¿Una mejor comunicación entre mamíferos? La ciencia estudia la razón por la que algunos animales se besan 'nariz con nariz'

El conocido como "beso esquimal" es un gesto importante entre animales.

Laura Cuesta

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El beso tradicional, entendido como el contacto labio con labio, ha estado presente desde las primeras civilizaciones, pero este solo se ha documentado en tres especies: humanos, chimpancés y bonobos. En otros animales donde no existe este gesto, ¿qué otro comportamiento cumple una función parecida? ¿El contacto “nariz con nariz” que tantos animales hacen podría ser un equivalente?

Lo cierto es que la ciencia apenas ha estudiado el conocido como “beso de esquimal”, pero un reciente estudio publicado en la revista Evolution and Human Behaviour por la bióloga Sophie Lund Rasmussen acaba de arrojar un poco de luz sobre este gesto que realizan desde erizos y murciélagos hasta cerdos, gatos, castores o ratas, entre muchos otros animales. 

En el texto, la investigadora asociada a la Universidad de Oxford y al Museo Nacional de Historia Natural de Dinamarca sostiene que el beso “nariz con nariz”, pese a parecer un gesto simple, tiene un significado funcional que varía de forma notable en función del sistema social de cada especie. No ocurre lo mismo entre especies solitarias que con mamíferos sociales, según el estudio. 

Diferentes especies hacen este contacto 'nariz con nariz' entre sus miembros.

Del erizo europeo a los murciélagos de cola de ratón mexicanos

Por un lado, el estudio sostiene que en especies solitarias, como es el caso del erizo europeo, el beso de esquimal está relacionado con el olfato, la principal vía para obtener información sobre otros animales. El contacto directo entre las narices facilita la captación de señales químicas muy precisas, que ofrecen información relacionada con la salud, el nivel de estrés y hasta el estado reproductivo del otro. 

La reacción típica del erizo tras este contacto (quedarse inmóvil durante unos segundos, aparentemente “absorto”) sugiere que el animal está procesando una gran cantidad de información sensorial, no intentando establecer un vínculo. Por eso se interpreta como una consecuencia funcional del olfateo, más que como una forma intencional de comunicación social.

En cambio, en mamíferos sociales, el contacto nariz con nariz sí cumple una función comunicativa activa. En especies como los murciélagos de cola de ratón mexicanos y los murciélagos de Bechstein, este comportamiento se utiliza para saludarse, reconocerse individualmente y reforzar la cohesión dentro del grupo. En los cerdos, por ejemplo, se asocia con interacciones cooperativas, menor agresividad e incluso un mejor crecimiento de las crías.

A pesar de las conclusiones extraídas por Lund, la investigadora señala que a día de hoy todavía existen muy pocos estudios que analicen este comportamiento, lo que deja una importante laguna en la compresión de la comunicación no vocal en mamíferos. En este sentido, espera que otros investigadores puedan analizar experimentalmente este comportamiento tan extendido en el mundo animal.

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