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The Guardian en español

La ONU reconoce un “fracaso sistémico” en su respuesta ante la persecución de los rohingya en Myanmar

Refugiados rohingya en el campo de refugiados de Balukhali en el distrito de Cox's Bazar, Bangladesh.

Hannah Ellis-Petersen / Emanuel Stoakes

Un informe de la ONU sobre su comportamiento en Myanmar condena un “obvio desempeño disfuncional” durante la última década y apunta a un “fracaso sistémico”. The Guardian ha tenido acceso al informe antes de su publicación.

El informe fue encargado por el secretario general, António Guterres, tras las acusaciones de que la ONU ignoró las señales de advertencia sobre el aumento de la violencia contra la minoría rohingya de Myanmar.

El informe, redactado por Gert Rosenthal, exministro de Exteriores de Guatemala, concluye que hubo fallos perjudiciales. Entre ellos, competencia entre las diferentes agencias de la ONU, así como una “cultura de desconfianza” entre las relaciones con el Gobierno de Myanmar y las “señales contradictorias procedentes del terreno”. El informe se hará público esta semana.

“Sin duda, el sistema de la ONU cometió errores graves y desperdició oportunidades tras seguir una estrategia fragmentada en lugar de un plan de acción común”, escribe Rosenthal. “La responsabilidad general es de naturaleza colectiva. En otras palabras, se puede caracterizar como un fracaso sistémico de la ONU”, añade.

El ejército de Myanmar lanzó una campaña contra la población rohingya en el estado de Rakhine en agosto de 2017. La ONU ha descrito la violencia empleada como limpieza étnica y posible genocidio. Más de 700.000 rohingya han huido a Bangladesh.

El informe denuncia el impacto dañino de las diferentes estrategias empleadas por las agencias de la ONU, que a menudo competían unas contra otras. La polarización entre la diplomacia silenciosa con el Gobierno de Myanmar y las condenas públicas se intensificaron a medida que empeoraba la situación. “Incluso al nivel más alto de la organización no había una estrategia común”, señala el texto. Como resultado, la ONU resultó “impotente” para luchar de forma efectiva contra la violencia.

“Uno solo puede especular que el entonces secretario general, Ban Ki-Moon no estaba dispuesto o fue incapaz de fijar una posición común entre esas dos perspectivas en pugna”. El informe también indica que hubo episodios en los que se “infravaloraron los hechos en informes preparados por el coordinador residente”.

“Parece ser que el Gobierno y el Ejército de Myanmar tienen una política establecida con los altos cargos de la ONU en la que tratan de influir en a quién se contrata, trabajan con ellos mientras juegan a su juego y luego cortan lazos y piden su expulsión cuando hacen algo que no les gusta”, señala Rosenthal. “La ONU, por supuesto, se rinde a sus demandas y luego vuelve a empezar el ciclo de nuevo”.

Knut Ostby, el coordinador residente actual, dejará el cargo tras la no renovación de su contrato presuntamente como resultado de las presiones del Gobierno de Myanmar.

Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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