¿Es hora de investigar si el nuevo coronavirus salió de un laboratorio?
“La presencia de grandes reservorios de virus similares al SARS-CoV-1 en murciélagos de herradura, junto con la cultura del sur de China de comer animales exóticos, es una bomba de relojería”. La frase pertenece a un estudio publicado en 2007, una gota en el océano de avisos emitidos en los últimos años. También lo señala el informe publicado la semana pasada por un panel independiente a petición de la Organización Mundial de la Salud (OMS): la pandemia de COVID-19 podría haberse evitado y los motivos van más allá de enero y febrero de 2020. “Años de advertencias de una inevitable amenaza pandémica no fueron tomados en cuenta (…) a pesar de la tasa cada vez mayor con la que surgen enfermedades zoonóticas (de origen animal)”, aseguraba el análisis.
¿Pero de dónde salió el SARS-CoV-2? A día de hoy esa pregunta no tiene respuesta, como no la tiene para muchos otros patógenos, ni siquiera para algunos surgidos en el siglo XXI. “Una década ha pasado (…). Sin embargo, el origen del SARS-CoV-1 sigue siendo un mito”, concluía una revisión de 2013 sobre la pandemia de SARS de 2003. Ante este misterio, cualquier respuesta parece posible. Incluso que la COVID-19 empezara en un laboratorio de Wuhan (China).
Escribe Sergio Ferrer.