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El turismo y los recortes amenazan al desierto florido, uno de los fenómenos naturales más insólitos del planeta

Cola de visitantes en el Parque Llanos del Challe, en Chile

Elena Lázaro Real

Chile —
6 de noviembre de 2026 22:22 h

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Gonzalo acaba de encontrar una de las plantas más excepcionales del planeta: Leontochir ovallei var. Luteus o garra de león amarilla, descrita taxonómicamente por primera vez en el año 2000 por la botánica chilena Mélica Muñoz. Por supuesto, Gonzalo ha hecho un vídeo mostrándole a sus casi 50.000 seguidores en Instagram el logro de haber hallado la joya del desierto florido, un fenómeno natural cíclico que se produce cuando las lluvias superan un determinado nivel en lugar más árido de la Tierra: el desierto de Atacama, en el norte de Chile. Y eso es algo que el 'Superniño', que ha calentado el Pacífico de manera récord en 2026, ha superado con creces.

Nada más subir el reel, Gonzalo ha anclado un comentario donde deja claro que no piensa decir dónde se encuentra la planta. La mayoría le ha agradecido la prudencia, pero no ha faltado un “enteradillo” que ha dado unas coordenadas concretas para ir a verla.

Si lee ese comentario, ¡no vaya! No lo haga al menos si para ver sus flores necesita salirse de los senderos ya marcados. Es el mantra más repetido por la comunidad científica y divulgadora chilena y por los guardaparques de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), que conocen bien la excepcionalidad de esa y de todas las especies que aparecen cuando El Niño lleva lluvias por encima de los 15 litros por metro cuadrado a Atacama. Es entonces cuando las semillas que permanecen latentes bajo el suelo florecen y provocan ese oxímoron de colores que atrae a miles de visitantes a la región.

Copao florecido en Atacama

Las ofertas para visitar el desierto florido en 2026 se multiplican en las redes. Agencias de viajes y guías expertos ofrecen tours que, en algunos casos, incluyen viajes en bus, fiesta por el camino y desayuno antes de recorrer el Parque Llanos del Challe, donde se acaba de inaugurar un nuevo centro de interpretación ambiental, que atienden los propios guardaparques. Nada más entrar, una de ellas recibe a una familia mostrándole dos imágenes: una en un día normal en el desierto; la otra con el terreno florecido. Insiste: “Como pueden ver, aquí no van a encontrar esas grandes manchas uniformes de flores; el valor de nuestro parque es la diversidad de especies que conviven en él”.

La aclaración no es casual. Las redes se han plagado de imágenes creadas con inteligencia artificial que falsean la realidad del fenómeno. Algunas de ellas creadas por las propias agencias turísticas, que recorren las carreteras de todo el área parando para que los turistas puedan observar las flores y tomar imágenes. Y es ese “safari instagramer” el que más está impactando en la zona.

Moisés Grimberg, administrador del Parque Nacional Llanos de Challe, explica que es en las zonas aledañas, “que no están delimitadas ni cuentan con senderos marcados, las que están siendo más impactadas”. Para que se entienda la dimensión del problema, explica que el fenómeno del desierto florido se extiende por más de 17.000 kilómetros cuadrados, pero solo 450 están dentro de Llanos de Challe y, por tanto, solo esa limitada porción, la de mayor concentración de biodiversidad, es la que cuenta con la vigilancia de los guardaparques, que, sin embargo, “no están pudiendo atender nuestras labores de cuidado y conservación por la gran cantidad de visitas”.

Son los propios guardaparques los que controlan el acceso y reciben a los visitantes. Y de nuevo las cifras dan una idea de la dimensión del problema: en Llanos del Challe trabajan media docena guardaparques por turno, que llegan a recibir hasta 5.000 personas en los días más concurridos. De hecho, según explica Grimberg, en 2026 se batirán todos los récords de visitas, superando las 20.000 en las seis semanas que dura el fenómeno —el año pasado fueron 15.000 y en un año sin el fenómeno son 10.000 en todo el año—.

El festival Samsara, suspendido

A pesar de todo ello, el administrador del Parque se muestra optimista y cree que, en general, los chilenos son “bastante respetuosos con los senderos marcados”. También son activistas los chilenos y sus protestas lograron paralizar la convocatoria de Samsara, un evento que tenía previsto atraer a la zona a miles de personas en un festival de música y meditación. El macroevento quedó suspendido y ahorró una buena pega (así le dicen en Chile al trabajo) a los guardas de la CONAF, ya sobrepasados por el control de las visitas.

La situación de los guardaparques en Chile es crítica. Un estudio publicado en Nature situaba al país andino a la cola de la dotación de personal por hectárea en áreas protegidas, a pesar de ser uno de los países con mayor diversidad de ecosistemas. De hecho, Chile cuenta con 88 de los 110 ecosistemas existentes en el Planeta. Y hace un siglo que entendió su responsabilidad en la conservación ambiental, cuando el 17 de agosto de 1926 creó el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales en la Región de los Lagos. Desde entonces, el estado chileno ha creado otros 45 parques desde el desierto de Atacama a la Patagonia. Y, sin embargo, no logra salir de la cola en el ránking del Environmental Performance Index (EPI) 2026, donde Chile destaca en indicadores como el agua potable, saneamiento y tratamiento de aguas, pero suspende estrepitosamente en protección de especies, agricultura y contaminación atmosférica.

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