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Vino, flamenco y profesor precario de español: así son los paquetes turísticos para extranjeros

El español da sus primeros pasos en China para salir de las aulas a la calle

Laura Galaup

El español se ha convertido en un negocio. El turismo de idiomas se nutre de academias que ofertan programas a la carta a estudiantes extranjeros, que vienen a nuestro país durante un tiempo determinado a mejorar su nivel o aprender la lengua de Cervantes. Les permiten hacer un curso a la carta: elegir el número diario de horas de clase, excursiones culturales y gastronómicas, actividades de ocio, seguro de viajes e incluso les ofertan alojamiento.

A pesar de que un alumno paga fácilmente 600 euros a la semana a las empresas que gestionan estos centros privados, los profesores denuncian que esta inversión económica no repercute en sus condiciones laborales. Por eso, varias decenas se han agrupado para formar el colectivo Profesión ELE (Español como Lengua Extranjera). Con esta plataforma pretenden denunciar que en muchos casos su sueldo mensual “no llega a 1.000 euros”, que tienen que “preparar clases, corregir tareas y exámenes en horas no remuneradas” o que si hay pocos alumnos les cancelan las clases y no las cobran.

Además, reivindican que las compañías que gestionan estos centros no tienen en cuenta su especialización lingüística y les utilizan también como guías turísticos en las actividades complementarias que organiza la academia. “Queremos dignificar la profesión. Hay una especie de mito, se cree que cualquiera que habla un idioma puede enseñarlo. Es el mito del profesor nativo. Se olvidan que hay que saber lingüística, didáctica...”, apunta Isabel, una de las portavoces de Profesión ELE.

Campaña para informar a los alumnos

El pasado 30 de junio se reunieron por primera vez docentes para encontrar un espacio común en el que organizarse. Seis meses después del primer encuentro han lanzado su primera campaña, #PregúntaleATuProfe. Con ella pretenden informar a los alumnos de sus condiciones laborales y les invitan a que escojan centros que “no abusen del profesorado de ELE”.

El investigador Alberto Bruzos considera que la “precariedad” de estos profesores es una de las consecuencias de concebir esta formación “como un producto turístico”. “Hay planes estratégicos de comunidades autónomas sobre la enseñanza del español como turismo idiomático, que se centran exclusivamente en la parte económica. Son más económicos que educativos. Se llega a señalar cuánto se van a gastar los estudiantes en restaurantes pero no se menciona al profesorado”, explica este doctorado en lingüística y director del programa español de la Universidad de Princeton (EEUU).

En uno de los artículos que ha escrito profundizando en este tema “De camareros a profesores” de ELE: La mercantilización del español y de su enseñanza como lengua extranjeraDe camareros a profesores“ de ELE cita como ejemplo de su afirmación el ejemplo del II Plan del Español como Lengua Extranjera de la Comunidad de Castilla y León. Según relata, en él el docente no tiene visibilidad, a pesar de que en el día a día es una figura clave para el alumno que acude a aprender español. De hecho, los profesores que participan en el colectivo que se está formando reafirman esta idea. Reivindican que las academias no tienen en cuenta su especialización y les utilizan para que acompañen a los alumnos en cualquier actividad que organizan o que hagan funciones de guías turísticos, aunque no tengan formación.

María Ángeles, filóloga con un máster en estudios hispánicos, cuenta que en su tiempo libre se ha preparado una visita al Museo del Prado de cara a la excursión que le habían programado días después. “Vas y te documentas para no hacer el ridículo. Tienes aprenderte qué les vas a explicar”, cuenta esta docente.

“No solo te toca ser guía turístico, también hay que llevarles de copas. Quedas con ellos en un bar y estás dos horas con los alumnos para que figure como una actividad de la academia. Te pagan nueve euros la hora, como cualquier clase”, añade Sergio, que lleva seis años trabajando en este sector y fue despedido en marzo. Desde entonces, vive “mes a mes”. Está en paro y le van llamando para cubrir huecos. “Voy tres semanas, un mes... Así no puedes tener un proyecto de vida”, reseña.

21 millones de estudiantes en todo el mundo

En 2015, el secretario general del Instituto Cervantes en aquella época, Rafael Rodríguez-Ponga, reconoció que “hay 200.000 personas que vienen cada año a España por la lengua”. El turismo idiomático es una realidad que se amplía aún más si la cifra no se restringe únicamente a nuestro país. Según el último informe El Español: una lengua viva del Instituto Cervantes, más de 21 millones de alumnos estudiaron español como lengua extranjera en 2018. Teniendo en cuenta estas cifras, desde Profesión ELE lamentan su inestabilidad laboral. “¿Cómo puede ser que el español haya generado riqueza y nosotros estemos en la precariedad?”, se pregunta Isabel.

Bruzos explica que esta situación es más acuciante en las academias privadas. “Es un mercado en el que compites por los estudiantes. Lo que hemos visto es que las condiciones son muy precarias”, insiste el profesor de Princeton, que lleva años investigando este sector laboral. En el artículo titulado De camareros a profesores de ELE explica que entre estos trabajadores hay “abundancia de contratos temporales, parciales, redactados de tal modo que solo remuneran las horas de clase presencial (entre ocho y doce euros por hora), y en algunos casos con la exigencia de trabajar en régimen de autónomo (freelance) o fuera de una relación contractual”.

Enseñanza no reglada

La relación laboral de Anaí con las dos academias en las que trabaja también es así. Preguntada sobre su sueldo, es incapaz de dar una cifra concreta porque depende del número de horas que trabaje cada semana a pesar de que tiene firmado un contrato de 20 horas semanas y otro de seis horas semanales. Su salario oscila entre 400 y 800 euros, según explica. A estos docentes se les aplica el convenio de enseñanza no reglada. “Si hay pocos alumnos me cancelan la clase y no cobro”, apunta esta docente que llevaba una década dando clase en el extranjero.

Reino Unidos, India, Portugal, Letonia, Tailandia y Filipinas son los países en los que ha estado impartiendo español. En junio decidió volver a nuestro país por cuestiones personales, sobre todo para estar más cerca de sus padres y de su entorno, pero se plantea volver a marcharse si las condiciones no mejoran en los próximos meses.

Entre las propuestas que barajan desde Profesión ELE para mejorar estas contrataciones, están estudiando la creación de un “sello de calidad” para aquellos centros que respeten el convenio y combatan la precariedad. También estudian plantear al Instituto Cervantes que incluya este baremo en las acreditaciones que emite a los centros para que impartan español.

eldiario.es ha tratado de recopilar también la versión de la Federación Española de Asociaciones de Escuelas de Español para Extranjeros, pero han descartado hacer declaraciones.

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