Este anfibio desafió las reglas de la evolución: hace 237 millones de años consiguió vivir exclusivamente en el mar

Fósil de Gerrothorax maritimus, el primer anfibio completamente marino.

Laura Cuesta

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Los anfibios son criaturas semiacuáticas que viven principalmente en ambientes de agua dulce. De hecho, de las más de 8.000 especies de anfibios modernos registradas por la ciencia, no se conoce ninguna que haya vivido exclusivamente en ambientes marinos, y menos del 2% presenta cierto grado de tolerancia a la sal.

Sin embargo, hace unos 237 millones de años, durante el Triásico Superior o Tardío, un pariente primitivo de las ranas y las salamandras habría logrado superar esa barrera. Un estudio publicado en la revista Nature Ecology & Evolution acaba de describir una nueva especie, Gerrothorax maritimus, que pudo sobrevivir exclusivamente en el océano.

La investigación se ha basado en los restos de dos esqueletos casi completos encontrados en rocas de la actual provincia china de Guizhou. “Esta zona forma parte de un ecosistema que hemos estado estudiando y tratando de reconstruir”, explicó Ryosuke Motani, autor principal del estudio y profesor del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de la UC Davis, en un comunicado.

“Nos hemos dedicado principalmente a estudiar los reptiles marinos y los peces de este lugar, pero ahora también tenemos este anfibio, que es un miembro bastante inusual de su linaje”, añadió. Los fósiles analizados han revelado la existencia de un animal de al menos 73,7 centímetros de longitud, con un cuerpo aplanado y cubierto por placas óseas.

Gracias al excelente estado de conservación de los fósiles, los investigadores han podido reconstruir bastante bien el aspecto que tuvo el animal hace millones de años. Según Motani, se trata de un anfibio grande, similar a la salamandra gigante si tenemos en cuenta su masa corporal, aunque “la diferencia radica en que estas salamandras son alargadas, mientras que este animal es realmente robusto”. 

Vivir en el océano

Los anfibios actuales tienen dificultades para vivir en el mar debido a las características de su piel, que es permeable y permite el intercambio de agua y gases con el entorno. Como explica Motani, esta propiedad “les permite respirar y absorber agua a través de la piel, por lo que dependen en gran medida de ambientes de agua dulce”. Aunque algunas especies, como la rana cangrejera, toleran cierta salinidad, esta capacidad tiene sus límites.

Los investigadores plantean que Gerrothorax maritimus pudo superar estas limitaciones gracias a su armadura ósea y a una biología más parecida a la de los peces. Según esta hipótesis, las placas óseas habrían impedido la absorción de agua a través de su piel, obligando al anfibio a beber agua salada por la boca. “Esto probablemente los preparó para la adaptación marina”, concluye el estudio.

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