Los censos del Imperio romano reducen el mito: en Hispania, solo un pequeño porcentaje de la población era esclava o liberta

Las personas acababan sometidas tras perder libertad, apoyo familiar o derechos legales

Héctor Farrés

0

El paso a la servidumbre no respondía a un solo camino ni a una decisión aislada. Muchas trayectorias empezaban con una pérdida concreta, ya fuera de libertad, de respaldo familiar o de estatus jurídico, y seguían con una inserción forzada en trabajos duros y repetitivos.

En el Imperio romano, ser esclavo implicaba quedar ligado a otra persona por completo, con tareas asignadas y sin control sobre el propio destino, algo que podía ocurrir tras una guerra, una condena o una venta. Ese encaje cotidiano explica por qué la pregunta sobre cómo se llegaba a esa situación necesita datos y no solo relatos generales.

Los datos biográficos dibujaron perfiles alejados de los tópicos más extremos

Un trabajo firmado por Fernando Blanco Robles y publicado en la revista Lucentum abordó esa falta de cifras con una mirada centrada en Hispania. El estudio calculó que esclavos y libertos sumaban cerca del 9% de la población durante el Alto Imperio, una proporción más baja de lo que repetían muchas visiones que han llegado hasta nuestros tiempos. La investigación se apoyó en fuentes dispersas pero comparables y ofreció un marco numérico para medir el peso real del trabajo servil en la península romana.

El método partió de 230 personas identificadas como esclavas en inscripciones latinas halladas en Hispania. Esa base no cubre a toda la población, pero permite ver pautas claras cuando se contrasta con otros territorios.

Muchas personas llegaron a una situación de dependencia tras encadenar pérdidas personales y sociales

Los hombres aparecen en torno al 64% de los casos, mientras que las mujeres rondan el 36%, una diferencia alineada con labores agrícolas y productivas asignadas sobre todo a varones. La mayoría murió entre los 10 y los 39 años y la caída se acentúa tras los 40, con una esperanza de vida cercana a los 30 años, similar a la de la población libre. Tampoco se detectó una mortalidad infantil fuera de lo común, un dato que rompe con imágenes extremas sobre las condiciones vitales de este grupo.

Otra parte del análisis se centró en cómo se alimentaba ese contingente humano. Durante años se dio por hecho que los vernae, nacidos en hogares serviles, mantenían el sistema. En Hispania solo se documentan unos 120 casos, alrededor del 16% del total estudiado. Esa cifra no basta para sostener el conjunto y obliga a mirar a otras vías.

La llegada de prisioneros de guerra tuvo importancia en época republicana, cuando entre 297 y 167 a. C. se esclavizó a cientos de miles de personas, pero ese flujo perdió fuerza con la estabilidad imperial. A partir de entonces entraron en juego los mercados exteriores, la piratería, las condenas penales, el abandono infantil y algunas ventas voluntarias de ciudadanos empujados por la necesidad.

La comparación con otras épocas ayudó a poner las cifras en su sitio

Al ampliar la escala, el estudio revisó los grandes porcentajes usados para todo el Imperio romano. Las estimaciones tradicionales hablaban de entre un 10% y un 20% de población esclava, con millones concentrados en Italia. Revisiones recientes redujeron esas cifras y situaron el máximo italiano por debajo del 20% en época de Augusto, con un descenso posterior.

Aplicado a Hispania, con una población total estimada en 4,2 millones de habitantes, el margen razonable se mueve entre el 5% y el 10%. Eso equivale a entre 200.000 y 400.000 esclavos, con una franja más probable de 300.000 a 350.000. Si se añaden unos 105.000 libertos, la población dependiente rondaría las 405.000 personas.

La distribución tampoco fue uniforme. En las ciudades se calculan unos 150.000 esclavos, frente a unos 200.000 en áreas rurales, mientras la población libre alcanzaba cifras mucho más altas en ambos espacios. Las zonas del sur y la franja mediterránea concentraron más presencia servil que Lusitania o los conventus del noroeste, menos integrados en los circuitos económicos imperiales.

El trabajo comparó estos datos con la España de finales del siglo XVI, cuando entre 100.000 y 300.000 personas vivían en esclavitud sobre una población de nueve millones. El volumen absoluto era parecido, pero el peso relativo resultaba menor, un contraste que ayuda a situar las cifras romanas sin exageraciones.

Etiquetas
stats