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Identificación por las venas: la nueva frontera de los datos personales

Un móvil toma una imagen de las venas del antebrazo de una persona

Carlos del Castillo

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Pasar la palma de la mano por un lector infrarrojo o simplemente sacarse una foto del antebrazo con el móvil. Un programa de inteligencia artificial que compara esa imagen con una base de datos de sujetos y listo: la persona ha sido identificada por la geometría de sus venas. Se trata del reconocimiento vascular, la nueva frontera de la biometría apoyada en algoritmos. Sus partidarios defienden que es un método de identificación mucho más preciso que otros en los que se ha investigado más en los últimos años, como los que usan los rasgos de la cara.

Las venas no cambian a lo largo de los años, no tienen sesgos raciales y es imposible cambiar sus patrones o falsificarlos, ya que estos métodos requieren presión sanguínea.

Sin embargo, sus detractores avisan de que se trata de un método invasivo que puede comprometer aún más la privacidad personal, especialmente la de los grupos vulnerables.

Los dispositivos de reconocimiento vascular están avanzando a pasos agigantados. Investigadoras del Instituto de Microelectrónica de Sevilla (Universidad de Sevilla-CSIC) acaban de presentar un sistema para hacerlo con cualquier móvil de gama media. “Hoy en día, la biometría basada en patrones venosos como rasgo es una técnica prometedora. Los patrones venosos satisfacen los requisitos de universalidad, distintividad, permanencia, rendimiento y protección contra la elusión”, explican en su estudio, publicado en la revista científica Applied Sciences.

Su método toma una imagen de la muñeca del sujeto y aplica un contraste infrarrojo para detectar las venas y los capilares. La hemoglobina presente en la sangre absorbe más luz infrarroja que el resto de tejidos, lo que permite trazar con exactitud el recorrido de los vasos sanguíneos sin tener en cuenta los rasgos cutáneos. Esa geometría de venas y capilares es propia de cada individuo, con lo que un algoritmo especializado puede identificar a cualquier persona partir de esas imágenes.

Con todo, lo novedoso de la investigación española es que presenta una forma de captar esas imágenes de las redes de vasos sanguíneos a bajo coste. Era uno de los dos problemas que tiene la biometría vascular en comparación con el reconocimiento facial o la huella dactilar, ya que los sistemas de captación de las imágenes son caros y complejos.

El segundo reto de esta tecnología es la disponibilidad de imágenes para entrenar a los algoritmos de inteligencia artificial. Para ser fiables, estos sistemas necesitan analizar primero los patrones de las venas de los seres humanos a partir de enormes bases de datos de cómo se dibujan las venas de las personas. Millones de imágenes, a ser posible.

El acceso a ese material de entrenamiento ya ha sido un tema controvertido en otros sistemas biométricos, especialmente el reconocimiento facial. Gran parte de las fotografías de caras que han usado los algoritmos de las principales empresas que disponen de estos servicios se sacaron de Internet sin el permiso de las personas que las subieron. Algunas compañías incluso ofrecen reconocimiento facial de pago comparando la foto suministrada con las imágenes disponibles de forma pública en Internet. ClearView, una de las más famosas, fue multada en 2022 con 20 millones de euros en Francia por este motivo.

Las imágenes de la disposición de los vasos sanguíneos, al contrario que las fotografías de caras, no son tan comunes en la red. El gigante chino Tencent (la segunda multinacional tecnológica del país por detrás de Alibaba) ha tenido varias iniciativas para intentar formar ese banco de imágenes con los que entrenar a su inteligencia artificial. Una de ellas es ofrecer refrescos por un céntimo, siendo ese céntimo la excusa para que sus usuarios registren la estructura vascular de su mano como forma de pago, ha revelado MIT Technology Review.

No es casualidad que la gran tecnológica asiática sea una de las primeras que se ha lanzado a desarrollar biometría vascular. China es uno de los países más avanzados en reconocimiento facial. Es uno de los principales ingredientes del estado de hipervigilancia basado en el crédito social. Un sistema en el que juega un papel muy importante WeChat, propiedad de Tencent. Se trata de una superapp de uso masivo en el país que acumula las funciones de sistema de mensajería, plataforma de pago o red social, y en la que el régimen tiene libre acceso a los datos. El nuevo sistema para pagar con las venas de la mano es un proyecto de WeChat Pay.

