Julio Núñez: “El Papa tiene a su alrededor una Curia que se las apaña para tapar los escándalos”
Julio Núñez, periodista de El País, es uno de los responsables, junto a Íñigo Domínguez, de la investigación que el diario lanzó en 2018 para desentrañar la realidad de la pederastia clerical, de la mano de la recientemente fallecida Soledad Gallego Díaz. Entre los miles de casos analizados, Núñez tuvo la oportunidad de diseccionar el diario de un jesuita español, Alfonso Pedrajas, responsable de al menos 85 casos de abusos en Bolivia. Fruto de esa investigación nace Padre Pica (Penguin), un espléndido ensayo que supone “la ‘Piedra Rosetta’ de los abusos en la Iglesia, porque por primera vez nos permitía ver cómo la Iglesia gestionaba, desde dentro, los casos de abusos”.
El Papa viene a España. ¿Qué espera de este viaje? ¿Cuáles son las claves?
Claramente, este viaje tiene una clave política, más allá de la imagen pastoral que la Iglesia intenta difundir. La preocupación del Papa ante el auge de la ultraderecha o la regularización de inmigrantes son cuestiones que van a aparecer, no solo en sus discursos, sino especialmente en su visita al Congreso de los Diputados. Es el primer Papa que lo hace, y es muy potente, porque hay varios partidos que se hacen llamar ‘católicos’, como Vox y PP, que no apoyan la postura de Prevost a favor de la regularización. También puede ser interesante si toca otros temas defendidos por la izquierda, como el aborto o la eutanasia. Es la primera visita a España de un Papa más cercano a la corriente reformista. Los dos anteriores, Juan Pablo II y Benedicto XVI, eran muy conservadores. Francisco, que sintió simpatías por políticos como Yolanda Díaz, nunca vino.
Uno de los actos fuera de programa, y no confirmado, es una reunión con víctimas de abusos. ¿Cree que se producirá? ¿Qué significado tiene?
Se espera que haya un encuentro privado. Será interesante conocer en qué términos: quién lo organiza, qué víctimas van a ir, si las víctimas van a hablar de sus casos o cómo la Iglesia está afrontando el problema. Ha habido avances, pero si se ha abierto un camino ha sido gracias a los medios, que han obligado a la Iglesia a reconocer los hechos y ofrecer algunas soluciones (el fallido informe Para dar luz, o el 'Plan Priva', claramente insuficientes), y también al Gobierno o al Congreso, que encargaron al Defensor del Pueblo un estudio, que ha llevado al Gobierno a ejecutar algunas de sus recomendaciones, como la reparación integral.
¿Cuál es la postura de Prevost respecto a los abusos?
Prevost, como cardenal y, después, como Papa, tuvo un peso importante para la disolución del Sodalicio en Perú. Pero León XIV tiene que afrontar diversos escándalos, entre ellos en España. Casos como el cierre en falso del ‘caso Zornoza’ –el exobispo de Cádiz– por un tecnicismo canónico demuestran que el Papa solo, no puede. A su alrededor hay una Curia que se las apaña para tapar algunos escándalos. En este primer año parece que el Papa quiere seguir con la línea de Francisco, pero queda mucho por hacer.
En El País llevan años investigando esta lacra. ¿Qué ha cambiado en este tiempo? ¿Cree que la nueva herramienta acordada con el Gobierno y el Defensor de Pueblo servirá para algo?
Se ha logrado que esa verdad publicada por los medios sea una verdad oficial. Cuando empezamos la investigación, la Iglesia decía que había cero casos o muy pocos. En ocho años se ha conseguido una investigación muy profunda, la del Defensor, y otra llevada a cabo por [el bufete] Cremades, cuyos resultados han sido muy similares a los del Defensor, y que la Iglesia ha intentado sepultar. En ambas aparecían similares recomendaciones, especialmente la de reparar a las víctimas. El reciente acuerdo del Estado con la Iglesia es muy positivo. Va a marcar otro tipo de investigaciones que puedan hacerse en el futuro, y que aborden abusos en otros ámbitos, como el deporte u otras instituciones públicas.
