35 muertos en menos de un minuto a bordo de un zepelín: el terrible accidente que acabó con la “era del dirigible”

Foto tomada durante la explosión inicial del Hindenburg,  justo antes de que las explosiones posteriores lo hicieran estrellarse contra el suelo.

Laura Cuesta

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El accidente ocurrió en un momento. El LZ 129 Hindenburg intentaba aterrizar en la Naval Air Station de Lakehurst, en Nueva Jersey, con 97 personas a bordo. En tierra, decenas de personas, incluyendo fotógrafos y periodistas, esperaban la llegada del gigantesco zepelín alemán, considerado entonces uno de los grandes símbolos de la ingeniería aeronáutica moderna.

Sin embargo, la tarde de aquel 6 de mayo de 1937 no acabó como se esperaba. Había sido un día tormentoso, lo que obligó al dirigible a retrasar su maniobra de aproximación. Una vez el clima se estabilizó, el capitán Max Pruss comenzó lentamente a aterrizar. Pronto los testigos se dieron cuenta de que en la cola del aparato había un resplandor, una pequeña chispa que se convirtió en una enorme llamarada en apenas segundos.

En menos de un minuto, el fuego se propagó por toda la estructura llena de hidrógeno, provocando la muerte de 13 pasajeros y 22 tripulantes. Pero el impacto de aquel accidente fue mucho más allá de las víctimas. Cámaras y videógrafos captaron las imágenes del Hindenburg ardiendo, que dieron la vuelta al mundo, lo que destruyó por completo la confianza que había en estos grandes dirigibles. Había llegado el fin de la era del zepelín. 

Hindenburg, uno de los grandes dirigibles de su época

El LZ 129 Hindenburg era uno de los dirigibles más grandes y avanzados que se habían construido hasta ese momento. Hablamos de un zepelín de 245 metros de longitud, cuatro motores y una capacidad para más de 90 personas, incluyendo pasajeros y miembros de la tripulación. Para hacernos una idea, este era más largo que tres aviones Boeing 747 juntos.

El dirigible fue construido en honor al presidente de Alemania, Paul von Hindenburg, e inició su carrera comercial en 1936. Solo en ese primer año en funcionamiento, voló más de 300.000 kilómetros y transportó alrededor de 2.700 personas, cruzando el océano atlántico hasta en 17 ocasiones. Aquel verano, también batió el récord al cruzar dos veces el océano en 5 días, con el boxeador Max Schmeling como pasajero.

El régimen nazi utilizó este impresionante medio de transporte para demostrar no solo su superioridad tecnológica, sino también para convertirlo en símbolo de prestigio nacional y de recuperación económica tras la crisis de entreguerras. Así, el 1 de agosto de 1936, durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Berlín, el Hindenburg sobrevoló el estadio olímpico momentos antes de la aparición de Adolf Hitler.

Durante años, se habló de sabotaje como responsable del accidente que acabó con este zepelín. Sin embargo, la hipótesis más respaldada sobre lo que le ocurrió al dirigible hace 89 años sostiene que fue una chispa de electricidad estática, posiblemente causada por un relámpago durante la tormenta, la que encendió el hidrógeno, provocando la posterior explosión. 

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