China también es una de las más avanzadas en el estudio de la biometría vascular en el contexto académico. “Puedo decirles, muy honestamente, que hemos estado trabajando en el reconocimiento de huellas palmares durante más de 20 años. Ya está listo”, asegura David Zhang, profesor de la Universidad China de Hong Kong. “El reconocimiento de las huellas palmares combina [las ventajas de identificar] el detalle de las huellas dactilares, la textura del iris y la información geométrica de los rostros”, explica. Las investigaciones de su equipo muestran que las tasas de precisión de las identificaciones por las venas de la mano es hasta diez veces mayor que usando huellas dactilares o rostros.

Sin embargo, no todos los usuarios chinos parecen conformes con ceder esos datos a Tencent a cambio de saltarse una cola o tener refrescos gratis. “¿Así que ya han terminado de recopilar todos los demás datos biométricos y pasan a las huellas de la palma de la mano? El iris será lo siguiente, y luego el ADN”, comentaba uno en Douyin, el TikTok chino, en un comentario recogido por la citada revista tecnológica del MIT.

Datos sensibles y sistemas de riesgo

La biometría es un sistema de identificación en auge porque una de las ambiciones de las compañías tecnológicas es dejar atrás las contraseñas. Las claves débiles son mayoría entre los usuarios y uno de los eslabones más sensibles de la cadena de ciberseguridad. Pero se trata de una tecnología que lleva aparejada una traba estructural: si se filtra o hackea una contraseña, se puede configurar una nueva. Pero si se inventa un método para copiar una identificación biométrica, el usuario no puede cambiar su cara o su patrón vascular.

Es por esto que el uso de biometría está controlado a nivel legal en Europa. Por una parte, los datos biométricos “relativos a las características físicas, fisiológicas o conductuales de una persona que permitan o confirmen su identificación” están considerados como “datos sensibles” por el Reglamento General de Protección de Datos de la UE. Esto impide recopilarlos sin el consentimiento expreso del usuario, aunque la norma deja la puerta abierta a que los cuerpos de seguridad o autoridades sanitarias los usen si existe “un interés público esencial”.

Sin embargo, la explosión de la biometría en los últimos años, especialmente del reconocimiento facial, ha hecho que las autoridades comunitarias se planteen tomar más medidas sobre su uso. Este tipo de algoritmos serán declarados “de alto riesgo” en el nuevo Reglamento de Inteligencia Artificial que la UE tiene en el horno. Comisión, Parlamento y Consejo europeos se han mostrado de acuerdo en vetar su uso en “entornos abiertos”, es decir, para la vigilancia de personas al estilo chino. Sin embargo, el texto también vuelve a contemplar la posibilidad de que la policía lo emplee de esta forma ante riesgos concretos de seguridad o en protección de fronteras. Este es uno de los puntos que aún está abierto a debate.

El problema no es la tecnología sino el contexto en el que se aplique

Ana Valdivia profesora de la Universidad de Oxford

Con todo, ninguna de las dos normas menciona de forma específica la biometría vascular. “Es cierto que con estos métodos pasa como con la identificación por huella dactilar, que tienen menos riesgos éticos que sistemas como el reconocimiento facial porque este te lo pueden hacer por la calle sin que te des cuenta”, explica Ana Valdivia, profesora del Internet Institute de la Universidad de Oxford especializada en la intersección entre Inteligencia Artificial, Gobierno y Política. “Pero el problema no es la tecnología, sino el contexto en el que se aplique”, avisa.

Valdivia estudió uno de estos sistemas de identificación que fue implementado para el control de fronteras en el Reino Unido, uno de sus primeros usos en Europa. Su conclusión fue que si la política de aplicación de ese sistema de identificación es discriminatoria, da igual que la tecnología tenga mayor base ética que otras. “Si tú implementas un algoritmo, como en este caso el que lee las venas de la palma de la mano, y fuerzas al migrante a que te dé la palma por un tema de legislación, porque lo que quieres es identificar a esa persona para que no cruce a Francia, da igual que el sistema sea más justo. Si el contexto de aplicación es injusto, todo será injusto”, concluye.

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