5 culturas que celebran el año nuevo en un día que no es el 1 de enero
Para buena parte del mundo, el cambio de año llega con uvas, fuegos artificiales y una cuenta atrás que termina justo a medianoche del 31 de diciembre. Sin embargo, esa idea de que el año empieza el 1 de enero no es tan universal como solemos pensar. En realidad, responde a un acuerdo relativamente reciente: el calendario gregoriano, instaurado en Europa en 1582 y extendido después al resto del planeta por motivos prácticos, comerciales y políticos.
Pero no todas las culturas renunciaron a sus calendarios tradicionales. Muchas mantuvieron —y mantienen— otras formas de medir el tiempo, ligadas a la luna, al sol, a los ciclos agrícolas o a la religión. Y con ellas, otras maneras de celebrar el inicio de un nuevo año. Estas son cinco de las más conocidas.
El Año Nuevo chino, cuando manda la luna
Pocas celebraciones de Año Nuevo son tan reconocibles como el Año Nuevo chino, también llamado Fiesta de la Primavera. No tiene una fecha fija: se celebra con la primera luna nueva tras el solsticio de invierno, lo que hace que caiga entre finales de enero y mediados de febrero.
Durante varios días —e incluso semanas—, las familias se reúnen, se hacen grandes comidas, se decoran las casas con rojo y se intercambian sobres con dinero como deseo de prosperidad. Cada año, además, está asociado a uno de los doce animales del zodiaco chino, lo que marca creencias, augurios y hasta rasgos de personalidad.
Más que una fiesta puntual, es un auténtico cambio de ciclo.
Songkran, el Año Nuevo tailandés que se celebra a cubos de agua
En Tailandia, el año nuevo llega el 13 de abril y se llama Songkran. Su origen está en antiguos cálculos astrológicos y su significado es claro: pasar de una etapa a otra, limpiarse de lo viejo y empezar de nuevo.
La teoría suena tranquila. La práctica no tanto. Durante tres días, ciudades enteras se convierten en escenarios de auténticas batallas de agua. Da igual la edad, el estatus o si pasabas por ahí sin saberlo: acabarás empapado.
El agua simboliza purificación y buena suerte, y lanzarla sobre otros es una forma de desearles prosperidad. Entre chapuzón y chapuzón, también hay visitas a templos, limpieza de casas y reuniones familiares.
El Año Nuevo islámico, una celebración introspectiva
El Año Nuevo islámico se rige por un calendario lunar de 354 días, lo que hace que cada año se adelante unos once días respecto al calendario gregoriano. Comienza con el mes de Muharram y, a diferencia de otras celebraciones, no suele ir acompañado de fiestas ni grandes reuniones.
En muchas comunidades musulmanas, este cambio de año se vive de manera sobria y reflexiva, con oraciones, actos de caridad y recuerdo de episodios clave de la historia del islam. Más que celebrar lo que llega, se piensa en lo que se deja atrás.
Es un comienzo de año silencioso, pero cargado de significado espiritual.
Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío que invita a mirarse por dentro
El Año Nuevo judío, conocido como Rosh Hashaná, tampoco tiene una fecha fija. Depende del calendario lunisolar hebreo y suele caer entre septiembre y octubre. Marca el inicio de un periodo de introspección que culmina diez días después con el Yom Kippur, el día del perdón.
Durante Rosh Hashaná se comen alimentos simbólicos —manzana con miel, granada, dátiles— para desear un año dulce y abundante. También se toca el shofar, un cuerno de carnero cuyo sonido pretende despertar la conciencia.
No es tanto una fiesta de fuegos artificiales como un momento para revisar lo vivido y plantearse cómo vivir mejor lo que viene.
El Año Nuevo hindú, muchas fechas para un solo país
Hablar de Año Nuevo en la India es hablar en plural. Tras su independencia, el país llegó a tener más de treinta calendarios distintos conviviendo a la vez. Aunque hoy existe un calendario nacional, las celebraciones tradicionales siguen marcando el ritmo cultural.
En muchas regiones, el año nuevo se celebra en primavera, entre marzo y abril. En otras, se vincula a festividades como Diwali, el famoso festival de las luces que tiene lugar en otoño y que, para millones de personas, simboliza un nuevo comienzo.
Luces, velas e incienso sirven para celebrar la victoria del bien sobre el mal y para dar la bienvenida a un nuevo ciclo vital.
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