Un barco andalusí del siglo XI hallado en Sevilla hace 45 años se está reconstruyendo ahora con tecnología 3D
Hace 45 años, en pleno centro de Sevilla, se llevó a cabo uno de los hallazgos arqueológicos más singulares de Europa. En 1981, durante los trabajos preliminares del metro en la Plaza Nueva, apareció a unos once metros de profundidad una embarcación de madera de unos siete metros de eslora. Hoy, décadas después, vuelve a ser protagonista gracias a las nuevas tecnologías.
Los restos, conservados durante años en el Museo Arqueológico de Sevilla y actualmente custodiados en el Centro Logístico de Patrimonio Cultural de Andalucía, están siendo objeto de una investigación avanzada basada en fotogrametría y modelado en 3D. Este proyecto, financiado por el Institute of Nautical Archaeology de la Universidad de Texas, busca reconstruir virtualmente la embarcación y comprender mejor su origen y función.
Un rescate “casi milagroso”
El hallazgo de 1981 no fue fruto de una excavación planificada. Tal y como recuerdan desde el Museo Arqueológico, “más que una excavación fue un rescate casi milagroso”. Los especialistas tuvieron apenas unas horas para intervenir entre jornadas de obra, descendiendo al pozo para documentar y extraer los restos antes de que continuaran los trabajos.
Las condiciones eran extremadamente complicadas ya que el pecio se encontraba en el nivel freático, cubierto de limo, lo que dificultaba su recuperación pero, al mismo tiempo, había favorecido su conservación. A pesar de ello, los técnicos lograron extraer alrededor de 400 fragmentos, aproximadamente un 30% de la embarcación original, además de realizar una primera documentación del conjunto.
Entre los restos recuperados se encuentran cuadernas, elementos del casco, posibles remos y piezas metálicas. También apareció un ancla de forma cruciforme, aunque perteneciente a otra embarcación distinta y de cronología anterior, vinculada a tradiciones bizantinas.
Un tesoro único en Europa
El análisis posterior permitió determinar que los restos eran de un barco de origen andalusí y databa de entre finales del siglo X y comienzos del XI. Según el arqueólogo Carlos Cabrera Tejedor, se trataba probablemente de “un barco ligero o de servicio, aproximadamente de siete metros de eslora por dos metros de manga, utilizado para transportar mercancías desde barcos más grandes, anclados en el Guadalquivir”.
El hecho de no haber restos de mástil, y sí de elementos asociados a remos, indica que se trataba de una embarcación de propulsión manual. Además, los estudios actuales apuntan a que fue construida por carpinteros de ribera locales, lo que refuerza su valor como testimonio directo de la actividad fluvial en la Sevilla medieval. La investigadora Marta del Mastro Ochoa, responsable del nuevo estudio, destaca lo especial que es este descubrimiento: “El hallazgo y conservación de la barcaza de la Plaza Nueva es un prodigio de la arqueología sevillana”. De hecho, se trata del único pecio andalusí documentado en la península ibérica y uno de los escasos ejemplos conocidos en el Mediterráneo.
Ahora, el uso de tecnología 3D está permitiendo analizar con mayor precisión las técnicas de construcción y ensamblaje de la embarcación, algo que hace décadas resultaba imposible. Como señala Del Mastro, “es un estudio que podemos hacer ahora porque hace cerca de 50 años alguien se metió en un pozo […] e hizo el esfuerzo de recuperar toda la información que se podía”.
En palabras de la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, estos trabajos son “de gran interés social y patrimonial”, ya que contribuirán a proteger y divulgar un patrimonio único. Un barco que, enterrado durante siglos bajo las calles de Sevilla, sigue revelando secretos sobre la historia de la ciudad.
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