Antiguos cráteres o lagunas formadas en calderas extinguidas son parte de esta tierra volcánica en medio de La Mancha
300 edificios volcánicos. 5.000 años de antigüedad. A lo largo y ancho de 5.000 kilómetros cuadrados. Son algunas de las espectaculares cifras que ostenta la comarca de Calatrava, ubicada en la provincia de Ciudad Real, toda una sorpresa formidable para los amantes de la naturaleza, gracias a su variada topografía y a su inigualable impronta volcánica. Este rasgo geológico distintivo, muy poco común en la península ibérica y único en el centro peninsular, dota a sus paisajes ondulados, donde se mezclan llanuras y pequeñas serranías, de una personalidad propia. Este vasto rectángulo de volcanes constituye el corazón de esta histórica comarca manchega que, junto a La Palma y La Garrotxa (Girona), es una de las representaciones mejor conservadas del volcanismo en toda España.
La tierra volcánica de Calatrava es un fenómeno longevo e intermitente, con orígenes asociados a la orogenia Alpina y el ascenso de magmas basálticos. La actividad se inició hace entre ocho y un millón de años, en las edades Terciaria y Cuaternaria. Sin embargo, el fenómeno ha persistido hasta tiempos geológicamente muy recientes, con manifestaciones datadas en 5.000 años de antigüedad, como el volcán de Columba. Aún hoy, el Cerro de la Sima, cerca de la localidad de Valenzuela de Calatrava, sigue siendo un centro de estudio, ya que constituye la única manifestación de fumarolas activas en toda la península, una actividad que incluso fue atestiguada en 1575 d.C., según las relaciones topográficas de Felipe II.
En este territorio se han contabilizado más de 300 edificios volcánicos, entre los que destacan antiguos cráteres o lagunas formadas en calderas extinguidas. Un viajero curioso descubrirá una diversidad de relieves originados por distintos tipos de fenómenos eruptivos: efusivos, explosivos e hidromagmáticos. Los habitantes de la zona han bautizado estas formaciones con nombres populares como “negrizales,” “castillejos,” “morrones,” “cabezos” (apilamientos formados por erupciones estrombolianas) y las cruciales “hoyas” o cráteres. Se trata de un volcanismo intraplaca de origen profundo que genera rocas alcalinas y ultraalcalinas.
El rasgo más impresionante y recurrente, particularmente relevante para la formación de lagunas, es la erupción freatomagmática, un subtipo de erupción hidromagmática. Estas se producen cuando el magma en ascenso entra en contacto directo con agua subterránea (acuíferos locales) o agua superficial, generando explosiones de gran violencia que dan lugar a la formación de grandes depresiones o cráteres de explosión en superficie. A estas depresiones explosivas, capaces de albergar lagunas, se les conoce científicamente como maares.
El gran espectáculo de Calatrava lo conforman precisamente estas lagunas volcánicas. Nacen a partir de las depresiones o cráteres de origen explosivo, conocidas popularmente como “hoyas” o “maares”. Son formaciones singulares y excepcionales, siendo las únicas lagunas volcánicas que se pueden encontrar en Europa Occidental. En años de lluvias excepcionales, como el trienio 2010-2012, estas lagunas renacen, ofreciendo algunos de los paisajes más bellos de toda nuestra geografía. Lagunas como las de Cervera, el Acebuche, la Posadilla, Michos, Peñarroya y la Alberquilla se rodean de floraciones abundantes y altas paredes de origen volcánico y cuarcítico, componiendo una imagen que rompe con el estereotipo que muchos pueden tener de la Mancha. Un ejemplo de su carácter estacional es el Maar del Acebuche, un amplio cráter que en inviernos lluviosos se cubre con una laguna que suele desaparecer durante el verano.
Todo este valioso territorio está integrado en el Geoparque volcanes de Calatrava, con una extensión de 4.383 kilómetros cuadrados, que busca vincular su patrimonio geológico singular con estrategias de desarrollo local. El hilo conductor de la geología de la zona es el volcanismo intermitente, que no solo dio lugar a los maares recientes, sino que también colaboró en la formación de la reserva minera de mercurio de Almadén y protegió las series estratigráficas de carbón en Puertollano, donde se encuentran fósiles excelentemente conservados. De hecho, la zona volcánica de Calatrava es relevante por su variedad composicional y de fenómenos eruptivos. Y es que en este macizo volcánico, declarado Monumento Natural, es posible apreciar perfectamente los elementos volcanoestructurales: cráteres, coladas, anillos de tobas y maares. Destacan también edificios como el Volcán de la Conejera y el de Setecientas, centros estrombolianos que emitieron coladas de nefelinitas o basalto que discurrieron por valles y arroyos.
También fauna y flora
En cuanto a la biodiversidad aérea, el campo de Calatrava es rico en poblaciones de rapaces y otras aves singulares. Más allá de su belleza reconocida, estos espacios albergan un envidiable elenco de especies faunísticas y una flora exclusiva. Como curiosidad, estas aguas estacionales son el hogar de la Tortugueta (Triops cancriformis), uno de los animales vivos más antiguos de la Tierra y cuyo linaje se remonta a 220 millones de años. La fauna silvestre del campo de Calatrava es muy amplia, incluyendo la sorprendente y habitual presencia de nutrias en tramos de los ríos Guadiana, Jabalón y Tirteafuera. La zona esteparia es de vital importancia, encuadrada en la ZEPA de Calatrava, que alberga las mejores poblaciones manchegas de avutardas, sisones y gangas. Sorprende la presencia del elanio azul y la cigüeña negra, y, sobre todo, rapaces espectaculares como el águila imperial, que suele contar aquí con varias parejas nidificantes.
En definitiva, una inmensa riqueza natural y paisajística que hace de esta zona manchega de Ciudad Real un fabuloso conjunto de vida natural. Un entorno que, modelado por fuerzas telúricas, resiste a desaparecer y sigue ofreciendo al visitante la sorpresa de sus conos volcánicos, sus coladas y, sobre todo, sus bellísimos maares y lagunas efímeras. Elementos todos que no dejan indiferente a cualquier agradecido viajero que tenga ganas de ver, comprobar y aprender cómo era esta tierra y cómo han evolucionado sus innumerables y ancestrales huellas volcánicas, un patrimonio natural de incalculable valor.
0