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OPINIÓN | Estado de sindiós, por Elisa Beni

El ingenio de los sanitarios contra la escasez de recursos para protegerse del coronavirus

Personal de radiología de Urgencias del hospital Gregorio Marañón de Madrid.

En los últimos días, profesionales sanitarios y sindicatos de multitud de lugares en España han solicitado públicamente y con urgencia equipos de protección individual (EPIs), mascarillas, guantes, respiradores y otros materiales imprescindibles para atender a la avalancha de enfermos por coronavirus que llegan a los centros sanitarios. Aunque el Gobierno y diferentes comunidades autónomas se han apresurado a realizar grandes pedidos de estos elementos, la demanda es gigantesca, no solo en España, sino en todo el mundo, lo que dificulta que lleguen a todos los sitios donde se necesitan.

En estas circunstancias de extrema necesidad, el ingenio se agudiza entre la profesión sanitaria, que ha aportado soluciones ocurrentes e incluso ha puesto en marcha plataformas para el intercambio de ideas con el fin de desarrollar alternativas a los escasos dispositivos y materiales con los que cuentan.

Las batas, mascarillas y las gafas de protección son esenciales para evitar el contagio de los profesionales sanitarios, pero su escasez obliga a recurrir a otras soluciones. La improvisación de elementos de protección a partir de materiales comunes de oficina o de casa (al estilo de la mítica serie MacGyver) ha sido una estrategia para paliar este problema. Una de las ideas que más se ha difundido y popularizado ha sido recurrir al plástico transparente de archivadores como un equipo de protección facial improvisado. En el siguiente vídeo se explica en qué consiste:

En algunos lugares, el déficit de EPIs ha llevado a situaciones desesperadas que han requerido medidas también desesperadas. Es el caso de los profesionales sanitarios del Hospital Nuestra Señora del Prado de Talavera de la Reina o de la UCI del hospital de Soria, donde estos profesionales han tenido que improvisar batas realizadas a partir de bolsas de basura, "ante la falta rotunda de EPIs adecuados en calidad y cantidad". En varios lugares, la falta de guantes convencionales ha obligado a los sanitarios a usar guantes de fregar. En otros, la carencia de gorros de quirófano ha llevado a utilizar gorras de ducha de los hoteles. Aquellas personas con la cabeza más pequeña recurren a calzas de zapatos. Otros profesionales, en su lugar, han apostado por la reutilización de los materiales de protección, mediante la esterilización de mascarillas y batas a 121ºC durante 60 minutos.

En algunas residencias de ancianos, como las de Meixoeiro (Vigo), la situación de los cuidadores tampoco es mucho mejor. Los trabajadores informan de que han fabricado equipos caseros de protección "con papel de horno, manteles, bolsas de plástico y hules para mascarillas". No son solo los profesionales sanitarios en España los que se ven obligados a tirar de ingenio. En otros países, como Estados Unidos, estos profesionales también están construyendo sus propias mascarillas y gafas de protección a partir de materiales de ferreterías.

Respiradores hechos en impresoras 3D

Además de las soluciones ingeniosas y simples, se están ofreciendo respuestas innovadoras, complejas y aceleradas en asuntos tan críticos como los respiradores artificiales. Estos dispositivos médicos resultan claves para tratar a los pacientes más graves, con problemas respiratorios provocados por el coronavirus. Se calcula que entre un 5 y 10% de los casos confirmados de COVID-19 necesita respirador durante su hospitalización. Sin ellos, no se les puede dar soporte respiratorio y su pronóstico es mucho más oscuro. Conforme el número de ingresos en las UCIs van en aumento, existe una necesidad cada vez mayor para contar con estos respiradores que son extremadamente caros (su precio va desde los 15.000 hasta los 40.000 euros).

Aunque el Gobierno ha anunciado que ha adquirido 700 respiradores como respuesta a esta extrema necesidad, se desconoce si esta cantidad será suficiente. Profesionales de diferentes ámbitos como la ingeniería y la medicina han colaborado juntos para hacer realidad el primer respirador de campaña industrializable, creado con impresoras 3D: el Leitat 1. Este dispositivo se ha simplificado al máximo para acelerar y abaratar su fabricación. Según explican los creadores, pueden llegar a fabricarse entre 50 y 100 unidades diarias, a un coste mucho menor que los respiradores convencionales: tan solo 100 euros.

Otro respirador low cost que ha surgido fruto de esta crisis sanitaria es el "Respirator 23" que se está validando clínicamente en diferentes lugares de España. La impresión 3D también se ha convertido en un aliado improvisado para la fabricación de mascarillas, viseras y gafas de protección con un coste mínimo.

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Publicado el
23 de marzo de 2020 - 21:11 h

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