Uno de los casos más relevantes, que además muestran ese ‘puente’ que fue la Iglesia española para ‘exportar’ pederastas al otro continente es el de los jesuitas en Bolivia, que retrata en Padre Pica…
El caso del padre Pica conecta perfectamente, como bien dices, España con Latinoamérica pero también con el Vaticano. En sus diarios aparece un sistema de encubrimiento total. El diario del Padre Pica, el caso de Alfonso Pedrajas, nos llega a través del correo que el periódico activó en su investigación. Llegó el mensaje de alguien que no era víctima o testigo, sino el familiar de un abusador, el sobrino de un jesuita fallecido, que fue misionero en Bolivia desde 1990. Fernando, el sobrino de Pica, nos cuenta que limpiando un trastero familiar encontró una caja con las pertenencias de su tío. Entre ellas, había un diario, en el que relata su vida, su experiencia como misionero, pero también admite haber abusado de al menos 85 niños. Pide perdón por haber sido un pederasta, pero también revela, y esto es importante, cómo sus superiores le protegieron, cómo taparon denuncias y cómo lo trasladaban de sitio. Esto era la ‘Piedra Rosetta’ de los abusos en la Iglesia, porque por primera vez nos permitía ver cómo la Iglesia gestionaba, desde dentro, los casos de abusos.
El caso del padre Pica conecta perfectamente, como bien dices, España con Latinoamérica pero también con el Vaticano. En estos diarios aparece un sistema de encubrimiento total
¿Quién fue Pica? ¿Cómo llegó a sus manos ese diario?
Estudié ese diario, de más de 300 páginas, lo corroboré, localicé a víctimas, a familiares de Pica, a compañeros de la orden, a encubridores. Investigué el caso y lo publicamos en abril de 2023. Tras su publicación, Bolivia abrió una investigación sin precedentes contra la Compañía de Jesús, con la policía entrando en los archivos de la orden, algo impensable en España por los Acuerdos Iglesia-Estado. Tuve acceso a esa documentación, en la que se corrobora no solo que los jesuitas conocían el caso de Pica, o el de Luis, o el de Chesco Pérez, sino que también se sabía en Roma, y los procesos de siempre: trasladar al agresor, evitar que los abusos se hicieran públicos… Este es un libro que parece una novela. Si una persona se lo hubiera inventado la sociedad pensaría que estaba exagerando. Una historia de detectives, de casualidades.
En el libro, se ‘desnuda’ como periodista, pero también como ciudadano al que le afecta la realidad que descubre. ¿Hasta qué punto cree que la sociedad está concienciada por esta lacra?
En el libro, más allá de contar todas estas historias de abusos, he querido también explicar cómo fue la investigación, narrar en primera persona lo que supuso adentrarme en este trabajo. Fue verdaderamente demoledor, un viaje al infierno en el que se te van erosionando, como un papel de lija, las ganas de vivir. Ahora miro atrás y veo que ha merecido la pena, o al menos sí que ha servido para que mucha gente encuentre justicia o se acerque a ella.
¿Qué ha aprendido de las víctimas?
He aprendido y seguiré aprendiendo. Son más de 600 con las que he podido hablar en estos años. Con algunas he entablado una relación muy cercana. No solamente me han enseñado lo que es el infierno, sino que me han apoyado y apoyan en el trabajo, en momentos en los que uno se viene abajo. Aprendes a vivir, y a seguir adelante. Aprendes que la justicia se alimenta de la esperanza, y hay que luchar por ella de manera constante.
La justicia en Bolivia avanzó, y a pesar de que Pica había muerto, se abrió el proceso y se ha condenado a los encubridores. Se creó una comisión de la verdad, y se ha intentado, todavía sin éxito, hacer imprescriptibles los delitos de abusos. Es un tema interesante porque pone encima de la mesa lo que reclaman las víctimas: la imprescriptibilidad.
Toda la información en www.religiondigital.org
0