opinión que merezcan en el ámbito civil”, advierte el documento. Este era el perfil que se buscaba para esos mandos:
A partir de ahí, el informe establece una propuesta de trabajo con el objetivo principal de “evitar que el rey asuma el control permanente del ejército, elevando su liderazgo. Revaluar el mando profesional, fomentar la idea de que el ejército, con absoluta lealtad al rey, respeta la Constitución y obedece al Gobierno”.
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