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La presentación de la nueva revista de elDiario.es sobre ‘El sueño de la vida eterna’ reivindica la salud social: “La soledad no deseada envejece”

Gumersindo Lafuente, Esther Samper y Antonio Martínez Ron durante la presentación de la revista número 51 de elDiario.es, 'El suelo de la vida eterna'

Paloma Martínez Varela

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La redacción de elDiario.es exploró el pasado jueves, 19 de marzo, la última frontera humana: ‘El sueño de la vida eterna’, una fantasía que da título y vertebra el nuevo número de la revista. Una conversación informal grabada entre Putin y Xi Jinping sobre el aumento de la esperanza de vida, trasplantes e incluso inmortalidad, fue la chispa que prendió la mecha de este monográfico, confesó su director, Gumersindo Lafuente, al inicio de la presentación. Para desentrañar si esa anécdota política hablaba de ciencia o se trataba más bien de un disparate, Lafuente se rodeó de periodistas y expertos y en el acto contó con la doctora Esther Samper, experta en ingeniería de tejidos y comunicadora, y el periodista de ciencia Antonio Martínez Ron. Ya puedes ver el vídeo de la presentación en exclusiva para socios y socias de elDiario.es.

La doctora Samper fue la encargada de poner los pies en la tierra desde el inicio. La científica recordó que el récord de longevidad ronda los 120 años y que, aunque técnicas como la edición genética o la reprogramación celular abren puertas que hace décadas eran impensables, “por ahora es imposible que seamos inmortales y que podamos vivir como han dicho algunas personas, 150 años o mil años”.

La conversación se movió entre el optimismo biotecnológico y la prudencia ética. Sin embargo, los ponentes coincidieron en que la meta real no es vivir mil años, sino lograr que el declive de la vejez no sea una caída larga y penosa, sino una línea recta de salud hasta el final, como ya ocurre con algunos centenarios.

Uno de los momentos álgidos de la presentación fue el relato de Antonio Martínez Ron sobre las “fiestas de millonarios” en Silicon Valley. El periodista contó cómo titanes de la tecnología, como Zuckerberg o los fundadores de Google, se obsesionaron con la longevidad, tratándola como un “problema informático” que se puede parchear. Mencionó con preocupación a Altos Labs, una empresa financiada por multimillonarios que ha fichado a científicos españoles de élite bajo “una política de comunicación absolutamente pretoriana”, que les impide hablar con la prensa sobre sus avances, financiados indirectamente por fortunas tecnológicas.

El debate se adentró en terrenos que simulan la ciencia ficción pero son reales al hablar de los xenotrasplantes, el traspaso de órganos de cerdo a pacientes humanos, y de la creación de animales quimeras, modificados mediante ingeniería genética para humanizados y hacer esos trasplantes más compatibles. Mientras que en España estas prácticas están prohibidas, en Japón la legislación ya permite teóricamente desarrollar estos embriones debido a su crisis demográfica y la falta de cuidadores.

Los ponentes enfatizaron en las profundas limitaciones éticas de llevar estos experimentos al extremo y Martínez Ron puso como ejemplo el caso del polémico neurocirujano italiano Sergio Canavero y su inquietante propuesta de los trasplantes de cabeza. “Como ve que no engañaba a nadie, ya no quiere trasplantar cabezas, ahora quiere generar ‘cuerpos granja’ para que tengas un clon con órganos compatibles contigo. No necesitas un cerdo, tendrías un humano sin cabeza en un frigorífico del que poder servirte órganos a lo largo de tu vida”, explicó el periodista, aclarando la poca seriedad de este científico.

Esther Samper y Antonio Martínez Ron, dos de los autores del número 51 de la revista de elDiario.es, 'El suelo de la vida eterna'

Ante tales locuras, los ponentes reivindicaron la ciencia seria, citando los ensayos con rapamicina en perros para extender su vida sana o la investigación para encontrar formas de “limpiar” el organismo mediante la autofagia. También se pronunciaron otros nombres propios de personajes extravagantes, como el multimillonario Bryan Johnson, que se realiza electroshocks y transfusiones de sangre de su propio hijo en un intento desesperado por no envejecer, para desmitificar este tipo de “recetas milagrosas”.

Pero Samper aterrizó la realidad al reivindicar la “sopa de ajo” de la longevidad: “No comer entre horas, dormir bien, evitar la vida sedentaria, fomentar las relaciones interpersonales y huir del estrés”. Una receta a priori mucho más sencilla y, a la vez, difícil de sostener en el mundo actual. 

Martínez Ron apuntó a “un factor invisible que solo alguno se ha atrevido a mencionar en la revista y que es como si fuera totalmente imposible de ver para muchos”: el sistema de salud pública. “Tener un médico de cabecera que no te da cita a las tres semanas hace que vivas mejor y más tiempo, porque hay alguien más o menos monitorizando lo que te va pasando a lo largo de la vida”, justificó el periodista. “Eso nos lo estamos cargando mientras soñamos con regenerar órganos”, apostilló. 

La presentación no terminó sin que los socios de elDiario.es tomaran la palabra para hacer llegar sus preguntas. Entre las inquietudes de los asistentes, surgió la duda técnica sobre si las células cerebrales podrían resistir una longevidad tan extendida, a lo que la doctora Samper respondió con cautela que el cerebro es el órgano con menor capacidad de regeneración y, por tanto, uno de los mayores límites biológicos. El diálogo también abordó el discurso alarmista sobre las pensiones que, como explicó Lafuente, suele estar impulsado por intereses financieros para promover planes privados. 

Como última reflexión, Samper puso el foco en la soledad no deseada, que puede acortar “bastantes años” la vida, según la científica: “Se ha visto que es algo que impacta en multitud de ámbitos de la vida, como en salud mental y en la salud física, porque una persona que no tiene apenas red social de apoyo se ve impactada por circunstancias estresantes de la vida y también suele tener hábitos saludables mucho peores”.

Sindo Lafuente despidió el acto dejando en el aire la certeza de que la ciencia avanza a pasos de gigante en lo más cotidiano y necesario, mientras los más poderosos siguen persiguiendo fantasmas en sus laboratorios privados. Al final, el sueño de la vida eterna parece depender menos de una pastilla milagrosa y mucho más de cómo cuidamos el mundo y a las personas que nos rodean.

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